A lo largo de su historia, México ha enfrentado momentos que pusieron a prueba su capacidad de organización, resiliencia y visión de futuro. Dos de ellos quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva de los mexicanos: los Mundiales de Futbol de 1970 y 1986, siendo eventos de talla global organizados por los gobiernos del PRI en circunstancias complejas, con desafíos económicos, políticos y sociales, pero que proyectaron al país como una nación capaz de cumplir, innovar y dejar legado.
Aquellos mundiales no estuvieron exentos de dificultades. Sin embargo, hubo algo que marcó la diferencia: visión de Estado, que entendía que organizar un evento de esa magnitud no consistía únicamente en montar espectáculos durante unas semanas, sino en construir infraestructura que beneficiara a generaciones enteras.
Junto con la consagración del gran futbolista Edson Arantes “Pelé”, el Mundial de 1970 llegó acompañado de obras que transformaron para siempre la vida urbana de millones de mexicanos. El Sistema de Transporte Colectivo Metro se consolidó, con 11 de sus 12 líneas construidas por los gobiernos del PRI, como una de las obras más importantes del siglo XX en nuestro país. El drenaje profundo permitió enfrentar problemas históricos de inundaciones. Se fortalecieron instalaciones deportivas y se modernizó la infraestructura urbana de la capital.
Y qué decir del Estadio Azteca. Una obra monumental impulsada por el empresario visionario y nacionalista Emilio Azcárraga Milmo que, seis décadas después, sigue siendo un referente mundial y escenario de los momentos más importantes del futbol internacional.
En 1986, tras la renuncia de Colombia como sede, México volvió a responder al llamado de la FIFA. En tiempo récord organizó una Copa del Mundo que quedó en la historia por su eficiencia, por la pasión de la gran Selección Mexicana y por haber sido escenario de algunas de las páginas más gloriosas del futbol, protagonizadas por figuras como el gran Diego Armando Maradona.
A diferencia de aquellos años, hoy la sensación predominante es la de improvisación. Los proyectos responden más a la coyuntura que a una estrategia nacional y, además, quedaron inconclusos, mientras que las autoridades transmiten mensajes contradictorios sobre los alcances reales de los preparativos.
Pero el verdadero desafío es que México llega al escaparate mundial arrastrando problemas que el gobierno de Morena ha sido incapaz de resolver y que, en muchos casos, se han agravado. La inseguridad, la expansión territorial de grupos criminales, las carreteras tomadas por la delincuencia, las extorsiones a comerciantes, los sistemas de salud deteriorados y la crisis de confianza en las instituciones forman parte de una realidad imposible de ocultar bajo campañas publicitarias o discursos propagandísticos.
Millones de visitantes recorrerán nuestras ciudades, utilizarán nuestros servicios y observarán el estado real del país. Verán las fortalezas de nuestra gente, su hospitalidad y capacidad de trabajo, pero también serán testigos de las consecuencias de años de malas decisiones gubernamentales.
Porque una Copa del Mundo no sólo exhibe estadios; exhibe gobiernos. Muestra cómo funciona el transporte público. Revela la calidad de la infraestructura urbana. Expone la capacidad de las autoridades para garantizar seguridad. Refleja el estado de los servicios públicos y la confianza que generan las instituciones.
Los mundiales organizados bajo los gobiernos del PRI dejaron obras que aún hoy siguen sirviendo a millones de personas. La gran pregunta es ¿cuál será el legado que dejará el Mundial de 2026?
México merece brillar ante el mundo. Lo merece por su historia, por su cultura y por la grandeza de su gente. Pero también merece gobiernos capaces de estar a la altura de esa responsabilidad.
Presidente Nacional del PRI
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

