Vacunas y ética

Arnoldo Kraus

Es una pena: las utopías tienden a desaparecer. Creer más allá de la realidad, pensar más allá del día y mirar hacia delante cuando las amenazas de un mundo enfermo retan y preguntan es necesario y saludable. Necesario: ¿Puede aumentar más la descomposición de la Tierra y de la humanidad? Saludable: Aceptar el status quo sepulta esperanzas, aplasta utopías.

No debería ser utópico no morir por enfermedades tratables o con posibilidades de ser controladas —paludismo, tuberculosis, neumonías y diarreas en infantes—. No debería serlo, pero lo es. Demasiadas personas fallecen por esas y otras patologías tratables en Occidente, no sólo en países pobres. Las medicinas, por su precio, incluyendo algunas vacunas, cuando el lugar donde se nace, como sucede en México, cuyos sistemas de salud no protegen a los ciudadanos pobres, revitalizan la idea de la isla imaginaria —Utopía— de Tomas Moro donde, de acuerdo a sus ideas, debería reinar un sistema político, social y legal perfecto.

Atrapados por la pandemia, las esperanzas sobre la vacuna contra el virus SARS-CoV-2 son inmensas. Cuando se anuncie la aprobación de la(s) primeras(s) vacunas, los retos éticos serán complejos. Excluyo la vacuna Putin cuyo proceso de investigación no ha sido publicado en revistas científicas.

El embrollo ético planteado por la pandemia es inmenso. En la historia reciente de la humanidad ningún avatar médico ha ocupado tanto espacio en los medios de comunicación y tanto tiempo en las mentes de la humanidad como la pandemia SARS-CoV-2. Su poder mortífero ha generado muchas ilusiones en la creación de medicamentos y vacunas. En un mundo tan desigual, la posible inmunización de sus habitantes, ayudará y causará problemas si la vacuna no se aplica “en todo” el mundo.

En Dilemas éticos sobre la distribución y aplicación de la vacuna de Covid-19 (Crónica, agosto 12, 2020) Ricardo Tapia, investigador emérito de la UNAM, tras elucubrar sobre la ética del manejo de las vacunas, pregunta: “¿Debe ser obligatoria la aplicación de la vacuna?, ¿Se pueden establecer prioridades para la distribución?”, a las cuales agrego, “¿Se responsabilizarán los Estados de proveer la vacuna en forma gratuita a las poblaciones pobres/vulnerables?, “¿qué hacer con los grupos fanáticos religiosos opuestos a su uso?”.

Las cuestiones previas no admiten, como suelen ser los dilemas éticos, respuestas únicas. Los argumentos lógicos para unos, no siempre son lógicos para otros. Principios éticos como autonomía entran en juego. De acuerdo a la ética kantiana las normas morales le son impuestas al ser humano por su propia razón y no por instancias externas a él, lo cual, desde mi perspectiva, debe evitar daños a otra persona. Ejemplo: ¿tiene derecho el ser humano a suicidarse? De acuerdo al principio de la autonomía, sí; si se considera el posible daño a otras personas, no. ¿Debe ser obligatorio vacunar? Imposible concluir; necesario debatir.

El problema se multiplica si se escuchan las voces de quienes no creen en la existencia del virus, las de los fanáticos religiosos musulmanes, judíos y católicos que instan a sus seguidores a no utilizarlas pues, aseguran, producen esterilidad, son invenciones del malévolo Occidente y provienen de células humanas. Lamentablemente no existe, ni existirá, vacuna para vacunar las sinrazones de fanáticos.

Establecer prioridades para la aplicación de la vacuna será arduo. Comparto unas ideas. Los pobres deberían ser los primeros —no tienen cómo cuidarse, contagian más—; la edad no debería ser criterio: todas las vidas valen lo mismo; el personal médico y paramédico debe tener prioridad; los trabajadores migrantes y quienes viajan por motivos académicos o laborales deben recibir “pronto” la vacuna. Agrego: Los Estados deberían tener la obligación de vacunar a sus connacionales.

Al inicio cavilé sobre las utopías. Covid-19 ha impuesto muchos retos: numerosas diatribas éticas aguardan respuestas y reclaman respuestas. Las sinrazones de numerosos políticos son lamentables. Aunque la República Utopía nunca existirá es necesario exigirle a los políticos explicaciones sobre sus torpezas.
 

Médico y escritor

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