“Gloria a Dios en las alturas recogieron las basuras de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas” (Serrat). México estuvo 25 días de fiesta por el futbol. Tuvo cuatro triunfos con una selección sobre la que no se tenían grandes expectativas. Resultan impresionantes, no solo el desempeño futbolero de México en este mundial, sino la celebración que se hace alrededor de los triunfos.

Cientos de miles de personas celebraron en las calles y millones en todo el país. Los mejores mundiales de México han sido cuando juega como anfitrión; el fenómeno festivo que se observa con cada triunfo tuvo una espectacularidad creciente pocas veces visto. Frente a una acumulación de malas noticias y polarización, de la que ya estamos hartos como clima nacional, la fase mundialista cambió el ánimo social y la conversación. La fiesta duró mientras la selección mexicana ganó partidos, es lo que algunos llamaron estar en un recreo nacional.

Resulta complicado acercarse al fenómeno, no es fácil pasar de lo que se ve en las calles, la pasión, la euforia y el desmadre, a entender estas expresiones masivas. Mucha espontaneidad callejera que se fundió en la nueva consigna que puso en duda lo que no se termina de creer y se formuló como una pregunta: “¿y si sí?”. El ritmo creciente de personas en las celebraciones se expresó a fondo, sobre todo en el emblemático Ángel de la Independencia, en donde la masa superó el millón de personas. Queda junto a la raza que celebra en la calle, una juventud que vio generacionalmente a una selección nacional que salió a ganar, y quedará como historia deportiva de México en los mundiales. “Vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta” (Serrat).

No podía faltar la tragedia, en la masa y el remolino incontrolables también fallecieron asfixiadas cuatro personas y entonces la autoridad tomó medidas, tarde y después de que ya habían pasado los hechos. No pudo ser una fiesta completa porque también se asomó en medio del desmadre, la muerte, esa a la que ya estamos tan acostumbrados a ver de forma cotidiana. Junto a la celebración queda el México de nuestra vida cotidiana, el de las otras tragedias, como los más de 130 mil desaparecidos y las madres buscadoras que se visibilizaron en este mundial a pesar de que los quisieron excluir de la fiesta futbolera.

El mundial es, por supuesto, una enorme oportunidad para hacer negocios. En las casas de reventa se ofrecían boletos para el partido México-Inglaterra del 5 de julio en $69,259 pesos. ¿Quién puede pagar esos costos para estar en el estadio Azteca? Los que fueron a los juegos, en general, son personas con poder adquisitivo que quieren estar en la ola mundialista y se pueden dar el lujo de hacerlo; quizá haya también los que empeñan hasta la camisa para asistir, porque son fans de ese deporte que despierta tanta euforia. Un comentarista de deportes lo expresó de manera muy clara: la diferencia entre una olimpiada y un mundial es que la primera permite ver una enorme cantidad de logros deportivos en un solo día, pero un mundial de futbol concentra una pasión popular que atraviesa países, culturas, continentes, como ningún otro deporte lo hace. México, como país anfitrión, fue desafiado por este fenómeno masivo de la fiesta futbolera. “Apurad, que allí os espero si queréis venir, pues cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir” (Serrat).

El 5 de julio quedará en la memoria como un día en el que la selección nacional intentó dejar atrás los fantasmas de un futbol que nunca alcanza para llegar al final de la competencia, y nos tendremos que conformar. Hubo tres errores y le costó a México la derrota. Ya fluyen los análisis de especialistas y las reacciones de la gente que se fue triste a sus casas, se apagó la celebración y de nuevo México quedó en el ya mero. Vendrán años de preparación, hay mejor futbol en el país, pero todavía no alcanza. “Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta” (Serrat).

Investigador del CIESAS.

@AzizNassif

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