Me cuesta plasmar en esta columna los sentimientos que me provoca, como ciudadana, la reacción de los liderazgos del Partido Acción Nacional frente a la embestida contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. La oposición difícilmente tendrá una mejor oportunidad que esta —a menos que el futuro depare una sorpresa— para posicionarse frente a la avalancha morenista. Para ser ese contrapeso que conecte con la ciudadanía frente a un movimiento repleto de señalamientos de corrupción, sospechas de vínculos con el narcotráfico, impunidad y una evidente ineficiencia de muchos de sus gobiernos.
¿Qué está fallando? ¿Son las personalidades? ¿La falta de experiencia en las calles? ¿El origen empresarial de muchos de sus perfiles? ¿La incapacidad de entender el enojo social? ¿O simplemente no saben emocionar? ¡Porque no emocionan!
El respaldo a Maru Campos ayer en la Fiscalía General de la República estuvo lejos de ser multitudinario. Desde distintos ángulos se pudo ver incluso más asistencia de la prensa que de militantes. Más allá del discurso, el cual han ido moldeando con adjetivos más directos, pero igual de conservadores, no se sintió una defensa sólida, orgánica o encendida. Y eso debería preocuparles muchísimo más de lo que aparentan entender. El autoengaño no hace ganar elecciones.
Más aún cuando comienzan a aparecer señales de desgaste para Morena y para la presidenta Claudia Sheinbaum. La más reciente encuesta de Enkoll refleja una caída de 15 puntos porcentuales en aprobación en solo un año. Sí, su respaldo sigue siendo alto (68 por ciento), pero buena parte de esa calificación continúa sostenida por los programas sociales.
Además, según la misma encuesta, el porcentaje de ciudadanos que hoy votarían por Morena para integrar la Cámara de Diputados descendió 11 puntos. Pero ¿quién está capitalizando esas simpatías perdidas? Definitivamente, no es la oposición.
Pierden ellos sí, pero en realidad perdemos todos, pues un país sin una resistencia política fuerte, respaldada, congruente y capaz de despertar entusiasmo ciudadano, las elecciones dejan de ser una competencia y se vuelven una simple, triste y peligrosa simulación.
Veremos qué pasa el fin de semana en la manifestación de Chihuahua.
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