No concibo la vida con tanto dolor; quiero morir dignamente"

En el Viejo Continente los avances en este tema se registran a cuentagotas; en la parte occidental el debate está estancado y en el oriente hay un freno frente a corrientes más conservadoras

eutanasia
Manifestantes a favor de “Poder elegir el morir sin sufrir”, en Madrid, en 2020. Foto: Archivo EFE.
Mundo 05/12/2021 00:38 Luis Méndez / Corresponsal Actualizada 05:14
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Madrid.— AGV es una mujer de 43 años cuya vida se ha deteriorado hasta niveles insoportables: está tetrapléjica, con fuertes dolores y se halla postrada en una cama sin posibilidades de moverse, motivos por los cuales ha solicitado que le sea aplicada la eutanasia, a pesar de la oposición de su familia que no comparte su decisión de morir por voluntad propia.

“Fui tomando conciencia de que quería morir dignamente desde que empecé a tener dolor neuropático por todo el cuerpo, incapacitante e intolerante. Me duele todo, menos la cara, porque ya no hay calmantes que me sirvan”, señala a EL UNIVERSAL esta mujer que vive con sus padres en Madrid y que quiere preservar el anonimato.

Desde 2004, y como consecuencia de un accidente de coche, AGV padece una lesión medular que fue derivando con el tiempo en una tetraplejia que la mantiene inmovilizada y con dolores inaguantables, para los que no hay alivio. “No hay nada que me pueda calmar. He probado todas las drogas farmacológicas y ya nada me hace efecto. Estoy a solas con el dolor, postrada todo el día en una cama”, lamenta, luego de apuntar que los dolores surgieron hace unos 10 años.

Al sufrimiento cotidiano, hay que agregar el hecho de que la mujer afronta sin el respaldo de los suyos su decisión de morir dignamente.

“Ninguno de mis familiares me apoyan. Mi hermana dice que no lo entiende, pero que se hará lo que yo quiera. Mis padres no lo admiten, directamente. Yo lo lamento y espero que recapaciten, pero si no lo hacen, igual lo tendré que llevar a cabo. No concibo una vida con tanto dolor. Para mí esto no es vida, no puedo más, ya he aguantado mucho tiempo”, relata.

AGV es creyente, pero no católica practicante, porque no confía en la jerarquía de la Iglesia. Eso sí, está convencida de que nadie en los cielos puede oponerse a su decisión. “No creo que Dios quiera que un hijo suyo sufra tanto, porque yo estoy padeciendo más que Jesucristo en la cruz, porque él padeció sólo unos días y yo llevo sufriendo años”. Y agrega: “A los que se oponen a la eutanasia les diría que me parece una falta de humanidad no conceder a alguien una muerte digna, al estar con una dolencia o una enfermedad incapacitante e insoportable”.

En el momento del accidente que la marcó de por vida, AGV era auxiliar veterinaria. Trabajaba y estudiaba. Pero después llegaron los dolores intensos y, con ellos, las equivocaciones de los médicos, repetitivas.

“Hubo mucha negligencia médica que, entre otras cosas, provocó que me surgiera un dolor neuropático y que se me extendiera por todo el cuerpo a partir de la lesión medular”, indica. Las lesiones iniciales se fueron agravando, ya que al principio AGV no tenía tantos dolores y podía estudiar de manera presencial y salir con sus amigos. Hacía una vida más o menos normal dentro de sus limitaciones, según reconoce. “Más tarde tuve un derrame cerebral y ahora no puedo hacer nada. Creo que me pesa más el dolor físico, pero también el síquico, sobre todo por las personas que voy a dejar aquí”, refiere AGV, a quien le cuesta pronunciar algunas palabras correctamente, a pesar de su lucidez.

La asociación española por el Derecho a Morir Dignamente (DMD) se está encargando de los trámites que la mujer tiene que cumplimentar para acceder a la eutanasia, pero todavía no hay fecha. “Hay mucha burocracia, mucho papeleo y en la Comunidad de Madrid y en el resto de España existe todavía resistencia y mucha ignorancia al respecto”, concluye.

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