En el devenir de la historia de México han estado presentes ciertos valores alejados de lo “ortodoxo”, que combinan la herencia indígena con la religión católica y que tratan de darle una explicación a la suerte y ciertos fenómenos. Dentro de la lista de personajes que tenían inclinación por estas supersticiones destaca Francisco I. Madero, no obstante, en este ámbito, poco se ha hablado de otra figura contemporánea al coahuilense: Victoriano Huerta.
Algunos dicen que Huerta era muy pragmático, que se burlaba de aquellos que, como Madero, realizaban prácticas espiritistas y que veía con malos ojos el hecho de que el coahuilense intentara impulsar la influencia de estas creencias en la educación, hasta el punto de ser un motivo para ultimarle. No obstante, existen algunos más que sostienen que Huerta también tenía ideas desapegadas al pensamiento racional.
Según Servando Ortoll, “se decía de Huerta que consultaba a adivinos y demás videntes, y que en cada situación crítica confiaba en sus pronósticos” —de hecho, existe una foto de él en una kermés en junio de 1913 donde se puede ver a una mujer vestida de gitana leyendo su mano—. “También se contaba que vivía con tal miedo de ser asesinado que nunca dormía dos veces en la misma cama”. Por otro lado, también tenía días predilectos, “los lunes eran sus días de suerte”, mientras que “los viernes nunca emprendía acción alguna”.
Parte de su tendencia a estas supercherías quizá se debía a su madre, pues, durante una conversación que tuve con una de las bisnietas del hombre de Colotlán, me contó que entre la familia circulaba el rumor de que Refugio Márquez, la madre de Huerta, practicaba la brujería y que personalidades importantes como Porfirio Díaz iban a visitarla para solicitar sus servicios de adivinación.

Con relación a esto, Gustavo Vázquez, a través de la voz de Huerta, menciona que, al presenciar el paso de Venus en 1874, “emocionado por las noticias de la expedición, hice mis propias anotaciones de cuestiones más cercanas, tratando, por ejemplo, relacionar el halo alrededor de la Luna con fenómenos climatológicos, como el frío extremo o el plenilunio con buenas noticias, incluso la ascensión de Sirio con las inundaciones o el inicio de la germinación, como se creía desde hacía siglos, hasta que dejé las supersticiones y comprendí que los indiferentes astros eran una maquinaria precisa”.
Asimismo, es importante considerar que, en la sociedad de su época, todos los ritos indígenas eran tachados de superchería, por lo que no es aventurado afirmar que el calificativo de “supersticioso”, que se le atribuyó a Huerta, va de la mano con que éste nunca negó sus orígenes. Es por esto que, a pesar de haber sido educado bajo la fe cristiana, era descrito como un “católico supersticioso” o como Vázquez menciona “nac[ió] […] atrapado entre las creencias ancestrales de [sus] padres y la religión impuesta por los curas, en la línea que separaba lo mexicano de lo bárbaro”.
A causa de lo anterior, luego de la Decena Trágica, era representado por medios satíricos con iconografía asociada con la magia negra, la muerte y el misticismo oscuro. De igual forma, durante su mandato se pensó que su juicio estaba nublado por la irracionalidad y se le consideró “el hombre menos preparado para el gobierno”, ya que, como Querido Moheno dijo: “La estructura mental de Huerta es por todo extremo curiosa. De temperamento semi-religioso y semi-supersticioso, asocia los actos más graves de la política con los hechos más pueriles de su vida privada”.

