En estos días, tal vez las palabras más traídas y llevadas sean soberanía e imperialismo. Cuando cursé historia hace un montonal de años, el concepto de soberanía se anclaba en la tradición francesa. Primero, claro, en Juan Jacobo Rousseau, quien sostiene, palabras más o menos, que en el contrato social se transfiere el poder supremo, la soberanía, del pueblo a su gobierno. Luego, al estudiar la Revolución Francesa se me enseñó que para imponer el poder del monarca sobre los señores feudales se recurrió a la palabra Souveraineté. Así, a la caída del rey Luis XVI, se establecieron estas palabras que irían a parar a numerosas constituciones del mundo: el poder soberano del pueblo es inalienable, indivisible e imprescriptible. Por cierto, en la Revolución Francesa, surgen las palabras Derecha e Izquierda para designar a los moderados y a los jacobinos, vale decir Saint-Just, Marat y Robespierre, el cual, como dice el novelista Alejo Carpentier sólo se quitó la corbata cuando lo guillotinaron.
Cuando Napoleón invade España e impone a José Bonaparte, conocido como Pepe Botellas, el pueblo se levanta por la flagrante violación de su soberanía, el 2 de mayo, hechos que con mano maestra documenta Francisco de Goya, como vimos aquí, en la exposición Los desastres de la guerra.
El 19 de abril en el Foro Palestina Libre del Monumento a la Revolución, participamos Taibo II, Elvira Concheiro, Pável Granados, mi hermana Magdalena y yo para hablar del fascismo y del neofascismo. Ahí, Elvira Concheiro, al definir el imperialismo, precisó que, al decir de Lenin, las empresas del Estado no constituyen monopolios. Esta es una discusión teórica, porque pensadores tan respetables como Alonso Aguilar Monteverde han sostenido en sentido contrario, que en la Unión Soviética existió capitalismo monopolista de Estado. Esta discrepancia ha dado lugar a que algunos intelectuales sostengan que, por el deterioro de la hegemonía de EU, México va a pasar del imperialismo estadounidense al imperialismo chino. Quisiera añadir que Lenin consideró adversarios políticos a los anarquistas y a los jacobinos, lo que no impidió que elogiara en un ensayo la literatura de Tolstoi, aunque señalando sus diferencias políticas.
Murió Xavier Labrada
Cuando me disponía a escribir esta nota, mi amigo Luis Terán me avisa por el celular del fallecimiento de Xavier. A ellos dos les decía siempre que eran los dueños de nuestros sueños, porque Luis por 39 años y Xavier por cuarentaitantos, se ocuparon de la programación fílmica de Televisa. Xavier compraba películas en el Festival de Cannes y Luis en el de Milán. Xavier, además, fue el productor de Netas Divinas con Consuelo Duval, Isabel Lascurain y Yolanda Andrade. Con Silvia Ripstein, fueron productores de El beso de la mujer Araña de Manuel Puig, dirigida por Arturo Ripstein. A Héctor Gómez que interpretaba a Molina, le dije que era mejor Molina que el de la película, pero que yo sólo había visto su puesta en escena y el film. Me reveló que Puig asistía a las representaciones de su obra, e incluso cuando eran producciones de amateurs no les cobraba regalías, pero que tenían que invitarlo al estreno, le había dicho “que era el mejor Molina”. También produjeron, en el teatro Santa Catarina, con alumnos del Colegio de Teatro de la UNAM, El lugar sin límites de José Donoso. Cuando acusaron de reaccionario a Xavier, me pidió que dijera en mi columna del Novedades que “era oreja de esta columna de izquierda”. Luis recuperó la película de mi padre Café Colón con María Félix y Pedro Armendáriz, que se quemó en el incendio de la Cineteca y él localizó la única copia en Cuba.
Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras e integrante del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social (CACEPS) caceps@gmail.com

