Chicago, Illinois. – Observo con atención la frenética reacción del anuncio de la construcción de la nueva Gigafactory de la automotriz Tesla en Nuevo León. Ciertamente es un éxito para México la inversión inicial de $5,000 millones de dólares, los miles de empleos que se crearán, la explosión de las cadenas de valor, el aumento de la base impositiva, etc. Pero lo más relevante es poner al país en el mapa para construir la transportación del futuro. Tesla, es una marca “ancla” que debe servir para atraer más oportunidades.

Fue curioso ver cómo el gobernador Samuel García le dio la vuelta al presidente López Obrador realizando una negociación por meses y preparando el terreno, literalmente hablando, para evitar retrasos y litigios para que llegue la automotriz. Esto quedó en evidencia cuando a horas del anuncio oficial, López Obrador amenazó con negar los permisos para que se instalaran en Nuevo León. Tan ocupado está en la grilla el presidente, que a pesar de su postura absurda el arribo de Tesla ya era inminente. Bien por el gobernador que sin pelearse hizo lo suyo para capturar la inversión.

Es importante reconocer que lo anterior ocurrió gracias a la arquitectura de apertura comercial de México, con mención especial al tratado con Estados Unidos y Canadá. También, es un factor clave la legislación estadounidense que premia la compra de vehículos eléctricos y baterías construidos en América del Norte.

El 14 de agosto pasado escribí en este espacio el texto “Oportunidad caída del cielo”, donde explico cómo la Iniciativa para la Reducción de la Inflación incentiva que las manufacturas de la transportación eléctrica se trasladen a la Unión Americana, o a sus socios comerciales de Norteamérica. Entonces dije, “Estados Unidos puso este manjar en bandeja de plata, espero lo aprovechen”. Claramente, Nuevo León lo está haciendo con éxito.

Más allá del frenesí causado por Tesla, México debe seguir buscando inversiones que producen bienes o servicios cuya demanda crecerá exponencialmente. Tesla sigue siendo el agente dominante en el mercado de vehículos eléctricos con 65.4%, pero se estima que al aumentar la adopción de esta tecnología la empresa reducirá sensiblemente su participación.

Todas las automotrices tienen planes de presentar autos y camionetas pick up eléctricos (éstas últimas, los vehículos más vendidos en Estados Unidos). He visto las camionetas Silverado y Ram cero emisiones y son verdaderos monstruos que se venderán como pan caliente junto a la Ford F-150 Lightning. Así mismo el arribo de marcas asiáticas como los EVs de la coreana Hyundai son llamativos, más eficientes y baratos que los Tesla.

Es decir, la competencia se incrementará y con ello la irrepetible oportunidad de que México muestre sus ventajas para que más armadoras lleguen al país. Es imperativo que quienes aspiran a suceder a López Obrador en la presidencia, restituyan una cultura de estado de derecho para que estas corporaciones lleven sus capitales y tecnologías a nuestro país.

Finalmente, es vital no poner todos los huevos en la canasta de Elon Musk pues este personaje es inestable y errático, ampliamente demostrado con su compra y manejo de Twitter. Su inclinación por estimular la controversia y la diseminación de teorías de la conspiración provocó un desplome en el precio de las acciones de Tesla, así como ha enfadado al público liberal quienes son sus potenciales clientes para comprar un auto eléctrico.

Aunque por ahora hay que alegrarse por la llegada de esta inversión, realmente este momento debe ser visto como el banderazo de salida para capturar muchos más capitales y oportunidades que beneficien a México.

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Periodista. @ARLOpinion

 

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