A Los Tigres del Norte les tocó una fecha complicada y el rugido no sonó como esperaban. Aunque anunciaron con mucha anticipación su concierto en el Estadio GNP, hasta unas horas antes del show todavía había miles de accesos disponibles en prácticamente todas las zonas.
Para los revendedores tampoco pintó como gran negocio. Mientras el boleto más barato rondaba los mil 23 pesos, en páginas de internet se podían encontrar entradas hasta en 650. Mala señal cuando ni la reventa quiere presumir colmillo.
La competencia no era menor: el concierto coincidió con la marcha del Orgullo LGBTTTIQ+ y con el último partido de Messi en la fase de grupos del Mundial 2026. Entre arcoíris, futbol y boletos rebajados, parece que a Los Tigres les tocó cantar con menos manada de la esperada.
Reymix lleva su electrocumbia al Pride… sin quedarse en el post
Mientras algunos famosos celebran el Pride con una bandera en redes y siguen de largo, Reymix salió a Paseo de la Reforma. Edmundo Gómez Moreno, creador de la electrocumbia y excolaborador en proyectos de la NASA, compartió imágenes de su paso por la marcha LGBT+ rumbo a Bellas Artes.
El gesto tiene otro peso porque el intérprete de “Oye mujer” hizo pública su orientación sexual en 2020, cuando contó que varios le aconsejaron no hacerlo porque la cumbia y el regional no estaban listos para un músico abiertamente gay. Aun así, lo dijo.
“Qué bonito es vivir siendo uno mismo. Feliz día”, escribió junto a seis fotografías del recorrido. Así que esta vez no fue solo electrocumbia para bailar: también fue orgullo caminando por Reforma.
En el Teatro Milán, ni con apellido Perroni se ensaya gratis
Uno pensaría que, al ser uno de los socios del Teatro Milán y del Foro Lucerna, Pablo Perroni podría entrar, salir y disponer de los espacios como si estuviera en la sala de su casa. Pero no. Nos cuentan que el actor y productor predica con el ejemplo: se registra al llegar, espera acceso, avisa en qué espacio estará trabajando y hasta paga lo que consume en la cafetería.
La disciplina no se queda en él. Su hija María Perroni también alquila el salón de ensayos cuando quiere dar un taller de danza, sin importar que su papá sea parte del recinto.
Así que en el Milán el reglamento va parejo: puedes traer el apellido de la casa, pero si quieres usar el salón, también pasas por caja.

