Ricardo Tapia, In memoriam: Ser humano pleno, comprometido, maestro.

Nunca finalizarán las discusiones acerca de los vínculos entre ficción y realidad. Franz Kafka, Ray Bradbury, Úrsula K. Le Guin, H.G. Wells y Arthur C. Clarke, entre otros, no acaban de fallecer. Sus ideas y legados perviven. Mucho sabían de la vida. De ahí su capacidad para escribir ficción y el asombro del lector: ¿vaticinaron sus elucubraciones de la realidad a partir de la ficción o escribieron ficción a partir de los trompicones de la realidad? Avanzado el siglo XXI no es sencillo dirimir si el orden de los factores altera o no el producto: ¿la ficción alimenta a la realidad o viceversa? La mejor respuesta, Ockham dixit, es la más sencilla: ambas se retroalimentan.

Figura ilustre, perteneciente a la camada previa, fue Isaac Asimov (1920-1992). A él se deben las Tres leyes de la robótica, conjunto de principios que se aplican a los robots de sus novelas, los cuales están diseñados para cumplir órdenes. Asimov habló sobre ellas en el relato Círculo vicioso (1942). Primera ley: Un robot no puede dañar a un ser humano, ni por inacción permitir que un ser humano sufra daño. Segunda ley: Un robot debe cumplir las órdenes de los seres humanos, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley. Tercera ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que ello no entre en conflicto con la Primera o Segunda ley.

Tras discutir, pasados los años con sus robots, atento a la cruda realidad —Círculo vicioso se publicó durante la Segunda Guerra Mundial— Asimov consideró prudente añadir una nueva ley, la Ley Cero: Un robot no puede dañar a la humanidad por inacción o permitir que la humanidad sufra daños. La Ley Cero expande la primera: se refiere a la humanidad. Especulo y pregunto: ¿utilizó el número cero con la finalidad de colocarla al inicio de las Tres leyes de la robótica o bien, para recurrir a ella entre una y otra, al final, o cada vez que los robots, influidos por seres humanos contravinieran las leyes previas?

Las primeras referencias sobre la inteligencia artificial aparecieron pocos años después de las tres leyes; algunos citan su inicio en 1950 y otros en 1956. Asimov se adelantó: sus postulados expresan el posible poder, ya sea en beneficio o en perjuicio de la humanidad. Las ideas de Asimov deben leerse a la luz de su cercanía con la ciencia: fue profesor de bioquímica en Boston y escribió textos sobre ciencia: Guide to Science, y, entre otros, Understanding Physics. A los lectores de ciencia ficción les encantaría conocer sus percepciones acerca de la inteligencia artificial, disciplina in crescendo, así como sus ideas acerca de la ética de la inteligencia artificial.

Baste por ahora recordar las preocupaciones de Stephen Hawking, quien alertó sobre el riesgo para nuestra especie del avance en inteligencia artificial por compañías privadas sin control ni supervisión, así como las advertencias de algunos eticistas por el futuro de los empleos, del desplazamiento de algunos seres humanos hasta convertirlos en piezas desechables y las preocupaciones acerca de los robots: no se cansan, no se enferman, no cobran y son más baratos y productivos que los seres humanos. Y ¿qué decir del incremento en la brecha económica entre quiénes pueden acceder a los beneficios de la imteligencia artificial y quiénes no?

Vivimos en un mundo post kafkiano y post asimoviano. Sus ficciones/realidades nos han rebasado. ¿Serán los robots y los productos de la inteligencia artificial nuestros aliados o nuestros enemigos? ¿Deben reescribirse las Tres leyes? Se agotó el espacio, no los dilemas. Regreso a ellos en una semana.


Médico y escritor

Google News

TEMAS RELACIONADOS