En el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hemos visto desde lo políticamente incorrecto hasta lo éticamente inimaginable; hemos transitado del señalamiento constante al pasado a la transformación permanente del cinismo impune y autoritario, como respuesta al rotundo fracaso de esta administración.

¿Quién no recuerda los promocionales morenistas de “estaríamos mejor con López Obrador”? Los repitieron hasta el cansancio para vender la idea de que todo sería insuperable cuando ellos gobernaran, pero la terca realidad se encargó de demostrar que, como nunca antes, México ha retrocedido en prácticamente todos los rubros: salud, educación, Estado de Derecho, poder adquisitivo, inversión extranjera, democracia y un largo etcétera.

Y a pesar de los datos oficiales, que aún maquillados evidencian la ineficiencia e incapacidad gubernamental, todavía hay quienes con ridícula lambisconería invitan a apoyar la continuidad de una administración más ocupada en promover la popularidad del patriarca electoral, que en hacer un buen uso de las instituciones del Estado, con la única finalidad de que le vaya mejor a los gobernados y no sólo a los integrantes de su privilegiado grupo.

López Obrador como coordinador de campaña de su partido y Claudia Sheinbaum como instrumento manipulador, siguen prometiendo el segundo piso de la transformación, cuando la verdad es que el primero está construido sobre cimientos de barro y se derrumba todos los días ante lo que hoy realmente golpea con dureza a los mexicanos.

Sheinbaum sigue al pie de la letra el libreto escrito por su mentor que, como ya es costumbre, falsea lo que sucede en el país y quiere vendernos lo que solo existe en el mundo imaginario de la 4t.

En los promocionales de lo que ha sido la sexenal campaña -que en esta etapa llaman precampaña-, la intolerante científica miente sin ningún remordimiento: “Saben, es una alegría la algarabía que se siente hoy en todo el país, y es que estamos viviendo en todo México una revolución pacífica, es algo indescriptible, el pueblo de México está contento”.

¿Pues en qué país vive la portadora del bastón de mando? ¿Cómo puede ignorar el dolor y el horror que miles de familias viven en Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Michoacán?

Nadie, a menos que la vida de las personas no importe, puede festejar lo que está sucediendo. ¿No le han bastado los tres recorridos que presume haber realizado en toda la Nación para constatar el sufrimiento de mujeres y hombres por acciones violentas, secuestros y asesinatos a lo largo y ancho de nuestro territorio? Lastima observar a los millones de ciudadanos que creyeron en las falacias cuatroteístas. ¡Qué manera de desaprovechar la oportunidad de servir!

Es cierto. No faltará quienes, por conveniencia, lanzarán porras y alabanzas preparadas, todo con tal de demostrar que no importa engañar, mentir y mucho menos aceptar la tragedia que se vive, con tal de halagar al tabasqueño que, a final de cuentas, es el dedo que asigna puestos, presupuestos e impunidad. Son ellos, sus cómplices, los que le ayudan a montar el escenario de un maravilloso lugar que solo existe para los morenistas.

Ni vivimos revolución pacífica ni el pueblo está feliz. La cifra oficial de homicidios se encuentra en el pico más alto de los últimos sexenios: casi 180 mil personas han sido asesinadas durante el gobierno de la transformación y, por si fuera poco, el gobierno, sin ningún empacho, se ha empeñado en modificar el número de desaparecidos para preservar su “popularidad”, a costa del dolor de las madres buscadoras.

La tragedia recorre el país tras los pasos de la candidata oficialista y ante la contundencia de los datos duros, ni siquiera su coordinadora de voceros puede defenderla.

Basta ver la entrevista de Tatiana Clouthier con Fernando del Collado en Tragaluz, para darse cuenta que ella y Gerardo Fernández Noroña han sido los elegidos para desviar la atención en sus ocurrencias y desatinos y así evitar que la responsable de la tragedia de la línea 12 del metro, responda por sus omisiones.

A las preguntas: “¿Al poder se le cuestiona o se le solapa?", contesta sin empacho, "Depende”. “¿En Guerrero el hampa controla el transporte público y la venta y distribución de pollo?", señala "No lo sé”. “¿Sheinbaum tuvo responsabilidad en las muertes de la línea 12?”, y la respuesta pinta de cuerpo completo a la cuarta transformación: “Eso no lo sé y cada quien lo dirá".

Y si esto pasa en campaña, ya sabemos -porque lo hemos constatado- lo que son capaces o más bien incapaces de hacer como gobierno. Es justo por eso, que la científica se niega a debatir, porque no hay argumento para defender lo indefendible que es la ineficacia de los morenistas, la cual, lamentablemente, ha cobrado muchas vidas.

Por eso, es fundamental responder al llamado que con firmeza, decisión y sobre todo responsabilidad hace Xóchitl Gálvez a los mexicanos: “tenemos que luchar no sólo para ganar una elección, no sólo para ganar la presidencia y el congreso, tenemos que luchar para traer vida donde hoy se pasea la muerte, tenemos que

luchar para traer verdad a donde hoy reina la mentira, tenemos que luchar para defender la libertad ahí, donde hoy gobierna el miedo. Vida, verdad y libertad.”

Nuestra participación en estos meses es fundamental e imprescindible para devolverle al país la esperanza de un gobierno que nos hable con la verdad; que utilice los instrumentos del Estado mexicano para garantizar la seguridad y combatir a los delincuentes; que respete nuestros derechos y libertades con la ley en la mano y que sea capaz de reconciliar a los mexicanos, de unir a los que piensan distinto, para juntos, construir el porvenir posible.

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