Chicago Illinois.— “Donald Trump va abajo en las encuestas y sufrirá una contundente derrota”, se dijo hace cuatros años. “Estamos a minutos de que Estados Unidos tenga a su primera presidenta”, prometían los augurios sobre Hillary Clinton. Es claro que la mayoría de los analistas nos equivocamos y no anticipamos el triunfo del republicano.

Hoy la historia es similar. Las encuestas nacionales dan una ventaja cómoda de 10 a ocho puntos porcentuales al candidato demócrata Joe Biden y se observa una tendencia más moderada en los estados swing (pendulares) que pueden dar el triunfo a cualquiera de ellos. ¿Veremos una derrota de Trump o se repetirá la “sorpresa”?

Primero, sugiero no escuchar a quienes citan las encuestas nacionales que dan gran ventaja a Biden. Estados Unidos no elige a su presidente por voto popular, sino por elección indirecta a través del Colegio Electoral. Esta elección se definirá en estados decisivos como Florida, Pennsylvania, Georgia, Michigan, Wisconsin y Iowa, entre otros.

En la mayoría de estas entidades el demócrata Biden va a la cabeza, igual que Clinton en 2016. Hace cuatro años, los demócratas apelaron al voto duro en las grandes ciudades donde tuvieron pocos, pero coloridos eventos de campaña. Por su lado, Trump visitó tres y hasta cuatro localidades por día en esas entidades para motivar al voto blanco. En Pennsylvania se esperaba que Clinton saliera victoriosa, pero fue arrasada.

El éxito de Trump fue apelar a los miedos de sus simpatizantes, enfurecerlos para que salieran a votar; así lo hicieron y triunfaron. Los demócratas tuvieron una campaña desangelada que evitó que su base asistiera en plenitud a las urnas y perdieron estados de clase trabajadora donde Barack Obama ganó dos veces.

A unas horas de la elección, el presidente Trump repite la receta. Visita los estados en disputa ofreciendo prosperidad bajo su mandato, o caos y destrucción si se impone el adversario. Es una retórica extremista, pero funcional para que los suyos no falten a las urnas. A pesar de su edad, y de apenas recuperarse del Covid-19, el mandatario estadounidense es una máquina de falsedades, pero son mentiras efectivas que movilizan a sus votantes.

Biden por su parte, hace campaña, pero sólo visita una localidad en cada estado decisivo, en parte para evitar contagios por la pandemia. Lo positivo es que ha desplegado una artillería que incluye a Barack Obama y a la candidata a vicepresidente Kamala Harris en entidades clave. Incluso acuden a estados como Texas, no para ganar la elección, sino para que Trump distraiga tiempo y recursos.

El martes es posible que no tengamos resultados definitivos debido al conteo lento del voto postal. Dado que los resultados se conocen primero en la Costa Este, puedo anticipar lo siguiente: si Biden gana en Florida (con 29 delegados electorales) y Pennsylvania (con 20 delegados electorales), la era Trump habrá terminado.

Si los candidatos se reparten un estado para cada uno, la pelea se centrará en el Medio Oeste (Michigan, Wisconsin, Iowa, etc.). Pero si Trump gana Florida y Pensilvania es probable que se quede cuatro años más en la Casa Blanca o, al menos, tendrá municiones para crear un infierno postelectoral al impugnar la elección.

Florida cierra las urnas a las 18:00 horas y Pensilvania a las 19:00, hora de la Ciudad de México. Cuando sepamos las tendencias en esas dos entidades, el panorama estará más claro sobre si habrá alternancia o déjà vu electoral. ¡No se pierda el dramático final!

Periodista@ARLOpinion

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