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31/05/2020
01:33
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Chicago, Illinois. - Estados Unidos está en llamas. Miles de personas han salido a las calles a protestar el asesinato de George Floyd, un hombre afroamericano, a manos de un policía blanco de Minneapolis. Floyd fue arrestado por presuntamente usar un billete falso, delito por el que el oficial presionó su rodilla sobre el cuerpo de Floyd tendido en el piso. El incidente fue grabado y registró los lamentos del detenido: “no puedo respirar”. Los espectadores exigían detener el sometimiento. Después de aplastar el cuello de Floyd por más de 8 minutos, 2 de los cuales estuvo inconsciente, fue llevado en una ambulancia a un hospital, pero murió en el trayecto.

La reacción de la ciudad de Minneapolis fue despedir a los oficiales involucrados. Las comunidades negras, hartas de ser blanco del abuso de autoridad, salieron a las calles. Disturbios, saqueos, incendios y marchas exigen justicia. Luego de la presión social, se presentaron cargos de asesinato al expolicía y fue arrestado.

Este país que se supone es una tierra de leyes, en realidad, imparte la justicia dependiendo del color de la piel de los implicados y con base en su perfil socioeconómico. Casi al mismo tiempo, Christian Cooper, un afroamericano que observaba aves en Central Park, en Nueva York, le pidió a Amy Cooper, una mujer blanca, que sujetara a su perro con la correa en un área donde es un requisito. Christian grabó con su celular la reacción de Amy.

La mujer exigió que la dejara de grabar, amenazó y luego llamó a la policía diciendo falsamente que un hombre afroamericano estaba amenazando su vida y la de su mascota, cerrando la actuación con un grito desesperado: “por favor manden a los policías”. Cooper, la blanca, usó los términos, afroamericano y amenaza, como armas que ponían en desventaja al hombre ante la posible intervención de los uniformados. A pesar de ser ella quien violentó las normas, usó lo que aquí se conoce como “privilegio de ser blanco” (white privilege) para dar credibilidad a sus falsedades.

Aquí en Chicago, la noche de Acción de Gracias de 2007 marcaría el fin de las vidas de dos jóvenes hispanos, Erik Lagunas y Miguel Flores. Ambos murieron cuando un policía blanco fuera de servicio impactó a gran velocidad el vehículo en que viajaban los chicos. Las autoridades, otros policías, no hicieron un examen toxicológico oportuno al causante del accidente.

Dos jóvenes latinos fueron aniquilados por un policía que estuvo tomando en un bar minutos antes de manejar e impactar el auto de Lagunas y Flores. No obstante, un juez dejó libre al canalla. 12 años han pasado, y las familias siguen esperando justicia. Si bien mencionó casos específicos para probar un argumento, es claro que cuando se viene a niveles de encarcelamiento, abusos al consumidor y discriminación, los latinos y los negros nos llevamos la peor parte.

Tengo agradecimiento a Estados Unidos por las oportunidades que he recibido, sé que es una nación fundada en valores de libertad y justicia. Pero el país real en que hoy vivimos ha normalizado el abuso donde se actúa con crueldad en contra del vulnerable. El himno de Estados Unidos dice en su estrofa final que ésta es “la tierra de quienes son libres y valientes”. Con dolor y pena digo, eso ya no es cierto. Pues este lugar está lleno de cobardes y abusadores que cuando ven que sus fechorías fueron registradas lloran, se victimizan y, contra toda la evidencia, se dicen inocentes. No hay empatía con las víctimas, compasión y mucho menos justicia. Esta es una nación donde impera la fuerza del abusador quien esconde detrás de su tozudez la fragilidad de su cobardía y su miseria.

NOTA: Evito incluir los nombres de los agresores pues, en mi perspectiva, no merecen ser mencionados ni mucho menos recordados.

Periodista.
@ARLOpinion