Es cierto. En papel, la premisa de The End of Oak Street (Estados Unidos, 2026) resulta imposiblemente ridícula: una familia que vive en un idílico suburbio de inicios de los ochenta en Estados Unidos, despierta un día con la noticia de que afuera de su casa hay dinosaurios. Si, dinosaurios, reales, de todos tamaños, feroces y hambrientos.
Pero no descarten tan fácil esta cinta. Su director, David Robert Mitchell, no sólo hace de esto un sentido y entrañable homenaje al mejor cine de Spielberg (Jurassic Park, pasando por clásicos como Jaws, E.T., y hasta Goonies), sino que pasa por géneros que van del terror, al drama, y al cine de desastres. Y en todos ellos la película funciona, emociona, e incluso hasta conmueve.
Todo está en las apariencias. Deía, los Platt parecen una familia feliz, pero tras las puertas de su magnífica casa -con patio enorme y perrito incluidos- muestran su verdadera cara que no es otra sino la del descontento: el papá (Ewan McGregor) es repartidor de pizza y bebe a escondidas de su esposa, la esposa (la incansable Anne Hathaway) escribe en secreto una novela donde vierte todas sus frustraciones y deseos reprimidos, el hijo menor (Christian Convery) vive bajo la violenta amenaza de un bully y la hermana mayor (Maisy Stella) es una obsesa de la ciencia, de Carl Sagan, pero parece estar enamorada de una compañera de la escuela. Son los ochenta, por lo que entienden el gran problema de esta adolescente.
El guion de Robert Mitchell insiste en mostrar a sus personajes no como simples víctimas de una cinta de terror, sino como seres humanos, con problemas y anhelos. La cámara (a cargo de Mike Gioulakis) encuentra la forma de elevar la tensión poco a poco, usando el viejo truco de mostrar lentamente a las bestias (Jaws, Aliens), pero también se toma su tiempo para mostrar, una y otra vez, las fotos en la casa de los Platt pero también en las otras casas de las otras familias masacradas por los dinosaurios. No son simple carne de cañón, tras cada víctima hay historias y sueños truncados.
La metáfora está ahí. Es Estados Unidos, son los años 80, esos idílicos suburbios serán próximamente destruidos por las Reaganomics, que a la postre resultaron más voraces que cualquier dinosaurio. Esos suburbios no volverán jamás.
La tensión está ahí, no es esto una simple “película de correteadas” (Güeros dixit), es una cinta llena de acción, llena de violencia, donde la sangre no está ausente. Robert Mitchell rebasa en ese sentido a Spielberg, y aunque al final la película muestra cierta falta de colmillo, por un momento nos sorprende ante cierta decisión tan sangrienta como entendible: el mundo de allá afuera terminará por destruir la felicidad del suburbio. No será precisamente un paseo en el parque.
Las mujeres aquí son increíblemente capaces. Es la mamá -y no el papá- quien lleva la escopeta, es ella quien le dispara a los dinosaurios mientras su esposo apenas y carga tímidamente un bat. Es la hermana quien lleva un cuchillo y no duda en clavárselo a un dinosaurio para rescatar a otra chica que lucha por sobrevivir. Su hermano apenas lleva un arco y flecha con el que prácticamente nunca suele atinar.
El cine de Robert Mitchel ronda por los mismos temas: la decadencia de los suburbios, el artificio de la seguridad, el engaño de creer que esos paraísos existen y que lo hacen sin violencia. El sueño americano se va destrozando a mordidas de un T-Rex, e incluso cuando la propuesta es normalizar la violencia (esperemos en casa a que esto pase), el guion muestra grandes muestras de inteligencia criticando el individualismo inherente del modo de vida norteamericano.
La cinta no se conforma con ser una cinta de acción divertida, hay aquí una vena ominosa que recorre toda la película, que crítica el aislamiento, y que muestra a las bestias como lo que son: animales feroces pero no malvados, aquí no verán una escena donde nadie se deslumbre ante la majestuosidad de las bestias, eso déjenselo a Spielberg, aquí es correr o morir.
Intensa, violenta y siempre divertida, The End of Oak Street es la mejor película sobre dinosaurios después de Jurassic Park.
La cinta finaliza con una nota engañosamente dulce. Todos sabemos que tarde o temprano los idílicos suburbios desaparecerán, todos sabemos que el papá no podrá seguir manteniendo esa casa repartiendo pizzas, la hermana probablemente sabrá lo que es la homofobia y la esposa tal vez se vuelva una exitosa escritora pero sabrá lo que es pelear en un mundo de hombres.
Los dinosaurios serán apenas un campo de entrenamiento para lo que está por venir.

