Hoy comienza formalmente la revisión del T-MEC. Durante los próximos meses, México, EU y Canadá revisarán un acuerdo comercial que cumple seis años de haber entrado en vigor. Pero hay otra revisión que debería preocuparnos también y es la del rumbo que lleva el país.
Porque el T-MEC, en términos generales, sí permitió que México cumpliera con sus objetivos. Desplazamos a China y a Canadá para convertirnos en el principal socio comercial de EU. Las exportaciones alcanzan máximos históricos, el sector manufacturero mexicano se consolidó como uno de los más competitivos de Norteamérica y miles de empresas encontraron en nuestro país una plataforma ideal para producir. Desde la perspectiva comercial, el tratado ha sido un éxito.
Lo que no fue un éxito fue lo que México hizo o dejó de hacer mientras disfrutaba de esa enorme ventaja.
Durante estos años tuvimos una oportunidad histórica para aprovechar esa integración económica y fortalecer los cimientos del país. Era el momento de invertir en infraestructura, elevar la productividad, mejorar la educación, garantizar energía suficiente, fortalecer el Estado de derecho y recuperar la seguridad. Era el momento de construir un México más competitivo, no solamente un México que exportara más.
Nada de eso ocurrió. No utilizamos ese extraordinario acceso al mercado estadounidense para construir un país más competitivo, más seguro y con una economía interna mucho más robusta. Corea del Sur, Irlanda o incluso Polonia utilizaron su integración comercial para transformar sus instituciones y elevar su productividad. México, en cambio, convirtió el éxito exportador en una especie de burbuja que no logró permear al resto del país.
Hoy la inseguridad se desborda. El robo al transporte de carga, las extorsiones, el control territorial del crimen organizado y la incertidumbre jurídica terminan elevando costos, ahuyentando inversiones y erosionando nuestra ventaja competitiva.
Tampoco llegamos fortalecidos en materia energética. La riqueza petrolera que durante décadas sostuvo buena parte de las finanzas públicas se agotó sin que hubiera una estrategia para sustituirla. Hoy México depende del gas natural y de combustibles importados de EUA para mover la misma industria exportadora que presume como uno de sus mayores éxitos. Difícil hablar de soberanía cuando la energía depende del vecino con el que negociamos.
La revisión del T-MEC no será solamente comercial. También estará atravesada por las preocupaciones estadounidenses sobre seguridad, migración, contenido regional, competencia frente a China y protección de sus cadenas de suministro.
La pregunta es cuáles son los objetivos de México. ¿Cuál es la visión del país para los próximos veinte años? ¿Dónde está el plan para aprovechar esta posición privilegiada que la geografía y el tratado nos dan? En todos los discursos del gobierno no encuentro claridad para responder cuál es la estrategia de desarrollo de Morena para México. Lo que sí resulta evidente es un enorme esfuerzo político para consolidar al partido gobernante. Se discuten reformas electorales, cambios institucionales y mecanismos para fortalecer al movimiento en el poder.
Por eso, la revisión que hoy inicia sobre el T-MEC es sin duda importante. Pero también es urgente la revisión del rumbo nacional. Revisar si las prioridades del gobierno siguen respondiendo a las necesidades del país. Revisar si las políticas públicas están construyendo instituciones más fuertes o simplemente un poder político más fuerte. Revisar si estamos aprovechando la oportunidad histórica que representa ser el principal socio comercial de la mayor economía del mundo. Ningún tratado puede sustituir un proyecto de nación. Esa es la revisión que le urge a México.
@AnaPOrdorica

