Se encuentra usted aquí

Náufragos de islas informativas

17/11/2019
02:27
-A +A

Chicago, Illinois. – Es sabido que las interacciones interpersonales se tornan ríspidas cuando se abordan temas políticos o religiosos. Pero en tiempos recientes la polarización entre puntos de vista y la virulencia con que se expresan se ha exacerbado. Se dice que el fenómeno se debe a las redes sociales, o más bien, a cómo usamos estas herramientas.

Previo a la elección de Donald Trump, ya se veían mensajes en redes sociales donde la información presentada satanizaba al contrincante político. Hoy, esto es práctica estándar no sólo en EU, sino entre los usuarios mexicanos de Facebook y Twitter. Según Donghee Jo, especialista en economía y política de la Universidad Northeastern, la capacidad de “curar” o escoger los contenidos que aparecen en las redes sociales es la raíz de la polarización al generar “cámaras eco”, donde la información recibida sólo refuerza los puntos de vista ya establecidos. Esto provoca vivir aislados de estímulos que no son del agrado de alguien.

Con tal de mantener la atención del usuario, las plataformas digitales “sugieren” contenidos. Ver videos de gatitos en YouTube conducirá a sugerencias de videos de mascotas. Recibir noticias de fuentes de izquierda como The New York Times provocará propuestas de otros medios de sesgo ideológico similar.

Los riesgos de la infinita comodidad de escoger lo que deseamos ver y escuchar limita a los individuos a ser náufragos que habitan islas informativas. Y esto ocurre, con el beneplácito y decisión de los propios usuarios al trazar el corral informativo en el que desean vivir al seleccionar qué fuentes recibirán en sus plataformas digitales.

“La autoexclusión y personalización pueden ser solución a problemas genuinos, pero también contribuyen a diseminar falsedades que promueven polarización y fragmentación. Los encuentros no planeados (con quienes piensan distinto) son fundamentales para la democracia, pues si bien pueden resultar irritantes también pueden cambiar la vida de las personas”, escribió Cass Sunstein en el libro Democracia dividida en la era de las Redes Sociales.

La misma preocupación que me genera el acceso a noticias sesgadas o falsas, me provoca que el entretenimiento dependa de algoritmos que plataformas como Netflix usan para “sugerir” la siguiente serie o película que debemos ver. Cada vez más gente abandona los medios tradicionales y en lugar de ver las noticias, prefieren recibir sólo los contenidos de los servicios streaming que los estimulan positivamente.

En otras palabras, en estos tiempos una persona puede recibir noticias falsas o tendenciosas y tener la estimulación de los temas y líneas editoriales de su preferencia sin molestarse en evaluar por sí mismo(a) dónde demonios se ubica en el mundo real. Por ello, me parece urgentísimo encontrar formas en que el pensamiento crítico y analítico regrese a la discusión pública, para dejar atrás la cerrazón en la que vivimos.

Aquí un ejemplo: es válido que el público se ofenda por los gastos de la administración Peña Nieto en artículos de higiene y otros derroches del avión presidencial. Pero algo similar debió ocurrir cuando el presente gobierno tiró a la basura miles de millones de pesos al cerrar el nuevo aeropuerto en Texcoco. Si se ofende uno por el derroche de los corruptos y sinvergüenzas, también hay que enojarse por el despilfarro de los cínicos e ineptos a quienes más importó probar quién manda que ser responsables con el país. La democracia necesita ciudadanos activos que piensen, no hordas de zombis que corren a proteger las ideas o personajes con los que se sientan identificados sin antes ponderar, con respeto, ideas o estímulos que difieran de sus preferencias.

 

Periodista. @ARLOpinion