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A los trabajadores esenciales

05/04/2020
03:00
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Chicago, Illinois. - Los testimonios se multiplican, médicos y enfermeras cuentan los horrores que viven durante la crisis de la pandemia. Un doctor relata en Chicago cómo los paramédicos en camino al hospital tratan de revivir a un paciente. Minutos después, dice que el paciente murió sin siquiera ser diagnosticado. El drama ocurrió durante una videoconferencia con la cadena CBS. Por otro lado, las imágenes de la fila interminable de pacientes que esperan, uno pegado al otro, hacerse la prueba de detección del COVID-19 en el Hospital Elmhurst, en Queens, Nueva York.

Los residentes de Estados Unidos hemos sido instruidos desde hace semanas a quedarnos en casa para reducir al máximo las interacciones físicas y romper la cadena de contagio. Una situación incómoda para seres activos y sociales, pero sin duda manejable. Un meme puso las cosas en perspectiva: “A tu abuelo le pidieron ir al frente de batalla en la segunda guerra mundial. A ti te piden que te quedes en tu sofá. ¡Seguro puedes hacerlo!”

Según un modelo del Centro Médico Rush, Illinois tendría 25,000 diagnósticos de COVID-19 esta semana y 100,000 para la próxima si no se hubiera mitigado la transmisión del virus. El dato más reciente señala 10,357 contagios gracias al distanciamiento social que la mayoría acata.

Mientras la economía se paraliza, las calles quedan vacías, pero los trabajadores designados como “esenciales” dan la batalla, asumen el riesgo y salen en nombre de todos. Muchos están entre los que menos ganan, son invisibles para una sociedad que ha dado por hecho con arrogancia su vital importancia.

Es obvio que los trabajadores de la salud se llevan las palmas por su heroísmo. A pesar de no contar con el equipo personal de protección, ni las herramientas para enfrentar el dantesco escenario, médicos y enfermeras arriesgan sus vidas y las de sus seres queridos al cumplir con su misión. Pero lo mismo aplica para el personal de limpieza, quienes mueven los insumos en los hospitales y el personal administrativo que ingresa a los enfermos. En muchos casos, son gente con salarios de hambre que hoy pasan el trapeador en pasillos infestados por el virus.

Al resto se nos ha instruido salir sólo para atender asuntos básicos como comprar comida o medicamentos. Al hacerlo, nos encontramos con los amigos que cargan y descargan frutas y legumbres en los supermercados. Ellos ganan el salario mínimo y hoy encarnan al soldado raso en nuestra guerra por conservar la vida y salud. Las cajeras que marcan los productos, y los ayudantes que ponen la compra en bolsas para que el consumidor pueda mover la carga.

Ahora vemos lo relevantes que son aquellos dentro de la cadena de producción, distribución y comercialización de bienes básicos. Los trabajadores del campo que hoy más que nunca están impedidos a tomarse el día libre, pues la necesidad y la designación como “empleados esenciales” se los impide. Más de un millón de indocumentados que trabajan en tareas agropecuarias, 75 por ciento de la fuerza laboral de este sector, no serán molestados por Inmigración bajo la instrucción de una presidencia que los ha vituperado y usado como carne de cañón de su demagogia chauvinista.

A mis compañeros de los medios de comunicación cuyo trabajo no es publicar fotos en Instagram para verse bonitos, sino salir a las calles cuando la tormenta arrecia y contarnos las historias que nos informan y dan perspectiva mientras se ponen en riesgo.

A todos ustedes que mantienen funcionando a nuestras sociedades en reclusión, un sincero y profundo agradecimiento. Que cuando salgamos de esta oscuridad, aprendamos la lección y recordemos lo esenciales que son. Pero por ahora, el resto podemos ayudar, ¡quédate en tu sofá, seguro puedes hacerlo!

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