En 2025, México registró la mayor mejora en paz de al menos una década, impulsada por una caída pronunciada en los homicidios. Sin embargo, como detallamos en la decimotercera edición del , publicada esta semana, este avance se produce en un momento de aguda incertidumbre.

Dos grandes disrupciones han sacudido el frágil equilibrio que parecía haberse establecido entre las organizaciones criminales dominantes del país: el conflicto interno sostenido dentro del Cártel de Sinaloa desde finales de 2024, y la muerte del líder histórico del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) a principios de 2026. El debilitamiento de estas organizaciones podría crear condiciones para reducciones sostenidas de la violencia, o bien desencadenar procesos de fragmentación que históricamente han estado asociados a aumentos agudos en el conflicto.

La delincuencia organizada socava la paz en México de innumerables maneras, pero su impacto más visible se refleja en las altas tasas de homicidio que el país ha experimentado durante gran parte de las dos últimas décadas. Retomando cifras de , los homicidios vinculados al crimen organizado se multiplicaron por más de cuatro entre 2007 y 2025, mientras que los demás homicidios se duplicaron. Desde 2015, la tendencia es especialmente consistente: mientras los homicidios no asociados al crimen organizado han tendido a mantenerse alrededor de 13,000 por año, son los conflictos entre cárteles los que explican los grandes incrementos y descensos en el conteo nacional de homicidios. Como muestra la siguiente gráfica, esta relación ha sido persistente a lo largo del tiempo.

GRÁFICA 3 -  VIOLENCIA POLÍTICA
GRÁFICA 3 - VIOLENCIA POLÍTICA

El panorama del crimen organizado en México está compuesto por decenas de grupos. Estudios recientes estiman que estas organizaciones emplean a , lo que las convierte en una de las mayores fuentes de empleo del país. Lejos de ser entidades homogéneas, se trata de redes multifacéticas de individuos, células, facciones y aliados locales, en constante evolución ante nuevas condiciones y oportunidades.

Los niveles persistentemente altos de conflicto entre grupos criminales se remontan a la fragmentación de los cárteles tras el lanzamiento de la guerra contra las drogas en 2006, que aplicó la llamada estrategia del capo: atacar a las organizaciones criminales eliminando a sus líderes. Lejos de desarticular el narcotráfico, en varios casos esta estrategia contribuyó a que grandes organizaciones se dividieran en grupos más pequeños pero más violentos a lo largo de la década de 2010.

Para principios de la década de 2020, el panorama criminal parecía estar entrando en un período de reconstitución parcial, con el CJNG y el Cártel de Sinaloa emergiendo como los dos actores claramente dominantes. Según registros del , las muertes por conflictos entre cárteles alcanzaron su punto máximo en 2021, con alrededor de 15,000 víctimas —la mayoría asociadas al CJNG, al Cártel de Sinaloa, o a ambos— antes de caer por debajo de 11,000 en 2024. Desde 2015, la rivalidad entre estos dos grupos ha estado asociada a unas 30,000 muertes confirmadas, lo que representa casi el 29% de todas las muertes por conflictos entre cárteles registradas por el UCDP, con Baja California como principal campo de batalla (55% del total), seguida por Zacatecas (14.9%), Colima (11.4%), Jalisco (9.5%) y Quintana Roo (4.1%). La desescalada gradual de esa rivalidad fue un factor importante en las mejoras en los índices de paz nacionales a partir de 2020.

El equilibrio se rompió en 2024 con el estallido de una guerra abierta dentro del propio Cártel de Sinaloa. El cártel se consolidó en los años noventa y dos mil bajo el liderazgo de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Tras varios arrestos y fugas, la captura definitiva de El Chapo en 2016 debilitó el liderazgo central del cártel y alimentó tensiones internas que con el tiempo dieron lugar a dos facciones rivales: los Chapitos, vinculados a los hijos de El Chapo, y la facción Mayiza, vinculada a su exsocio Ismael “El Mayo” Zambada.

Aunque el conflicto entre ambas facciones venía gestándose desde hacía años, la rivalidad se agudizó dramáticamente tras el en un aeropuerto de Estados Unidos, aparentemente como resultado de una traición por parte del liderazgo de los Chapitos.

El 9 de septiembre de 2024, menos de dos meses después del arresto, estallaron enfrentamientos armados en Culiacán y a través de Sinaloa. Antes de la erupción del conflicto, los homicidios mensuales en Sinaloa promediaron 45; desde el inicio de la guerra interna, la cifra mensual ha oscilado entre 120 y 212, con un promedio de 150 —más del triple, como muestra la siguiente gráfica.

GRÁFICA 2 - ASESINATOS SINALOA
GRÁFICA 2 - ASESINATOS SINALOA

A lo largo de 2025, la presión de las fuerzas del orden parece haber contribuido a debilitar la facción de los Chapitos, con arrestos de operadores clave que desarticularon elementos de su estructura. El conflicto interno también parece haber redirigido la atención del Cártel de Sinaloa desde su histórica rivalidad con el CJNG hacia la consolidación interna. Para mayo de 2025, reportes y evidencia creciente apuntaban a . Dicha asociación podría ampliar el alcance territorial y el acceso a recursos de ambos grupos —o bien, si los Chapitos han sufrido pérdidas significativas, inclinar la balanza de poder . En cualquier caso, representa un giro llamativo dado que la rivalidad Sinaloa–CJNG había sido uno de los principales motores de la violencia durante gran parte de la última década.

Estas dinámicas cambiantes se desarrollaban antes de una segunda gran disrupción: la muerte de Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes, líder histórico del CJNG, durante un operativo militar en Jalisco el 22 de febrero de 2026. La respuesta fue inmediata y violenta, con narco-bloqueos en , al menos 25 elementos de la Guardia Nacional muertos en Jalisco, y violencia extendiéndose a ciudades y destinos turísticos. Según datos de ACLED, los eventos de violencia política se multiplicaron por más de diez el día de la muerte de El Mencho, aunque al día siguiente habían regresado a sus niveles previos y la , como muestra la siguiente gráfica.

GRÁFICA 1 HOMICIDIOS ANUALES
GRÁFICA 1 HOMICIDIOS ANUALES

Dado el tamaño y el alcance geográfico del CJNG, la muerte de su líder abre la posibilidad de fragmentación interna y luchas por la sucesión. Reportes de marzo de 2026 sugieren que el cártel podría haber optado por Juan Carlos Valencia González —hijastro de El Mencho— como su sucesor. Si esta transición se consolida, reduce el riesgo de una guerra de sucesión. Si, en cambio, su autoridad es disputada, México podría ver resurgir algunas de las mismas guerras de plazas que impulsaron el dramático deterioro de la paz en los años finales de la década pasada.

El debilitamiento simultáneo de los dos cárteles dominantes de México presenta tanto una oportunidad como un riesgo para las perspectivas de paz. Si las instituciones mexicanas logran capitalizar este momento —profundizando los avances en inteligencia, coordinación y capacidad investigativa— podría consolidarse la reducción de violencia registrada en 2025. Sin embargo, la historia del país demuestra que el debilitamiento de las organizaciones dominantes no garantiza una reducción duradera de la violencia. Si las disrupciones actuales conducen hacia una mayor consolidación o hacia un nuevo ciclo de fragmentación violenta será una de las preguntas determinantes para el panorama de seguridad de México en los años por venir.

Alex Vedovi es el coordinador e investigador principal del Índice de Paz México 2026, producido por el Instituto para la Economía y la Paz. Es Maestro en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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