VP/Co-Director de Inversiones en Franklin Templeton México

A varios días del recorte que Moody’s hizo a la calificación soberana del país, dejándola a un escalón de los infames “bonos basura”, la mayoría de los analistas han pasado por las distintas etapas del duelo, empezando por el shock inicial, pasando por la ira, la negociación y la depresión. Sin embargo, ya es hora de aceptar nuestra realidad y empezar a analizar las opciones que tiene el gobierno para evitar, lo que algunos afirman, será el regreso de México al mundo de los bonos especulativos.

Hay que recordar que las calificadoras, en su sentido más simplista, buscan contestar ¿qué tan fuerte es la voluntad y la capacidad de una entidad de repagar sus deudas? Para México, hoy por hoy, la voluntad no está a discusión, por lo que todo se reduce a la capacidad de repagar deudas. Obviamente, entre más endeudado se encuentre una entidad, menor será su capacidad pago.

Ahora bien, dejando de lado las variables políticas e institucionales, en la parte más dura del análisis soberano hay dos factores principales: el crecimiento y el déficit. Si la economía crece, la recaudación sube, la razón deuda/PIB mejora y la capacidad de repagar la deuda aumenta. Por otro lado, si el déficit disminuye, el endeudamiento crece a un menor ritmo y la razón deuda/PIB también mejora. Lo ideal sería tener ambos efectos, aunque en la práctica rara vez sucede.

A estas alturas de la administración actual, la primera apuesta del gobierno no será meterle tijera al gasto, y por consiguiente al déficit. No. La apuesta natural será convencer a las calificadoras de que México puede crecer más a través de las distintas iteraciones del Plan México: 2024 fue la narrativa; enero de 2025 fue la estrategia industrial; abril de 2025 fue la respuesta proteccionista/arancelaria; 2025 cerró con territorialización e inversión; 2026 se concentró en infraestructura y desburocratización. ¡El problema es que no termina de despegar! A mi parecer, aún le falta un par de iteraciones más para que empiece a hacer sentido a los inversionistas: ¡Todavía no terminan de endulzarles el oído!

Si eso ocurre, México podría evitar nuevas rebajas sin un ajuste fiscal traumático. El mensaje sería claro: sí, hay presión en la deuda; sí, el déficit sigue alto; sí, Pemex continúa siendo una piedra en el zapato. Pero el país tiene crecimiento suficiente para absorber esos problemas sin perder el grado de inversión. Ese sería el mejor escenario. No perfecto, pero sí suficiente.

El segundo escenario es menos cómodo. Si el crecimiento no llega, Hacienda tendrá que hacer lo que hoy probablemente quiere evitar: recortar el déficit y el gasto. Eso significa revisar programas sociales, gasto corriente, apoyos a empresas del Estado, eficiencia tributaria y calidad de la inversión pública. No necesariamente implica una gran reforma fiscal, pero sí una consolidación más creíble que la que nos han estado vendiendo desde 2024.

Ahí está el dilema. México puede evitar más recortes de calificación, pero no puede hacerlo sólo con narrativa. Primero intentará crecer, pero si el crecimiento prometido por el Plan México no aparece, el margen se cerrará rápido. La pregunta entonces ya no será si el gobierno quiere ajustar el gasto o no, sino de qué magnitud será el ajuste, y si será suficiente para salvarnos del abismo.

Matemático. CFA. Divulgador financiero. Vicepresidente y Director de Inversiones para Franklin Templeton México.

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