El nuevo libro del Grecu (Grupo de Reflexión en Economía y Cultura) abarca 36 años de historia del sector cultural en México divididos en seis sexenios que van del salinismo a la 4T. El analista Carlos Villaseñor plantea una buena metáfora cuando dice que el libro ofrece un arco temporal, que inicia con Esplendores de 30 siglos, la gran exposición del arte mexicano en el MET de Nueva York en 1990, y termina con la próxima salida de la colección Gelman a España. Es decir, que va de la construcción de México como potencia cultural en el imaginario, a la disolución del espíritu y la representación de grandeza.

A mediodía del sábado, en pleno Mundial, la sala en el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México se encuentra llena. Es la segunda presentación de Sucesos 1988-2026, libro con el que se conmemoran 17 años de vida del grupo, siete de su plataforma Paso Libre y el inicio de Grecu ediciones. Eduardo Cruz Vázquez, coordinador del colectivo y del libro, reúne a 40 autores de las más diversas vocaciones y posturas con la idea de revisar el desarrollo del sector cultural, analizarlo en su sentido simbólico, económico y político y construir una memoria crítica.

En mi turno, durante la presentación, hice hincapié en capítulos dedicados al sexenio de AMLO. La austeridad selectiva como sello de la 4T, la extinción de los 109 fideicomisos, la precariedad laboral como norma, las promesas incumplidas, el Proyecto Chapultepec, “obra pública con etiqueta cultural”, la ausencia de un política de mantenimiento como problema histórico de la administración pública; las herencias, omisiones y resistencias en torno al patrimonio cultural; los megaproyectos y los militares convertidos en arqueólogos; el lema “mi patrimonio no se vende” solo cuando se trata de piezas prehispánicas…el patrimonio cultural celebrado en el discurso pero relegado en los hechos… la paradoja de que se hable de la cultura como un derecho mientras se desmontan los mecanismos que garantizan su ejercicio efectivo. La diplomacia cultural “sin amor y sin dinero” …

Un texto luminoso es “Museos y bienestar: una deuda pendiente”, de María Helena González, que analiza la función del arte como asunto de salud pública y la del museo como espacio para la reparación social, desde las ciencias cognitivas.

Escribí el capítulo “Colecciones en fuga” para narrar el devenir del Museo Dolores Olmedo (que estuvo a punto de mudarse a Chapultepec), el de la colección Pérez Simón (que tendrá su propio museo en Madrid) y el de la colección creada por Jacques y Natasha Gelman con el propósito de que permaneciera en un museo mexicano.

Actualizo: El Museo Dolores Olmedo reabrió en La Noria gracias al colectivo que se organizó para defender la permanencia de su patrimonio cultural en Xochimilco. De la colección Gelman: después de 20 años de ausencia, se exhibe en el Museo de Arte Moderno antes de trasladarse a Santander, España, con la complicidad del gobierno. Según Proceso, de febrero a mayo visitaron la exposición 250 mil personas e ingresaron a taquilla 50 millones de pesos, que equivalen a seis años del presupuesto del INBAL.

A falta de una política pública a la altura del talento y la producción creativa en México, vislumbro la importancia en ascenso de los colectivos independientes y de la organización ciudadana. Y me pregunto si la sociedad civil será capaz de luchar por la permanencia de la colección Gelman en México o dejará ir con ella, en julio próximo, uno de los mejores acervos de arte mexicano y de obras de Frida Kahlo en el mundo. La disolución del espíritu, diría Villaseñor.

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