Julio Cesar Jasso abrió fuego desde la Pirámide de la Luna en Teotihuacán. Mató a una mujer y dejó heridas a 13 personas. Usó un revólver calibre .38 y entre sus pertenencias las autoridades encontraron 52 cartuchos del mismo calibre. A dos semanas del evento, el origen del arma no se ha hecho público.
En medios de comunicación se destacó el estado mental de Julio Cesar, la falta de presupuesto para implementar medidas de seguridad adecuadas en los sitios turísticos y el aumento de eventos violentos con armas de fuego en escuelas y espacios públicos. (Entre 2000 y 2026, se registraron 143 incidentes con armas de fuego en escuelas, en 35 de estos el arma fue accionada.) Hubo menos atención, sin embargo, a algo más evidente: la alta prevalencia de armas de fuego y violencia en el país.
En 2024, se registraron en México más de 33 mil homicidios, la mayoría involucró un arma de fuego. Todos los días aparecen las armas en noticias: enfrentamientos entre organizaciones criminales, con autoridades de seguridad o asaltos. Armas cortas y largas, automáticas o semiautomáticas, están presentes en nuestras vidas. Convivimos con autoridades fuertemente armadas, hemos sido testigos de robos armados o víctimas directas de asaltos. Hoy, la principal causa de homicidios en México es la agresión con arma de fuego y una parte importante del aumento de los homicidios en años recientes es atribuible a ello. En 2024, por ejemplo, casi 73% de los homicidios se cometieron con arma de fuego. Estas, además, están presentes en otros delitos como secuestros, robos o delitos de extorsión.
La violencia relacionada con armas de fuego en México suele tener un sentido de utilidad. Se usan para robar, asaltar en carreteras o casas, para desafiar a la autoridad o replegar a organizaciones criminales. Quizás por eso llaman más la atención los casos en que son usadas en aulas contra maestros, contra compañeros del colegio o en lugares turísticos como Teotihuacán.
No hay una cifra cierta sobre cuántas armas de fuego ilegales existen en el país. Tampoco se sabe con certeza cuántas ingresan anualmente al territorio nacional. De acuerdo con algunas fuentes, existen entre 13 y 15 millones de armas de fuego ilegales en México y algunos especialistas aseguran que al año ingresan entre 300 y 500 mil armas de manera ilegal. La mayoría (según algunas estimaciones 70%) provienen de Estados Unidos (ya sea del mercado legal o ilegal), principalmente de Texas. Otro tanto proviene de las corporaciones policiales mexicanas que las reportan robadas o extraviadas. De acuerdo con Samuel Storr, “la mayor cantidad de armas fue extraviada por las corporaciones federales, seguida por la Ciudad de México y los estados de Guerrero, Chihuahua y Veracruz.”
Frente a la dimensión del mercado ilegal de armas en el país, no debiera extrañarnos la aparición y aumento de casos en que las armas de fuego se usan en eventos que rebasan la dimensión criminal. Las armas están en la sociedad, al alcance de cualquiera. Un arma ilegal puede comprarse desde 3,000 pesos, aunque el precio depende del modelo y aumenta conforme se aleja de la frontera norte. Reflexionemos sobre el uso en contextos escolares o como el de Teotihuacán, pero no olvidemos en el análisis la disponibilidad que existe y la violencia cotidiana a la que somos expuestos en este país.
Doctora en derecho. @cataperezcorrea
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