Hace unos días salió el Índice de Confianza del Consumidor que hace la Universidad de Míchigan (Consumer Sentiment Index), y trae malas noticias.

La confianza de los consumidores es la más baja desde que se creó el índice (en 1952).

Veamos las cinco cifras más preocupantes:

  1. Solo el 7 por ciento de los estadunidenses espera que haya buenas condiciones para hacer negocios en los siguientes doce meses.
  2. Solo el 7 por ciento de los estadunidenses piensa que las condiciones para hacer negocios hoy son mejores que hace un año.
  3. Solo el 13 por ciento espera que las condiciones para hacer negocios mejoren en el próximo año.
  4. El 65 por ciento de los encuestados espera que el desempleo incremente en los próximos doce meses.
  5. El 71 por ciento de los estadunidenses espera que la inflación incremente en el próximo año.

Desde febrero las expectativas a corto plazo (en lo que respecta a finanzas personales, condiciones para hacer negocios e inflación) estaban empeorando, pero ahora las expectativas a largo plazo también están poniéndose color de hormiga. Los consumidores ya no están comprando la historia de la Casa Blanca, según la cual este mal periodo es pasajero.

Porque estas cifras, desde luego, no se dan de la nada: hace dos meses que EU empezó una guerra con Irán, hace 14 meses que reinició una guerra comercial y 16 meses que empezaron las deportaciones masivas. Incluso sin preguntarle a las personas podemos asegurar que al menos una parte del pesimismo generalizado en la sociedad gringa se debe a estas malas decisiones de política pública. Y cuando vemos los datos confirmamos: el 77 por ciento de los encuestados reprueba las decisiones económicas del gobierno estadunidense (y solo el 11 por ciento dice que el gobierno está haciendo un buen trabajo).

Así que los ciudadanos no solo opinan que el gobierno está haciendo las cosas mal en términos económicos, sino que piensan que es el principal culpable de las malas perspectivas para los siguientes doce meses. En la historia del índice la sociedad gringa nunca había mostrado tanta inconformidad con las acciones del gobierno.

Hay que ponerle mucha atención al contraste entre estas cifras y los datos agregados de EU. Verbigracia, aunque los salarios reales cayeron en marzo y abril (comparados con el mismo mes del año anterior), lo cual apoya la idea de una inflación al alza, en el primer trimestre de este año la economía gringa creció 2 por ciento, que no solo es un gran incremento (frente al 0.5 por ciento que creció en el último trimestre de 2025), sino que apunta a la taza a la que se espera (en promedio) que crezca una economía desarrollada. El desempleo, por otro lado, se mantiene alrededor del cuatro por ciento, lo que llamamos desempleo friccional (es decir, saludable). En otras palabras, el desempeño de la economía de EU no justifica -de ninguna manera- el mínimo histórico que estamos viendo en tantos de estos indicadores de confianza del consumidor.

La teoría de algunos es que este contraste (entre una economía que NO va mal y una sociedad que cree que SÍ va mal) muestra el enojo de los ciudadanos ante problemas que creó el gobierno: un grupo de políticos que decidió dispararse en el pie. Es probable que haya enojo por estas heridas autoinfligidas, como hay enojo también cuando los problemas no son culpa del gobierno: el enojo no depende tanto de quién sea el culpable, sino del hecho (simple y muy sencillo) de que todos queremos ganar un poco más para vivir un poco mejor.

El asunto crucial es que las creencias de las personas no solo son entidades abstractas, sino las directrices de la actividad humana. Las personas no actúan basándose en lo que es, sino en lo que piensan que es. Por eso muchos individuos consideran una afrenta personal cuando alguien se les cierra con el coche, aun cuando la persona que hizo la mala maniobra no tuviera ninguna intención de ofender (lo cual no justifica su carencia de habilidades al frente del volante, dicho sea de paso).

Si las personas piensan que la situación es mala, y que se pondrá peor, el riesgo de que actúen en consecuencia es alto, y entonces tenemos un problema. Los consumidores que creen que estamos en un hoyo reducirán gastos, preferirán ahorrar y meter su dinero en activos que consideran seguros contra la inflación, y menos gasto significa menos ventas para los negocios, es decir menos ingresos, es decir restaurantes, tiendas de ropa y otros negocios que cierran, es decir personas despedidas, sin dinero para llevar a casa, para pagar la renta, es decir, una profecía autocumplida: las personas creen que las cosas están mal, se comportan como si las cosas estuvieran mal y terminan por hacer que las cosas en verdad estén mal. El gobierno de EU tendrá que componer el rumbo si quiere convencer a sus ciudadanos de que, a pesar de sus malas políticas, la economía gringa está bastante mejor de lo que creen.

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