"México debe desconocer a la dictadura"

Dossier Internacional. Vilma Núñez de Escorcia, esposa, con dos hijos, cuatro nietos y dos bisnietos, doña Vilma es de las pocas voces valientes disidentes en Nicaragua que se atreve a desafiar al presidente Daniel Ortega y a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo

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Agentes de la Policía Nacional patrullan las calles en Managua. Foto: Jorge Torres/ EFE.
Mundo 07/11/2021 03:25 José Meléndez, corresponsal Actualizada 05:34
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San José.— Cuando la nicaragüense Vilma Núñez de Escorcia, presidenta del (no estatal) Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), cumpla 83 años el próximo 25 de noviembre, acumulará más de 60 de llevar el recuento de la represión política en esa nación, como la de la dictadura somocista, que gobernó de 1934 a 1979, la del clan Ortega-Murillo, que asumió en 2007, y la de otras turbias etapas de su país.

Esposa, con dos hijos, cuatro nietos y dos bisnietos, doña Vilma es de las pocas voces valientes disidentes en Nicaragua que se atreve a desafiar al presidente Daniel Ortega y a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

Pese a la represión política que el oficialismo desató desde 2018 al tener control de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral y del mando policial y militar y a que el Cenidh fue ilegalizado por el gobierno, doña Vilma se quedó a vivir en Managua.

En entrevista con EL UNIVERSAL, la activista planteó que tras la “farsa electoral” de hoy en Nicaragua, sin participación opositora, para reelegir a Ortega y a Murillo, el gobierno de México debe desconocer las elecciones y a la pareja presidencial como gobernantes a partir del próximo 10 de enero, cuando empezará su nuevo mandato.

¿Espera que México reconozca o desconozca los comicios de este domingo?

—México debe desconocer y desconocer al gobierno de Ortega-Murillo. Ningún Estado democrático, y México se considera Estado democrático, se puede convertir en cómplice de la dictadura nicaragüense. Si México reconoce como legítimas estas elecciones, se apartaría de todos los Estados democráticos del mundo y generaría una contradicción al reconocer a un régimen antidemocrático.

¿Qué respuesta prevé de la comunidad internacional?

—La comunidad internacional tampoco tiene una varita mágica. Impulsar un cambio tendrá que venir de nosotros los nicaragüenses, con presión interna. Por ahora no hay nada que hacer. Ortega cerró totalmente las posibilidades de cualquier solución.

 

¿Cuál es el ánimo en las calles de Nicaragua?

—No existe el tradicional clima electoral y, sin la oposición, ni un sentido de competencia. Hay desconfianza y escepticismo. Hay mucho temor. Estamos esperando algo, pero algo para mal.

¿Por qué hay temor?

—Hay un esfuerzo compulsivo del gobierno para controlar a la gente casa por casa, para comprometer a la gente y obligarla a votar por el Frente.

¿La población irá obligada a votar?

—Mi esperanza es que la gente se quede en su casa, se niegue a ir a votar y se abstenga de salir a la calle. Si decide votar nulo es contribuir a la fotografía que quiere tomar Ortega de muchos partidarios suyos en centros de votación.

¿Cree que los nicaragüenses se lanzarán a las calles a rechazar el triunfo de Ortega y de Murillo?

—Eso sería suicidarse. No veo ninguna posibilidad en este momento de que en Nicaragua ocurra eso, ni una demostración masiva y pública, pese a los atropellos y a la probable proclamación que Ortega y Murillo harán de una victoria con cerca de 78% de los votos.

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