Quien se sigue moviendo, nos platican, es Andy López Beltrán, después de que ayer concluyó su paso como secretario de Organización de Morena para buscar un curul en San Lázaro por Tabasco, tierra del obradorismo.
Don Andy, nos recuerdan, ha exigido no ser llamado Andy porque “su más grande orgullo es llamarse como el mejor presidente que ha tenido México”, y según dice, Andy demerita ese legado.
Nos hacen ver que en favor de Andy, la propaganda oficialista ha desplegado sus medios y canales para desplazar ese mote del imaginario cuatroteísta por unas siglas semejantes a las del expresidente: AMLOB.

Hay que ver si esas siglas le alcanzarán a Andy para ganar su diputación, a lo mejor coordinar la bancada guinda en San Lázaro, lanzarse al gobierno de la Ciudad de México, pues alguna vez se dijo chilango adoptivo. O bien, si ese “my AMLOB” se verá envuelto en polémicas de si puede o no ser detenido por tener fuero. Uno nunca sabe.
Lo que hay detrás del nuevo mote es la necesidad de crear una marca, atada al cordón umbilical de Palenque, nos comentan.