El encabezado: “La IA está destruyendo libros para evitar que los chatbots se atraganten con su propia basura”. Leo intrigada la nota en The Observer. Resulta que los gigantes tecnológicos están comprando millones de libros publicados antes de 2022 para desarmarlos y escanear, ya sueltas y sin casa, página por página, para alimentar sus programas con literatura humana original, es decir, anterior a la que puede realizarse con intervención de la Inteligencia Artificial.

Justo cuando concluyo esa lectura me entero del cierre de Ediciones Era. Y recuerdo, en contraste con el proyecto distópico de la IA, el discurso de Vicente Rojo al ingresar al Colegio Nacional en 1994. Al creador, junto con Neus Espresate y José Azorin, de la emblemática editorial, le dejo el micrófono:

“El libro es reflejo del mundo y celebración de la vida. Puede curar enfermedades del cuerpo y del alma. Damos vuelta a sus páginas y aparece un museo en miniatura. Y es el resguardo de la poesía. Me gusta no sólo por las maravillas que encierra, sino también como objeto entrañable, que hay que saber cuidar y preservar. ‘Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre —dice Paul Valéry—: el fuego, la humedad, las bestias, el tiempo y el mismo contenido’. Mientras que para Kafka ‘un libro ha de ser como el hacha que quiebra la mar helada que [todos] llevamos dentro’. Los libros viajan en un bolsillo o permanecen en el silencio de las bibliotecas, donde brillan como las estrellas en el cielo. Pero lo más inquietante es que sus autores ignoran los lectores que van a tener, la cantidad y la calidad de los mismos, y el momento en que serán leídos. Ya se sabe, los caminos de la creación son insondables”.

Rojo habló de la Imprenta Madero, que a tantos diseñadores formó, como el disparador que llevó a la creación de Era en 1960. En algún momento, dijo:

“No me considero un buen lector pero, por razones profesionales o por amistad, sí un lector afortunado: quizá no he sido el primero, pero sí uno de los primeros lectores de libros como Aura, La noche, Narda o el verano, Cien años de soledad, La obediencia nocturna, Hasta no verte Jesús mío, Días de guardar, El apando, Pasado en claro, El tañido de una flauta, El otoño recorre las islas, La palabra mágica, No todos los hombres son románticos, Incurable, Las hojas muertas, El salvaje en el espejo, La destrucción de todas las cosas, El silencio de la luna y de los cuadernos de trabajo de mi muy querido Juan Rulfo.

“Todos estos libros luminosos han sido diseñados por mí o tienen portadas mías y casi todos, junto con otras importantes obras de investigación y análisis, han sido publicados por Ediciones Era, de ahí viene mi privilegio. Como privilegio han sido las muchas, muchísimas horas que he compartido con Neus Espresate en el sueño mayor de editar libros. Neus es muy discreta, nunca hace declaraciones públicas, piensa, al igual que yo, que si se desea conocer los propósitos o los fines de una editorial lo mejor es revisar el catálogo, ver los autores y los títulos publicados. Tampoco le gusta a Neus que se hable de ella. Yo sólo diré, muy bajito que, con suavidad, rigor y pasión, con una combinación poco común de cultura, generosidad y eficacia, encabeza un equipo de trabajo que ha logrado reunir y mantener a un grupo de escritores que hacen de Era una de las editoriales esenciales para la cultura mexicana. Más allá de mis portadas, que en ocasiones han acompañado a libros de gran tirada, (…) he colaborado en ediciones de ejemplares limitados. Pero he tenido la satisfacción de hacerlo siempre con poetas. Satisfacción que proviene de mi certeza de que la poesía mueve al mundo”.

adriana.neneka@gmail.com

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