¿Fue el mundo prehispánico el paraíso perdido que pretende nuestra clase gobernante? Los seres humanos, como los pueblos, están dispuestos a reescribir su historia para ocultar hechos denigrantes y reconstruir episodios que los doten de orgullo. Detrás de la idea que hace del pasado prehispánico la piedra angular de nuestra identidad, está la necesidad de construir mitos fundacionales con héroes a quienes admirar e invocar.
En el origen de nuestra nacionalidad está el encuentro violento de dos mundos. ¿Quiénes eran más crueles, los habitantes de este inmenso territorio antes de la llegada de los españoles o los conquistadores? Miguel León Portilla recuperó la manera en que distintos presagios funestos perturbaron a Moctezuma. El huey tlatoani hizo llamar a sabios y hechiceros y les pidió que le dijeran si había señales de una próxima desgracia, los nigromantes no pudieron darle respuesta y furioso ordenó que fueran a los pueblos donde estaban los adivinos y mataran a sus mujeres e hijos, que no quedara ninguno: “y mataron a sus mujeres que iban ahogando con sus sogas, y a los niños iban dando con ellos en las paredes haciéndolos pedazos...”
Enaltecemos a nuestros pueblos originarios y para ello ocultamos su violencia, la práctica de los sacrificios humanos y la mala costumbre de comerse a sus semejantes. No eran mejores los españoles que, como todos los conquistadores, se impusieron a través de la violencia muchas veces atroz, pero ¿cómo ignorar los aportes de nuestra herencia hispánica?
En su paso hacia Tenochtitlán, Cortés encabezó un ejército en el que predominaban los guerreros tlaxcaltecas, texcocanos, chalcas, otomíes y de otros pueblos que encontraron en esa alianza la forma de vengarse de los horrores que les imponían los aztecas: la captura y sacrificio de sus hombres, la violación de sus mujeres, la imposición de tributos excesivos...
Vale preguntarse: ¿los que hoy repudian nuestra herencia hispana son devotos de la Virgen de Guadalupe que nos trajeron los españoles o de Tonantzin, “nuestra madre”? ¿En lugar de Jesucristo adoran a un Huitzilopochtli sediento de sangre? ¿Preferirían hablar náhuatl, maya o alguna de las decenas de lenguas regionales que español?
La idea de renombrar sitios no es original, hace poco la alcaldesa de Tultitlán, Elena García Martínez, se propuso para honrar los dichos y las obras de López Obrador imponiendo nuevos nombres a una zona habitacional de ese municipio: colonia “La Cuarta Transformación” o calles como “Me canso, ganso” o “el Tren Maya”. Y como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ordenó cambiar el nombre a la calle Puente de Alvarado por calzada México-Tenochtitlán.
A los indígenas sólo se les alaba en los discursos, pero aunque hace más de 200 años que México nació como país independiente, esos dos siglos han sido insuficientes para sacar de la pobreza extrema y de la postración a las comunidades indígenas. ¿Cuándo terminará la hipocresía y la amnesia selectiva?
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario @alfonsozarate
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