Mañana sábado 6 de junio León XIV llega a España. Se sabe que su antecesor, Francisco, decidió no visitar un país que, según estimaciones, se ubica en el noveno lugar entre los países con el mayor número de católicos (México se ubicaría en el segundo).

El papa se ha revelado como un jugador central (“a pivotal player” le dirían en su país) durante el año que lleva ocupando la posición más alta del Vaticano. Desde luego, su encíclica Magnifica Humanitas¸ “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, es una jugada con conciencia del momento. Y ya desde sus primeras aseveraciones la encíclica sugiere qué terrenos quiere pisar; todos: “Deseamos entrar en diálogo con todos los hombres y todas las mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad” (p. 4).

A cada persona con mando y presencia pública le corresponde pensar a cada paso en el momento crucial, esto es, en un cruce de factores que no volverán a presentarse así, convergentes. El griego llamaba y llama kairós al momento único e irrepetible de la oportunidad. Y si es un lugar común decir que el tiempo pasa, ya no es tan obvio decir que hay momentos decisivos cuyo paso e irreversibilidad no podrán superarse y revertirse mojando una magdalena en una taza de té, como en la magna novela de Marcel Proust. Es que el tiempo individual deja recuperarse, al menos en parte, gracias por ejemplo a la memoria inconsciente profunda, pero el tiempo político se aprovecha o se desperdicia. Y es vertiginoso.

Y también hay espacios cruciales: cruces de caminos, de intereses, de miradas, de expectativas, de preguntas. Y si Francisco no viajó a España fue porque sus coordenadas apuntaban a las periferias geográficas y existenciales de las que él mismo provenía y sobre las cuales caviló siguiendo a su compatriota, la filósofa Amelia Podetti. Viajó, en cambio, a Mongolia, según nos lo recuerda Javier Cercas en su libro de crónica y testimonio. Mongolia, con apenas un puño de católicos, parecía formar parte de un guiño del pontífice sudamericano a dos gigantes vecinos: Rusia y sobre todo China.

Guiños se hacen frente al mundo estos dos gigantes cuando el ex espía de la kgb visita al líder chino apenas unos días después de que el líder chino recibió al presidente de Estados Unidos y al correspondiente séquito de empresarios norteamericanos.

Especialistas desmenuzan los dos encuentros: Estados Unidos–China y, en menor medida, Rusia–China. En este último, el acto mismo es el mensaje; la enunciación es el enunciado; el hecho de que haya diálogo ya nos dice que los rusos y los chinos quieren comunicarnos su alianza. Aparte, han dejado entrever que entre ellos no hay secretos. Y es que forman parte de un cuarteto junto con Brasil e India: cuatro de los seis países más grandes del mundo. Y están allí los dos más poblados: China y la India, casi un tercio de la especie humana hoy viva.

Para estadistas con visión y con proyecto, cada momento es kairós y cada territorio es estratégico. Son como ajedrecistas que no desdeñan ningún casillero: mal harían. Todo lo contrario. Y si China tiene el mapa del mundo en la cabeza es porque ha sabido crearse las condiciones para no perderse en problemas internos, como lo son esas empresas transnacionales ilícitas a las que llamamos narcotraficantes; esas empresas evidentemente obedecen a “lógicas” económicas y criminales más allá de las fronteras del país donde tienen la mayoría de sus fábricas, de sus laboratorios. Estas empresas no son nacionales, no tienen patria, no obedecen a líderes locales, aunque su gente hable este o aquel idioma más o menos autóctono. El narcotráfico ya es en sí mismo una invasión. Y lo es por causas estructurales, no meramente coyunturales. Si se van a anular elecciones por intervención extranjera, el narcotráfico es transnacional, y sus actos podrían tipificarse en el artículo 123 del Código Penal Federal, entre otros.

Y sea o no cierta la audaz hipótesis de que el fentanilo es un caballo de Troya gualda, los norteamericanos parecen dispuestos a sacar conclusiones como la siguiente (en términos de un especialista): no podemos seguir viendo cómo mueren en las calles miles de potenciales generadores de riqueza para el país.

Espacio crucial es sin duda, entre otros claves, la Santa Sede. Allí conversaron largamente León XIV y el secretario de Estado norteamericano Marcos Rubio. Desde luego, había que limar aristas filosas tras frases provocadoras del jefe de Rubio, frases que pronto recibieron respuesta. Pero hubo algo más: el encuentro tuvo una duración inusitada de dos horas y media, con cuarenta y cinco minutos a solas el pontífice y el jefe de la diplomacia vecina. Y luego Rubio charló con su homólogo, el cardenal Parolin. Los boletines de prensa resultantes mencionan temas como los conflictos en Medio Oriente y Venezuela. Seguramente, por los orígenes de Rubio, no se descarta que hayan hablado de Cuba y de las conexiones que este país caribeño tiene con muchos países en diferentes órdenes. ¿Se trazó un cronograma de las siguientes acciones? ¿Se habló con crudeza de las perspectivas tanto globales como regionales para las próximas semanas, los próximos meses e incluso años?

Por lo pronto, un país medio oriental y un grupo terrorista siguen atacándose, pese al enojo de Estados Unidos. Así como existen teoremas matemáticos, así también es dable pensar en teoremas para la vida. Según G. K. Chesterton, Robert Louis Stevenson “llamó gran teorema” a la aseveración “de que la vida merece ser vivida”. Podrían buscarse otros teoremas. Uno de ellos se enunciaría del siguiente modo: “Las guerras engendran terroristas.” Otro se expresaría así: “Los terroristas engendran guerras, y las poblaciones pagan.” Se trata de dos monstruos que, curiosos, se alimentan el uno al otro. Una foto de la Agencia lapresse nos muestra una playa con gente nadando o simplemente con medio cuerpo dentro de la bahía mientras al fondo, cerca, en la montaña, se alza una columna de humo tras un bombardeo en Tiro: próximas la vida y la muerte, la existencia cotidiana y la destrucción, la calma y la violencia.

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