Chicago, Illinois. – Los estadounidenses piensan que los dos candidatos, Joe Biden y Donald Trump, son muy viejos y que no deberían competir por la presidencia. Una encuesta citada por Reuters indica que 70 por ciento de los votantes creen que el actual mandatario no debería buscar la reelección, mientras que el 56 por ciento se siente igual sobre Trump. No obstante, la realidad es que ellos son las opciones que tenemos.

La narrativa republicana que advierte sobre la falta de pericia mental del actual presidente se estrelló con un Biden combativo durante su mensaje anual sobre el estado de la Unión. El mandatario tuvo un tono crítico e irónico ante las posturas de la oposición, fue ocurrente, provocador y se refirió a su rival una docena de veces describiendo sus aterradoras ideas.

El ambiente bélico del presidente prendió los ánimos en el recinto legislativo al grado de que los demócratas hicieron el cántico típico de un evento político en un marco usualmente institucional: “cuatro años más, cuatro años más.”

De poder mantener esa energía en eventos clave como los debates y otras apariciones con alto escrutinio, es claro que Biden será un fuerte rival si es capaz de motivar a sus simpatizantes a que salgan a votar, que será el factor decisivo.

El presidente asegura que la democracia está en juego en esta elección. Tiene razón, pero la gente se preocupa más por su cartera y poder adquisitivo que por ideas altas que, incorrectamente, no relacionan con su calidad de vida. Sin embargo, fue relevante recordar que, como dijo Biden: “no se puede amar a tu país solo cuando ganas (ahí te hablan, AMLO)”.

Volviendo a la importancia del desempeño de la economía, es afortunado que la inflación siga bajando y que la actividad macroeconómica y el empleo sean fuertes. El reto es desarrollar un mensaje que resuene entre los votantes de clase trabajadora. Entender que aunque hay problemas, el rumbo de la nación no es el desastre que venden los opositores.

En los temas que importan a México como la migración y la cooperación regional para la prosperidad, podemos esperar que ambos políticos aprieten al vecino del sur para contener los flujos migratorios.

Estados Unidos sí debe cambiar las reglas de asilo para desincentivar los arribos masivos de inmigrantes. En vista de que el proceso actual permite la entrada de todo solicitante y que su caso puede tardar años en ser atendido, existe una motivación para entrar por la puerta, pedir asistencia, y documentos para trabajar mientras se decide cada caso.

Reformar el sistema debe y puede dar prioridad a los refugiados que más necesidad tengan con un trámite expedito. Ante esa realidad, países de tránsito como México experimentarán menos presión migratoria.

La competencia por estos lares significa que los mexicanos pueden lidiar con un gobierno americano que negocia en privado y expone sus condiciones, pero al final con quien se puede acordar, o ser blanco de improperios y abusos del hombre naranja quien aplasta a quien y lo que sea si le reditúa políticamente.

En cualquier caso, México debe cumplir con sus compromisos internacionales como la reducción de emisiones en los procesos industriales de su actividad productiva y energética. Observar estas responsabilidades es clave para que el país mantenga el trato preferencial que lo hace el primer socio comercial de la economía más grande del mundo. No olviden que cerca del 50 por ciento del PIB de México depende directa o indirectamente de su relación con el vecino del norte (comercio, remesas, turismo). Y como dicen en este país, “you don’t shit where you eat”.

Periodista

@ARLOpinion

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