Dos nuevos partidos se suman ya a la lista de opciones que, en 2027, participarán en la renovación de la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, 31 congresos locales y más de 1,700 ayuntamientos: Somos México, encabezado por Guadalupe Acosta Naranjo, exdirigente nacional del extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), y PAZ, que lidera Hugo Erick Flores, actual diputado federal del oficialismo y también expresidente nacional del desaparecido Partido Encuentro Social (PES).

Con ellos, serán ocho las instituciones políticas que aparecerán en la boleta electoral para que más de cien millones de electores elijan a sus representantes populares. Y las preguntas inevitables son: ¿tantos partidos políticos elevan nuestra calidad democrática como país?, ¿todos ellos representan realmente la pluralidad o son, simplemente, mecanismos de control del régimen, que simulan democracia mientras se destruyen las instituciones del país?, ¿el actual sistema de partidos en México es un avance o un retroceso democrático?

Seguramente los estudiosos de la ciencia política y los analistas tendrán cientos de respuestas, positivas o negativas. Pero ¿serán coincidentes con lo que piensa la mayoría de los mexicanos? Diversos estudios demoscópicos indican que existe una enorme desconfianza hacia la clase política, un rechazo casi generalizado, porque el país está inundado de noticias sobre escándalos de corrupción y conductas antiéticas de quienes dicen representar al pueblo. Los datos duros muestran retrocesos en la política pública, atribuibles, sí, a la mala gestión del partido en el gobierno, pero también a la debilidad opositora.

Por ello, ahora que el cuadro partidista está definido y tendremos una nueva boleta política, es necesario entender que el proceso de 2027 tendrá un grado mayor de dificultad, que puede interpretarse como la pulverización del voto opositor con el surgimiento de Somos México y su participación sin coaliciones, como lo marca la ley y también como lo han anunciado el PAN y MC; mientras tanto, el oficialismo, independientemente de sus conflictos internos, participará coaligado: Morena, PT y PVEM irán juntos en la mayoría de los casos, en tanto que el recién creado PAZ “arropará” a quienes no sean elegidos por el grupo en el poder que acuerda con la presidenta de México.

En el caso de Acción Nacional, el mayor reto será entender que la realidad política de cada entidad federativa es completamente distinta a lo que sucede en el centro del país, concretamente en la Ciudad de México, o en los estados y municipios donde somos gobierno. Las promesas de cambio -como la apertura ciudadana, el trabajo territorial y la tan anhelada unidad interna- deberán concretarse a la brevedad con algo fundamental que en los últimos años ha estado ausente: operación y oficio político.

Para que las 111 propuestas recién presentadas puedan difundirse con éxito y lograr que los militantes, simpatizantes y candidatos las asuman como propias, es necesario que el ejemplo arrastre. Los mexicanos -que estoy segura somos mayoría- hartos de Morena y sus aliados, esperamos congruencia del único partido que nació desde la sociedad para enfrentar al régimen. No podemos darnos el lujo de ser “candil de la calle y oscuridad de la casa”.

Nadie duda, porque los datos así lo muestran, que los mejores gobiernos emanan de Acción Nacional; que contamos con cuadros profesionales de la política pública; que existen ejemplos de proyectos y programas muy exitosos en salud, educación, economía, medio ambiente, ciencia y tecnología, entre otros rubros, que podemos difundir con orgullo. Pero, ante el tipo y estilo de gobierno de la cuarta transformación, no basta la narrativa: se requiere contundencia en los hechos. Esa contundencia sólo podrá consolidarse si presentamos ante los mexicanos candidaturas distintas y distinguibles de lo que hoy nos gobierna. También es fundamental afinar y detallar la forma en la que nos organizamos para enfrentar la elección.

Estoy segura de que el resultado de la siguiente elección no dependerá sólo de si vamos o no coaligados con otras fuerzas políticas. Ante el descrédito público de la clase política, debemos actuar con mayor responsabilidad, ética, honestidad y profesionalismo; presentar los mejores cuadros políticos, militantes y ciudadanos comprometidos con la Nación, honestos y probos. Eso hará la diferencia.

Estoy convencida de que en todos los partidos políticos existen cuadros valiosos, con verdadero sentido de servicio e identidad respecto de las instituciones en las que militan o participan, y también con un profundo amor por México. Sin embargo, es inevitable señalar que vivimos una tremenda crisis política que urge resolver y que se ha agudizado por la conducción de los líderes morenistas, empeñados en imponer un pensamiento único.

¡Bienvenida la pluralidad! No debemos temerle a la formación de nuevos partidos políticos; debemos exigir que respondan a una auténtica representación ciudadana y no a la simulación del poder. La unidad de los mexicanos no se construye desde la unanimidad impuesta, sino desde el respeto a las diferencias, el debate sincero y los argumentos técnicos y políticos que permiten la convivencia de hombres y mujeres libres. Ahí está el verdadero desafío democrático para Acción Nacional: que la política vuelva a servir a México y no al régimen.

Política y activista

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