Porque nos da la gana

Antonio Rosas-Landa

Chicago, Illinois. – En las últimas semanas Estados Unidos pasó de registrar 4,000 casos nuevos diarios de Covid-19, a 64,000 en las últimas horas. A pesar de tener vacunas de sobra, el rebrote se explica por el alto número de residentes que se niegan a vacunarse. En el resto del mundo la gente espera recibir la inoculación, mientras que aquí se rechaza por gusto.

La cultura estadounidense valora la libertad del individuo. Pero este concepto malentendido conduce al repudio de todo intento que dicte cómo deben vivir sus vidas las personas, especialmente si la restricción viene del gobierno. Esta característica genera rebeldía a las medidas de prevención al Covid-19. Pero también esta condición cultural es explotada por mercenarios de la información que mienten para avivar la desconfianza sobre las vacunas.

El conductor del “talk show” más visto en cable del país, Tucker Carlson, promueve todos los días dudas sobre la efectividad de inocularse. “¿Por qué se le exige a quienes se vacunaron usar cubrebocas? ¿Quizá las vacunas no sirven y eso explica las restricciones?”, dijo al aire.

La audiencia típica de este personaje son hombres y mujeres blancos de más de 50 años, con bajos niveles educativos y que residen en áreas rurales. Este público rechaza inyectarse un agente extraño y reafirma sus creencias para no protegerse con las mentiras de Carlson.

Las principales vacunas que se aplican en Estados Unidos, Pfizer y Moderna, han probado una eficacia superior al 95 por ciento, mientras que otras opciones al menos ofrecen 80 por ciento de protección para no enfermar de gravedad si alguien se infecta con el virus. No obstante, casi el total de los contagios nuevos ocurrieron entre gente no inmunizada, situación que mantiene la propagación de la enfermedad.

Algunos gobiernos estatales ofrecen incentivos para vacunarse que van de ganarse la lotería, becas a la universidad, boletos para parques temáticos, hasta licencias para pescar y cazar. En el país de la abundancia hemos llegado a un nivel insólito en que se recompensa el mal comportamiento con tal de adoptar una medida de sentido común.

Con la manipulación generalizada de la información, donde la gente vive en cajas de resonancia que reafirman sus prejuicios y los mantiene ajenos al mundo real, los mercenarios del micrófono difunden falsedades para llevarse unos quintos al bolsillo. No importa si hay vidas en riesgo, ni la carencia de argumentos, sólo atañen los “like”, las suscripciones en YouTube, o los niveles de audiencia en radio y televisión.

Si usted cree que todos los políticos son corruptos, ¡vote en una consulta para enjuiciar a expresidentes! Un uso demagógico de la procuración de la justicia que pisotea el estado de derecho. Un sistema judicial confiable no es asunto de payasadas, sino de construir las bases para que se desahoguen los casos en procesos justos e imparciales. Aunque las leyes y las instituciones son incompatibles con ese tipo de ocurrencias, siempre habrá algún bufón que impulse estas ideas y paleros que hagan eco a la sinrazón. Si usted quiere ver sangre en el Coliseo, los mentirosos se encargarán de montarle la pista con los leones.

De la misma forma, los estadounidenses encuentran en “líderes” indignos de sus cargos y en esbirros de la información las voces que preservan la ignorancia que explica el resurgimiento del Covid-19. De tal suerte que hoy el crecimiento de la pandemia en Estados Unidos ocurre simplemente porque nos da la gana.

 

Periodista.
@ARLOpinion
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