La película de Supergirl tenía todo para ser un hito en el género de superhéroes y terminó convirtiéndose en un penoso desastre.

En uno de los mejores momentos de Supergirl: Woman of Tomorrow, -la novela gráfica de DC escrita por Tom King e ilustrada por Bilquis Evely- la joven Ruthie (una adolescente cuyos padres han sido asesinados, por lo que va en busca de venganza junto a Supergirl como acompañante) ve al horizonte luego de presenciar horrores indecibles en algún planeta lejano. La heroína se acerca y Ruthie le dice: ¿Cómo puede haber tanta maldad?, “Esto es tan grande. Somos tan pequeños”.

La sororidad entre ambas va creciendo mientras avanza el cómic, del desinterés por el duelo de Ruthie a la inevitable búsqueda del asesino de sus padres (el criminal ha herido a Krypto, el perrito de la kriptoniana, por lo que ahora es también un problema de Supergirl), las mujeres se van conociendo y reconociendo en sus dolores. Ambas son huérfanas, ambas vieron a sus padres morir, pero en el caso de Supergirl la tragedia es aún más oscura: ella vio a su planeta entero fenecer, no así su primo, Kal-El (Superman), quien al salir disparado en un cohete y salvar la vida aterrizando en la tierra, era apenas un bebé.

Supergirl (Estados Unidos, 2026), la nueva cinta dirigida por Craig Gillespie (Lars and the Real Girl, I Tonya, Cruella) bajo la mirada (suponemos) vigilante de James Gunn, está basada en este cómic. El movimiento no es usual, pocas son las cintas del género que se han basado literalmente en un cómic previamente publicado.

De hecho el movimiento es doblemente interesante porque Woman of Tomorrow es a la vez una historia basada en True Grit, la novela de Charles Portis publicada en 1968, que daría pie a al menos dos adaptaciones, la de 1969 (con John Wayne como protagónico en la cinta que le dió su único Oscar), y la de 2010, dirigida por los Coen, con Jeff Bridges en el papel del Sheriff.

Aquí, el Sheriff es nada más ni nada menos que la propia Supergirl (perfecta Milly Alcock en el personaje) quien en un principio no quiere involucrarse en los problemas de Ruthie (Eve Ridley) pero que al final no le queda de otra más que ir por el villano, Krem (Matthias Schoenaerts, muy en su papel), ya que aquel posee el antídoto para curar al perrito Krypto, herido por una flecha envenenada cortesía del villano.

Esto debió ser un western con todas las de la ley, pero ni el director Craig Gillespie, ni la guionista debutante Ana Nogueira, saben plasmar el género en pantalla. Estamos ante una mezcla de Mad Max (Miller, 1979) con aventuras espaciales cuya estética recuerda a Star Wars (lo cual por supuesto no es malo) y que da como resultado a un villano más cercano a la mística de George Miller que a la de Tom King.

No obstante no se podrá decir que el villano no es siniestro: no solo es un asesino desatado sino que además junto con su pandilla se dedica a secuestrar mujeres para fines indecibles.

El problema fundamental está en el ritmo. Le reconozco a la película la osadía de no seguir la fórmula clásica del cine de superhéroes (escena de acción, presentación de personajes, otra escena de acción, diálogos, pelea final) pero Gillespie claramente no es un director de acción: las peleas son terribles, el manejo del espacio cinematográfico es nulo, la sensación de peligro es casi inexistente, y en no pocos momentos la secuencia de las escenas parece forzada en su intento por contar el drama de Supergirl mediante flashbacks que alentan aún más el ritmo, que pecan de solemnidad y que no provocan empatía con el personaje.

Las protagonistas no proyectan química en la pantalla, la sororidad que destila el cómic original tarda demasiado en llegar a esta adaptación. Si el público que ve esta película no está familiarizado con los cómics, es muy probable que lleguemos a la mitad del filme sin que a nadie le interese lo que le pase a Supergirl y a Ruthie. A no ser por Krypto, la gente se iría a media película.

La poco inspirada fotografía a cargo de Rob Hardy (¡el mismo de Ex-Machina y Civil War!), llena de imágenes oscuras y ocres, una edición frenética y un soundtrack absolutamente intrascendente, hace de esta película algo muy cercano al desastre.

Desastre porque todo lo que hizo bien James Gun en Superman (2025), aquí no está presente. Y si, claramente estamos hablando de dos personajes distintos aunque compartan el mismo uniforme, los mismos colores, y el mismo símbolo en el pecho. Pero en ningún momento esta película resulta memorable, ninguna escena es particularmente notable, y es hasta el mero final donde -así sea por el dilema moral en el que enredan a la protagonista- la película se torna interesante.

Al final, Supergirl no sabe ser una película feminista, no sabe ser un western, no sabe ser una película de superhéroes memorable y no sabe ser -a secas- una buena película.

Lo peor de este desastre es que será usado por esa caterva de adoradores de Snyder como prueba de que Gunn debe renunciar y que su dios es el único que sabe cómo hacer películas de DC. Allá ellos si se quieren seguir bañando en la podredumbre de su enfermiza obsesión sectaria.

Ellos sí que son pequeños.

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