Pobre Andy, tan cansado de que lo llamen Andy y no Andrés Manuel, como su padre. Pobre Andy, quien exhausto de tanto trabajar se fue de vacaciones, sin importar que el partido celebrara su más reciente Consejo Nacional —clave para definir su ruta política hacia 2027—, y que, para mitigar ese cansancio, se fuera de compras a tiendas de lujo en la zona más exclusiva de Japón.
¿Por qué a escondidas, Andy? Porque tuvo que ser un mexicano quien te tomara esas fotos que te muestran tan lejos de lo que pregona Morena. Tan lejos de la conducta con la que tu padre ordenaba que se condujeran sus miembros. Tan lejos de los constantes llamados de atención que, actualmente, siguen surgiendo desde Palacio Nacional.
Debe ser muy cansado ser hijo del líder que exigió a todos vivir en la justa medianía —y, en un punto, hasta en la “pobreza franciscana”—, cuando a ti sí te gusta viajar, incluso anteponiendo tus responsabilidades.
La realidad es que López Obrador estorbaba a varios que tenían sueños más allá de las fronteras mexicanas. Tal vez incluso a su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, quien vivirá en España —o, si no, ¿por qué habría solicitado la nacionalidad?—.
Hoy día, pese a las promesas que hicieron en campaña, varios morenistas han dado rienda suelta a sus más acariciados anhelos: viajar a todo lujo y comprar relojes y joyas con las que el mexicano de a pie solo podría soñar. Porque, al parecer, la austeridad es solo para los otros, no para los herederos de quien ya descansa plácidamente en su quinta.
Así, mientras a los ciudadanos se les pide aceptar la justa medianía, la élite morenista se da el lujo —literal— de vivir como aquellos a quienes tanto criticaron, bajo el argumento falaz de que “no son iguales”.
La austeridad fue una bandera política, una fachada moral. Y hoy, ya sin el liderazgo del fundador de su movimiento, muchos muestran su verdadero rostro.
La doble moral se ha convertido en el sello de la casa para varios en la autodenominada Cuarta Transformación. Cuando López Obrador era el centro de gravedad, muchos fingían disciplina. Hoy, con el poder ya repartido, se sienten liberados.
Porque, en la 4T, la consigna no es “no robar, no mentir, no traicionar”. La consigna real parece ser: “Hágase la austeridad… pero en los bueyes de mi compadre”.
@azucenau
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