El otro Hidalgo

Ángel Gilberto Adame

El hacendado Cristóbal Hidalgo y Costilla Pérez Vendaval se casó cuatro veces y procreó 15 hijos legítimos. Su primer enlace fue con Ana María Gallaga-Mandarte Villaseñor, quien fue madre de Miguel, el segundo de cinco varones. Dieciocho años después, en 1771, nació su séptimo vástago, que tuvo con su tercera esposa, María Cecilia Olmos.

Mariano Cristóbal Dimas Hidalgo y Costilla Olmos fue originario de Pénjamo, Guanajuato. Huérfano de madre a los pocos meses de nacido, pudo convivir con su padre 18 años más, lo que ayudó a su formación. Algunas fuentes afirman que estuvo cerca de ser cirujano, pero no hay pruebas que lo corroboren. No se le han documentado amores ni se ha revelado si tuvo alguna descendencia.

Mantuvo una cercana relación con su medio hermano Miguel, dedicado a la iglesia, quien le brindó protección. En particular, lo ayudaba a cuidar las tierras propiedad de la familia, por lo que pronto se enteró de las conspiraciones independentistas y se unió a ellas. Así, estuvo presente en Dolores la madrugada del 16 de septiembre, cuando Allende y Aldama increparon al cura al saber que el movimiento había sido descubierto, éste contestó: “Veo que estamos perdidos y que no queda más recurso que ir a coger gachupines”. Juntos liberaron a los presos de la cárcel. Gracias a la cercanía y confianza que le tenía Miguel, Mariano obtuvo el cargo de tesorero del ejército rebelde.

Lucas Alamán sostiene que la tesorería era un puesto muy complejo, dado el grosor de las filas y la cantidad de posibles desvíos: “Este cargo es muy difícil de probarse, y en realidad es inexacto, pues aun cuando no se llevase la cuenta y razón pormenorizada de los gastos del ejército, con sólo vigilar la conducción del dinero y valores y tener que pagar a aquellas masas, ya se trabajaba bastante”. Pese a ello, la tropa estaba satisfecha con las funciones de Mariano: “Pasó muchas angustias y preocupación por conseguir alimentos, ropa, caballos y dinero que no alcanzaban para pelear con los españoles”. Las cantidades que suministraba regularmente ascendían a 10 mil pesos.

Mariano acompañó al Generalísimo por Valladolid y Guadalajara. Sufrió la derrota de Puente de Calderón y estuvo en la hacienda del Pabellón, cuando Miguel fue despojado del liderazgo. Aunque Mariano continuó con la administración de los caudales, Allende comenzó a restarle autoridad y al poco tiempo también lo depuso, lo que muchos vieron con malos ojos, dado los buenos resultados del tesorero. Ya rumbo al norte, en la emboscada dirigida por Ignacio Elizondo y su batallón, cayó en manos del bando realista, junto con el sacerdote, Allende, los demás cabecillas y mil 303 soldados: “Al ver la porción de gente aprisionada y con tan poca tropa como la que se había llevado; y lo que más chocaba, que todos en general ni se quejaban de sed, ni de hambre, ni de cansancio, y por parejo en un continuo movimiento toda la noche, porque en toda ella estuvieron llegando de cuatro, seis, diez, las partidas de peladillos, y éstos cuando ya no había con qué amarrarlos, sólo se hacían entrar en medio del círculo donde estaban los amarrados; y de este modo se pasó la noche”.

Los hermanos permanecieron en Acatita de Baján hasta el 23 de abril, cuando fueron trasladados a la ciudad de Chihuahua para ser juzgados. A Mariano no se le pudieron imputar crímenes mayores dado que ni siquiera tenía rango militar. Se le instó para que declarara en contra de Miguel, pero se negó. Por el contrario, cuando se le preguntaba por los delitos del cura, como el asesinato de una familia europea a la salida de la hacienda de Matehuala, sólo decía que no estaba seguro de quién había dado la orden. Fue condenado por sus servicios a la revolución, además, pesaba profundamente el parentesco con el principal incitador. Al religioso, también se le cuestionó por las actividades de su medio hermano: “Es una persona íntegra, fiel. (…) Es un hombre bueno, lleno de ideales y sueños, no merece la muerte”. Sin embargo, Mariano fue ejecutado el 6 de junio de 1811 en la plaza de los Ejercicios, junto con otros oficiales. Miguel lo alcanzaría tras ser ultimado a finales de julio.

De los demás parientes colaterales de Miguel, hasta la fecha se desconoce si hubo algún otro que apoyara la insurgencia. La falta de represalias por el gobierno virreinal contra ellos y las demás evidencias sugieren que no, aunque consumada la Independencia, muchos de ellos exigirían pensiones y recompensas por su vínculo familiar, mientras el nombre de Mariano caía en el olvido.

 

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