En los últimos meses se ha instalado una narrativa optimista alrededor del Mundial de 2026. Se habla de inversión, turismo y crecimiento económico, y con razón: el torneo aportará 2,730 millones de dólares en valor agregado, equivalente al 0.14% del PIB nacional, y generará 112,200 empleos temporales en México, principalmente en industrias como gastronomía, hospitalidad y transporte de acuerdo con estimaciones de Deloitte. Sin embargo, desde una perspectiva empresarial, conviene hacer una lectura más precisa: los grandes eventos no necesariamente detonan crecimiento por sí mismos, pero sí ponen a prueba la capacidad de las empresas para sostener su operación en momentos de alta demanda.
El evento deportivo que entre sus sedes tendrá a México, no será la excepción. Más que un punto de inflexión económico, será una prueba de liquidez.
Preparar un evento de esta magnitud implica un ciclo exigente. De forma previa, las empresas invierten en infraestructura, equipo y capacidad operativa. Durante el evento, enfrentan un incremento en la demanda que requiere eficiencia y continuidad. Después del auge, muchas deberán recuperar flujo, ordenar balances y mantener estabilidad.
Ahí es donde surge la mayor presión. Hoy, el financiamiento especializado ya está posicionado en los sectores donde esta dinámica será más evidente. Al cierre de 2025, la cartera de los miembros de la AMSOFAC alcanzó 311 mil millones de pesos. Dentro de esta cartera, el transporte concentra 36.6%, consolidándose como el principal destino del financiamiento.
Esto no es casualidad. La movilidad y la logística son de los principales ejes operativos para un evento como este. Sin embargo, el reto en un contexto de alta demanda no está solo en financiar el crecimiento, sino en sostenerlo, por lo que instrumentos como el arrendamiento o el factoraje se vuelven realmente estratégicos.
El impacto del Mundial no termina con el evento. Tras su conclusión, es probable que se observe una desaceleración en el gasto asociado, generando presión adicional sobre empresas que deberán enfrentar cuentas por cobrar, activos recientes y menor dinamismo. Ahí, nuevamente, la liquidez es central.
Esta coyuntura puede ser una buena oportunidad de reflexión para las empresas sobre la liquidez con la que cuentan y los pasos que tienen que dar para adaptarse a distintos picos de demanda o incluso generarla a largo plazo con un financiamiento sostenible.
El Mundial será una vitrina para el país, pero también trae consigo una prueba interna: qué tan preparados estamos para convertir demanda en operación y operación en resultados sostenibles. El crecimiento no se construye con expectativas, sino con la capacidad financiera para sostenerlo.
Vicepresidente de AMSOFAC (Asociación Mexicana de Sociedades Financieras de Arrendamiento, Crédito y Factoraje)

