El título es engañoso. Si bien en Money Shot: The PornHub Story -primer largometraje documental en solitario de la directora Suzanne Hillinger- se hablará de cómo el mega exitoso sitio de internet Pornhub se convirtió en puerto obligado para todo aquel que quisiera ver videos para adultos en el internet, el verdadero objetivo de este documental es abrir el debate sobre si la prohibición de los sitios porno y los intentos por erradicarlo en la red tienen sentido alguno. ¿Prohibir el porno erradica el tráfico sexual, la pornografía infantil o los casos del llamado “revenge porn”?

Para ello, la cineasta hace varias cosas que no son usuales en este tipo de documentales. Primero: no sataniza al porno. Ni la cineasta ni su documental se erigen como protectores de la moral de nadie.

Segundo: muestra todas las voces, desde las radicales -cuya pretensión es erradicar la pornografía de la faz de la tierra (¡ja!, suerte con eso)-, hasta las voces de las trabajadoras de la industria, quienes obtienen sus ingresos al monetizar de forma libre, directa y consensuada, sus contenidos eróticos a sitios como Pornhub.

Originalmente creado por un adolescente llamado Matt Keezer, Pornhub fue rápidamente vendido a un segundo dueño, Fabian Thymann. Es bajo la dirección de Thymann que el sitio alcanzó el predominio mundial del porno en la red, y es que el empresario ordenó se siguiera una estrategia SEO para promover el portal, es decir, lograr que los buscadores de internet (principalmente Google) apuntaran a Pornhub cada que algún usuario de la red (en cualquier parte del mundo) busca términos sexuales como “Mujeres con pechos grandes”, “tríos”, etc.

Así, Pornhub se convirtió en el sitio de videos y fotos porno por antonomasia, logrando no sólo ser uno de los 5 sitios más visitados en la red, sino haciendo omnipresente la pornografía en el planeta entero.

En sus inicios, Pornhub fue para la industria del porno lo que Napster para la música o The Pirate Bay para el cine. Las productoras de cine porno resintieron el hecho de que el sitio se alimentaba de copias pirata. Las grandes ganancias se quedaban con los dueños del portal y no con los productores, directores, creadores y actores que, sin consentimiento, alimentaban el sitio.

Pero esto cambió cuando la empresa inició sus políticas de monetización. Así, las actrices y actores porno -ahora convertidos en “creadores de contenido”- subían directamente sus videos a la plataforma y esta les paga según el número de reproducciones. Un negocio redondo ya que (según un testimonio de un documental), un actor porno podría ganar unos $4,000 USD trabajando un mes en una productora, mientras que siendo independiente y subiendo sus videos a Pornhub, casi triplicaba esa cantidad.

Pero la historia no termina ahí. El documental también muestra la parte oscura de Pornhub: las denuncias sobre videos de menores, videos que se suben sin consentimiento e incluso videos de violaciones a adolescentes, así como una gran cantidad del llamado “revenge porn”, que no son sino fotos y videos íntimos (usualmente de mujeres) cuyo destinatario original era el novio y que este los sube sin consentimiento a la plataforma.

La directora nunca pierde piso, todo lo muestra, pero todo lo cuestiona. Incluso organizaciones que en papel suenan bien, la directora exhibe sus verdaderas intenciones. Por ejemplo, una organización como la NCOSE (Centro Nacional sobre la Explotación Sexual, por sus siglas en inglés), son institutos que constantemente analizan la red en busca de cadenas de trata y explotación de adolescentes y menores. Pero el documental también exhibe a esta organización como un brazo de la ultraderecha cristiana.

Y por supuesto, exhibe al mismo Pornhub, cuya cara amable es la de este sitio juguetón, que se anuncia en grandes espectaculares en Times Square, que año tras año muestra las estadísticas de los términos más buscados por país en el mundo, que hace donativos a organizaciones que combaten la discriminación y el racismo, pero que por otro lado se muestra omiso ante las tres exigencias básicas que se le hace a todo sitio de la misma naturaleza: No permitas que se suban videos de fuentes anónimas, no permitas que los videos se bajen tan fácilmente, invierte más en la revisión de los videos antes de subirlos.

Ante el escándalo, algunas de las principales empresas de cobros electrónicos, como Visa y Mastercard se han bajado de Pornhub y ya no le dan servicio. Pero esto no afecta a los dueños del sitio (ellos siguen ganando por la publicidad dentro del portal), afecta a los creadores, quienes ya no pueden cobrar por sus videos.

Onlyfans se ha convertido en la opción ante la debacle de la monetización en Pornhub, lo cual solo ilustra el punto del documental: prohibir es la opción más facilona pero que usualmente no resuelve nada (cuando logren tirar Onlyfans, vendrá otro, y otro, ad infinitum). Lo que se pide es mayor control por parte de las empresas, supervisión y un buen registro de aquellos que suben contenido.

El problema no es el porno, el problema es la regulación.

Money Shot: The PornHub Story se puede ver en Netflix.

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