El periodo extraordinario que arrancó en el Congreso venía anunciado como una corrección a la reforma judicial. En realidad parece un paquete de vacunas políticas para un partido que se sabe poderoso, pero vulnerable.
La primera vacuna es la propuesta de Ricardo Monreal de incorporar una nueva causal de nulidad de elecciones bajo el argumento de la intervención extranjera. Puso como ejemplo Rumania, donde Calin Georgescu, un candidato casi desconocido, avanzó sorpresivamente en la primera vuelta presidencial de 2024, en medio de señalamientos por una operación rusa de influencia digital. El caso existe. Ninguna democracia puede ser indiferente ante campañas manipuladas desde el exterior. Los países vecinos de Rusia, desde los bálticos hasta Moldavia, Georgia y la propia Rumania, han tenido que enfrentar esa maquinaria.
Pero en México gobierna Morena con un poder enorme. Controla el Ejecutivo, domina el Legislativo, se adueñó del Judicial y de las autoridades electorales, INE y TEPJF. En esas condiciones, una causal amplia como la que pretende Monreal no es un candado democrático. Es una llave maestra. Y una llave maestra en manos de un partido hegemónico no abre la puerta de la libertad. Más bien sirve para cerrar la bodega donde se guardan resultados que no les favorecen. La propia iniciativa establece que, si se anula una elección por esta causa, los partidos que se hayan beneficiado de la injerencia no podrán participar en los comicios extraordinarios. ¿Quién determinará ese beneficio? Las mismas autoridades electorales que Morena ya controla.
La temporalidad tampoco ayuda. Desde que el 29 de abril se conoció la solicitud de detención provisional con fines de extradición contra Rubén Rocha Moya y otros nueve personajes de Sinaloa, por acusaciones de Estados Unidos relacionadas con presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, el discurso de la soberanía se volvió refugio de la narcopolítica. Washington dejó de ser solo un vecino incómodo. Se convirtió en el único contrapeso externo capaz de moverle el piso a Morena.
Por eso más que buscar proteger las elecciones de una operación extranjera es evidente que se quiere construir una salida legal para descalificar cualquier señalamiento que venga de fuera. Si mañana una investigación estadounidense documenta dinero ilegal o vínculos criminales en una campaña, bastaría envolver el tema en la bandera nacional para denunciar intervención extranjera y darle carpetazo. Qué conveniente se vuelve de pronto lo patriótico para Morena.
Tan complicada está la situación en Morena por los señalamientos sobre crimen organizado que las vacunas que buscan aplicarse no son solo para prevenir derrotas en 2027. También buscan escudar a personajes vulnerables ante acusaciones venidas de Estados Unidos.
La salida de Andrés Manuel López Beltrán de la Secretaría de Organización de Morena, a un mes de una elección en Coahuila que supuestamente coordinaba, para buscar una diputación federal por Tabasco, se inscribe en ese clima. Formalmente puede ser una decisión partidista. Políticamente se lee como una retirada hacia terreno seguro, con fuero incluido. Segunda vacuna.
Mientras tanto, México sigue sin enfrentar la intervención que realmente ha alterado elecciones, la del crimen organizado. En las elecciones de 2024 Integralia documentó el asesinato de 39 candidatos o aspirantes lo que significó un incremento de casi 200% respecto a 2021.
México necesita reglas claras y elecciones libres. No reformas ambiguas diseñadas para anular elecciones a modo. La democracia no se defiende entregándole al partido dominante otra herramienta discrecional. Si Morena logra este blindaje que presenta como defensa de la democracia obtendrá un seguro casi infalible contra toda derrota a pesar de su cobijo a la narcopolítica.
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