Hay investigaciones complejas. Y luego está la investigación sobre la captura de El Mayo Zambada, en la que nuestras autoridades tuvieron detenido al principal testigo de lo ocurrido, lo entregaron a Estados Unidos y ahora quieren que Estados Unidos les explique lo ocurrido.

Tratemos de ordenar este batidillo.

El 25 de julio de 2024, El Mayo apareció en un aeropuerto de Nuevo México dentro de un avión privado, acompañado por Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de El Chapo Guzmán.

Según la versión del propio Zambada, fue engañado para acudir a una reunión con políticos en Sinaloa, sometido por la fuerza y trasladado a una aeronave que lo llevó a Estados Unidos. En otras palabras: uno de los narcotraficantes más poderosos de México habría sido secuestrado en territorio nacional y entregado a las autoridades estadounidenses.

Desde entonces, nuestro gobierno ha exigido saber quién planeó la operación, quién participó en ella y hasta dónde llegó la intervención de las agencias estadounidenses.

La pregunta no es menor. Una cosa es detener a un fugitivo cuando aterriza del otro lado de la frontera. Otra muy diferente es intervenir en su captura, transportarlo fuera del país y ocultar después los detalles de la operación.

La diferencia jurídica, política y diplomática es enorme.

Durante casi dos años, la FGR ha dicho que investiga lo sucedido. La semana pasada presentó nuevos elementos y acusó al entonces embajador Ken Salazar de haber mentido cuando aseguró que Estados Unidos no había participado en la operación.

La Fiscalía también se quejó de que el FBI le proporcionó información parcial o insuficiente y de que sigue sin aclarar quién pilotó la aeronave, qué ruta siguió y cómo se coordinó el traslado.

Todo muy indignante. Excepto por un pequeño detalle.

Múltiples fuentes sostienen que la FGR tuvo detenido al piloto.

Se llama Mauro Alberto “El Jando” Núñez Ojeda y es identificado como operador cercano a Los Chapitos. Después del vuelo fue deportado a México, detenido aquí por otros delitos y recluido en el penal del Altiplano.

Es decir, el hombre que podía explicar quién lo contrató, qué instrucciones recibió, dónde abordaron Zambada y Guzmán, quiénes estaban presentes, qué comunicaciones mantuvo y qué ruta siguió el avión estuvo bajo custodia del Estado mexicano.

No era una fuente anónima. No era un informante remoto. Era el piloto.

Y México lo entregó a Estados Unidos en agosto de 2025.

Ahora la presidenta Sheinbaum dice que la FGR deberá explicar por qué lo entregó.

Qué bueno. También sería útil que explicara qué se hizo con él antes de entregarlo.

¿Lo interrogó formalmente sobre el traslado de El Mayo? ¿Con qué calidad jurídica? ¿Con asistencia ministerial? ¿Se videograbaron las entrevistas? ¿Se contrastaron sus respuestas con los registros existentes y con las versiones de otros involucrados? ¿Se abrió una línea de investigación a partir de sus dichos?

Y, sobre todo: ¿qué declaró?

Teníamos al único hombre conocido que estuvo en la cabina del avión. Lo pusimos en un paquete junto con otros delincuentes y lo mandamos al país al que ahora exigimos que nos cuente qué pasó.

Es como entregar la caja negra después de un accidente aéreo y reclamar, meses más tarde, que nadie nos ha explicado por qué cayó el avión.

De esto se derivan dos hipótesis.

La primera es que la FGR no interrogó suficientemente al piloto antes de entregarlo. Eso sería una negligencia investigativa difícil de justificar.

La segunda es que sí lo interrogó, conoce su versión y no quiere revelarla. Eso sería todavía más grave.

Sin embargo, la discusión pública se ha concentrado en determinar si el exembajador Ken Salazar mintió.

Puede ser importante, pero no es lo principal.

Antes de acusar a Estados Unidos de ocultar información, la fiscalía tendría que explicar qué hizo con la información que tuvo –literalmente– sentada frente a ella.

Porque aquí el problema no es solamente que Washington no quiera hablar.

El problema es que México tuvo al piloto, pudo preguntarle todo y lo dejó ir.

Ahora exige respuestas.

Pero las respuestas también salieron volando.

POSTDATA – Acorde a New York Magazine, el mejor juego del mundial hasta ahora: México vs Inglaterra.

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