Una sangría cultural y creativa

Arturo Sarukhán

Algunas regiones y zonas metropolitanas del mundo parecían estar emergiendo hace un par de meses del largo túnel de la pandemia de Covid, hasta que la variante Ómicron emboscó el retorno a ciertos visos de normalidad social y económica. Con el acelerado repunte de casos de contagio y de fallecimientos causados por la nueva variante del coronavirus en distintas latitudes del mundo, la profunda dislocación que hemos vivido podría alargarse aún más, con nuevos cierres de la economía, de fronteras y la reinstauración de medidas de control epidemiológico y sociales. De ser este el caso, el invierno que está comenzando podría ser poco halagüeño -es más, amenaza con ser devastador- para un sector de nuestras economías del cual se ha hablado y escrito relativamente poco: las industrias culturales y creativas.

Se han derramado ríos de tinta sobre el efecto de la pandemia en la economía global y las cadenas de suministro, para sectores y trabajadores esenciales y la manera en la cual la llamada “gran renuncia” -la decisión de millones de empleados y trabajadores de abandonar sus puestos y actividades de trabajo- está afectando a economías industrializadas con patrones de dislocación laboral profunda y de largo impacto. Pero el saldo de la pandemia se ha sentido especialmente en actividades como el teatro, la música en vivo, las muestras y ferias del libro y de arte, así como en festivales, cines y museos. En todo el mundo, los artistas, creadores y trabajadores de la cultura se han visto profundamente afectados por los encierros y las medidas de distanciamiento físico, lo que ha agravado las ya precarias condiciones de muchas de estas actividades y de muchos de sus talentos y trabajadores.

El alcance total y la escala del impacto pueden ser difíciles de discernir, en parte debido al tamaño y la diversidad de las industrias y ocupaciones que constituyen el arte, la cultura y la creatividad. Sin embargo, estudios recientes que he estado rastreando -de la OCDE, el BID, la Unión Europea y la Fundación Rockefeller- apuntan a que la escala proyectada de disrupción global e impacto económico de la pandemia sobre aquellas es brutal. Estos estudios arrojan estimaciones creíbles del impacto económico que la pandemia ha generado para estas industrias en cerca de 20 economías de renta media y alta, y que en su conjunto representan el 61% de la economía mundial. Se estima que de 2020 a 2021 se ha experimentado una contracción general de $850 mil millones de dólares del valor agregado bruto de las industrias culturales y creativas a nivel mundial, lo que representa un retroceso dramático en la capacidad de estas industrias para ser impulsoras de dinámicas culturales, económicas y sociales clave para la sostenibilidad y desarrollo de muchas naciones y zonas urbanas. Las pérdidas de ingresos en las industrias culturales y creativas a nivel mundial en 2020 también han sido particularmente significativas, y oscilan aproximadamente entre el 20 y el 40 por ciento en diferentes países. Esta contracción, a su vez, provocó una grave alteración del empleo mundial. Se registraron pérdidas masivas de puestos de trabajo en industrias culturales y creativas estimadas en más de 10 millones, lo que afectó profundamente el modo de vida de los trabajadores creativos. Solo en Estados Unidos, se estiman pérdidas de 2.7 millones de empleos y más de $160 mil millones en ventas de bienes y servicios para industrias creativas en todo el país, lo que representa casi un tercio de todos los empleos en esas industrias y el 9% de las ventas anuales totales. Las industrias creativas que apuntalan las bellas artes y artes escénicas han sido las más afectadas, sufriendo pérdidas estimadas de casi 1.4 millones de empleos y $43 mil millones en ventas. Estas representan el 50% de todos los trabajos en esas industrias y más de una cuarta parte de todas las ventas perdidas en el país. Económicamente, las artes y la cultura contribuyen con el 4.5% del PIB de EE.UU, una cantidad mayor que la participación y el peso de industrias tan diversas como la construcción, la agricultura y el transporte en la economía estadounidense. Todos estos datos demuestran la imperiosa necesidad de defender y reforzar los derechos sociales y económicos de los artistas y profesionales de la cultura en todo el mundo.

Y México, que es una superpotencia cultural global, no es ni debiera ser la excepción. A un sector ya de por sí diezmado por los recortes presupuestales y el ninguneo del actual gobierno, así como por las restricciones económicas -incluyendo la embestida gubernamental a fideicomisos público-privados- que enfrentan fundaciones y filantropía de empresas que apoyan y patrocinan al arte y la cultura, la pandemia le ha pasado -y le sigue pasando, sobre todo si la ola expansiva del Ómicron genera nuevos cierres de actividades- una onerosa factura a nuestros artistas, creadores y los millones de empleos que directa o indirectamente dependen de ellos.

Las tímidas medidas provisionales o la política de curitas presupuestales no repararán el daño a las industrias creativas y culturales experimentado a lo largo de estos casi dos años. Se requiere de una estrategia de rescate y recuperación integral de la economía creativa nacional, sustancial y sostenida. El arte, la cultura y la creatividad son uno de los tres sectores clave (junto con la ciencia y tecnología, el sector servicios y la gestión empresarial) que impulsan a las economías regionales. Esta estrategia debe ser de abajo hacia arriba, pero apoyada en todos los ámbitos y anclada y dirigida por asociaciones público-privadas locales entre gobiernos municipales, organizaciones artísticas, culturales y de desarrollo económico y grupos comunitarios y filantrópicos y el sector privado, con el apoyo de los niveles federal y estatal de gobierno, la gran filantropía nacional y las grandes corporaciones. Además del apoyo financiero, también se requiere apoyo técnico (especialmente para instituciones e instancias más pequeñas) sobre cómo cumplir con los requisitos de salud y seguridad, y también cómo adaptar sus modelos comerciales a la luz de un período prolongado de restricciones en las presentaciones en vivo. Con una demanda reducida de grandes eventos culturales como resultado del distanciamiento social, existe una oportunidad para que las comunidades cambien a una cultura de origen local. Las comunidades pueden desarrollar estrategias para contratar creativos locales y crear portales y plataformas en línea que permitan a los residentes y empresas contratar artistas, músicos e intérpretes locales para eventos locales de menor escala. Y la pandemia también ha encerrado oportunidades para el sector que deben capitalizarse. La aceleración de la transformación digital en las industrias culturales y creativas es otra tendencia clara que ha surgido de la crisis. Tanto el público como los profesionales de la cultura están utilizando las tecnologías digitales de nuevas formas, lo que ha provocado la aparición de patrones innovadores de producción, distribución y consumo digitales.

Cualquier daño duradero al sector creativo socavará drásticamente nuestra cultura, bienestar y calidad de vida. Las artes son parte integral del bienestar social, cívico y económico y la vitalidad de toda nación. Si las tendencias actuales de paulatina reapertura de cines, teatros, museos o salas de concierto no continúan e incluso experimentan un paso hacia atrás, entonces la pérdida de producción artística y creativa de México puede resultar incalculable. Las soluciones para sostener el sector de las artes y la cultura en 2022 seguirán dependiendo de soluciones ágiles y creativas que aprovechen todo lo que las organizaciones artísticas, el gobierno, el sector privado, las fundaciones y el público puedan desplegar durante un momento de necesidad urgente.

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