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De vuelta al origen

Hoy, a sus 34 años y con mucha experiencia, ante el primer grito de ayuda de su equipo adorado, no dudó y decidió regresar al nido
De vuelta al origen
14/08/2019
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Dicen que la portería es la posición más solitaria dentro del rectángulo, pero también lo es la melancolía que acompaña a la figura del guardameta durante su carrera, la cual —en muchos casos— termina siendo su fortaleza.

Ahí está el caso de Guillermo Ochoa, quien buscó volar en equipos de élite en Europa, pero no consiguió el objetivo, al menos no como lo hubiera querido. Lo anterior, no por falta de condiciones, sino en diversas ocasiones por “suerte” y en otras por la gran muralla de no contar con un pasaporte comunitario. A pesar de ello, el nacido en Guadalajara se mantuvo nueve años en el viejo continente. Francia, su primera aventura, en el modesto Ajaccio; después en España, con el Málaga y el Granada, hasta acabar en la Liga belga con el Standard de Lieja. En el inter de estas aventuras, dos extraordinarios Mundiales que pudieron catapultarlo a las grandes ligas, pero —nuevamente— no fue así.

Hoy, a sus 34 años y con mucha experiencia, ante el primer grito de ayuda de su equipo adorado, no dudó y decidió regresar al nido que lo vio nacer y despegar, debutando a los  18 años y con la responsabilidad de vigilar los tres palos de uno de los equipos más importantes y mediáticos de México.
Adicionalmente, la responsabilidad de llenar los zapatos de nombres como Adolfo Ríos, Adrián Chávez y el gran Héctor Miguel Zelada, cosa que cumplió, al igual que lograr el título del Clausura 2005, dejando al club como un ídolo y con un prominente futuro.

Al igual que dentro de la cancha, por fuera atajó cosas impensadas, como la no titularidad en Sudáfrica y ser relegado a la banca por un veterano e impensado Óscar Pérez, o aquel escándalo con el consumo de clembuterol que lo dejó fuera de la Copa Oro en 2011.

De esta manera, siempre blanco de las críticas en su carrera, la más frecuente sobre su falta de juego aéreo, elemento que ha ido puliendo; una más, el no saber jugar con los pies, cosa que no convencía en su momento a Miguel Herrera, cuando fue seleccionador del Tri, y sin embargo con su trabajo y constantes actuaciones se ganó al Piojo. Finalmente, su más reciente cuestionamiento: ¿Por qué regresar al futbol mexicano?, ¿por qué no seguir intentado en Europa? Y solamente él tendrá la respuesta.

Para un servidor, es correcta y adecuada la decisión que tomó el guardavalla mexicano. No podemos decir que no lo intentó, fue el primer portero mexicano en Europa, casi una década jugando fuera de su país. Regresa a casa como hijo pródigo, a un equipo que pelea todo, a un grande, y vuelve para convertirse en el mejor portero de la Liga MX.

Más allá del dinero que —sin duda— será mucho, Memo retorna por el amor a la portería que lo vio nacer, vuelve a terminar lo que empezó, a cerrar su carrera para convertirse en leyenda del americanismo, vuelve al Nido. Una decisión que tomó desde la sola y aislada portería en Lieja. A pesar de todo, la soledad, a veces... Es la mejor consejera. 

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