La embestida del proyecto político conservador que ha puesto en entredicho a nuestras sociedades, nuestras democracias, sus valores e instituciones, se soporta en la creciente concentración de poder en las grandes corporaciones tecnológicas que controlan las redes sociales y la inteligencia artificial.

Su uso cotidiano por la población parece inofensivo, sin embargo, la red que se nutre de todos los accesos que los usuarios realizamos, pone al alcance de estas corporaciones la información que les permite incidir en el mercado, en las agendas públicas y en los comportamientos sociales, atentando contra el libre albedrío de las personas y nuestras democracias, demoliendo al ser colectivo, a la noción de comunidad, así como distorsionando la deliberación pública e incluso, los procesos electorales, buscando conformar un nuevo tipo de sociedad integrada por súbditos y consumidores.

Los gigantes tecnológicos invierten miles de millones de dólares en el desarrollo de la inteligencia artificial con consecuencias demoledoras para la organización política, económica y social. En la definición misma del ser humano.

La concentración de infraestructuras digitales críticas, flujos de información y datos a escala global, ha creado un metapoder que se coloca por encima de los Estados y de la sociedad, que escapa a cualquier regulación o rendición de cuentas, favoreciendo los intereses de las oligarquías y de grupos fácticos de poder que alientan narrativas excluyentes que promueven identidades basadas en lo racial, la lengua, la nacionalidad, y que tras una mascarada democrática deslegitiman al adversario, normalizan la desinformación y promueven el odio contra quienes piensan o son distintos.

Las predicciones de George Orwell y el “Gran hermano” en su libro 1984, que suponía un totalitarismo absoluto desde el Estado y su “Ministerio de la Verdad” son cosa del pasado. Las nuevas tecnologías han dado lugar a un modelo donde las personas nos estamos convirtiendo en sujetos de nuestra propia dominación.

Desde 2014, Byung Chul Han, filósofo surcoreano-alemán, señalaba que el neoliberalismo ya no gobierna como en la sociedad disciplinaria. Ahora gobierna la mente con seducción. Antes te decían “no puedes” y te vigilaban, ahora te dicen “sí puedes” y te autoexplotas. La libertad como sometimiento: Crees que eres libre porque nadie te obliga. Chul Han lo llama autoexplotación digital. En el Big Data entregas voluntariamente tus datos con cada like. El algoritmo te conoce mejor que tú mismo y predice tu conducta, anticipa tus deseos y te los vende antes de que los tengas. Se trata del fin de la política. Sin comunidad no hay revolución, solo hay individuos compitiendo y optimizándose.

La apuesta por la desregulación y aceleración tecnológica puede significar una pérdida considerable de empleos con profundas implicaciones para la ciberseguridad de las instituciones financieras globales y de la infraestructura estratégica de los países por sus potenciales riesgos para los servicios digitales.

De acuerdo con Digital Planet, tan solo en Estados Unidos 9.3 millones de empleos, equivalentes a ingresos por 757 mil millones de dólares, están en riesgo en los próximos cinco años, y la cifra podría alcanzar 19.5 millones de empleos si se acelera la adopción de inteligencia artificial.

Existe una reconfiguración del poder global, encabezado por imperios tecnológicos que impulsan modelos de organización social y política. Por ello, ⁠es fundamental que los ciudadanos y los Estados atiendan de raíz este fenómeno y sus implicaciones, en los arreglos geopolíticos y geoeconómicos del mundo contemporáneo y que fijen como prioridad la regulación de este fenómeno tecnológico para asegurar que beneficie a nuestras sociedades y no a un pequeño grupo de oligarcas tecnológicos.

Embajador de México ante la OEA

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