“Cuba, Nicaragua y Venezuela son regímenes obsoletos”: Sergio Ramírez

En una entrevista con EL UNIVERSAL, el laureado escritor nicaragüense confió que la novela que más le gustaría escribir sería “celebratoria” sobre “cómo se llega a la libertad” en su tierra natal

“Cuba, Nicaragua y Venezuela son regímenes obsoletos”: Sergio Ramírez
Sergio Ramírez. Foto: Juan Mabromata/ AFP.

San José. – Con los nombres de algunos cuentos, novelas, ensayos y libretos del nutrido caudal literario de más de 60 años del escritor, abogado, periodista e historiador nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, podrían trazarse las rutas del profundo precipicio de mortal y sangrienta represión política, dictadura dinástica y caos institucional en el que Nicaragua se hundió en los últimos 41 meses.

¿Te dio miedo la sangre? es una novela. De tropeles y tropelías es un libro de cuentos. Mil y una muertes es una novela. El viejo arte de mentir es un ensayo. El cielo llora por mí es una novela. Cuando todos hablamos es un ensayo. Tiempo de fulgor es una novela. Las armas del futuro es un ensayo. Castigo divino es una producción televisiva. El señor de los tristes es un ensayo. Ya nadie llora por mí es una novela. Estás en Nicaragua es un ensayo.

En una entrevista que, vía WhatsApp, concedió este 10 de septiembre a EL UNIVERSAL desde su refugio en Costa Rica, Ramírez admitió que la novela “que más me gustaría escribir” sería “celebratoria” y se referiría a “cómo se llega a la libertad de Nicaragua”.
 

“¡Veremos si hay una nueva novela que escribir de esta situación! No sabemos cómo va a terminar”, dijo Ramírez, de 79 años, casado desde 1964 con la socióloga Gertrudis Guerrero Mayorga en un matrimonio con tres hijos: Sergio, María y Dorel.

Temeroso de ser una nueva víctima de una indiscriminada e implacable ola de arrestos de casi 40 dirigentes opositores y periodistas nicaragüenses que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, lanzaron junio pasado para arrasar y eliminar cualquier signo o destello de oposición, Ramírez optó por salir de su país.

Dominada por la pareja presidencial, que controla los poderes Legislativo, Judicial y Electoral y los aparatos militares y policiales, la Fiscalía General de Nicaragua ordenó el pasado 8 de septiembre la captura de Ramírez por “actos que fomentan e incitan al odio y la violencia” y por recibir dinero de nicaragüenses que están acusados desde junio anterior por apropiación indebida, lavado de dinero, bienes y activos.

Ramírez fue un estrecho aliado de Ortega a partir de la segunda mitad de la década de 1970. Ortega y Ramírez integraron una junta de gobierno que asumió el poder en Nicaragua en julio de 1979 tras el derrocamiento, en una cruenta lucha armada, de la dictadura dinástica de los Somoza, que gobernó desde 1934.

En los comicios de noviembre de 1984 y postulados por el exguerrillero Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Ortega ganó la presidencia y Ramírez la vicepresidencia y gobernaron de 1985 a 1990. Derrotados por la vía electoral en 1990, en lo que marcó el final de la revolución sandinista, ambos retornaron a la llanura política y rompieron en 1995 al fragmentarse el FSLN.

Ortega ganó las elecciones de 2006 y retornó en 2007 a la presidencia con su esposa como la mandamás del régimen, mientras que Ramírez se consolidó como uno de los más tenaces críticos del dúo gobernante.
 

Reelecto en los comicios de 2011 y, con Murillo en la vicepresidencia, en 2016, Ortega podrá gobernar al menos hasta 2022, por lo que la redada de opositores de 2021 le permitió allanar el terreno para triunfar en las elecciones de noviembre próximo.

La crisis nicaragüense recrudeció el 18 de abril de 2018 con el estallido de multitudinarias protestas antigubernamentales de repudio a un plan social y que detonó en un masivo reclamo de democracia y libertad y de acusaciones de dictadura dinástica en contra del presidente y la vicepresidenta.

Ortega y Murillo negaron las acusaciones y desataron una intensa represión que dejó más de 325 muertos, centenares de heridos y detenidos, provocó un éxodo al exterior de más de 60 mil nicaragüenses y dañó la institucionalidad y la socioeconomía.

En defensa de las detenciones que ordenó desde junio de 2021, Ortega alegó: “No estamos juzgando a políticos, no estamos juzgando candidatos (presidenciales), aquí se está juzgando a criminales” por atentar contra el país.

Perseguido primero por los Somoza y ahora por los Ortega Murillo, Ramírez reafirmó a este diario que sueña con la democracia y la libertad de Nicaragua. El escritor emprenderá este sábado una gira por España y proseguirá por otras naciones europeas para promocionar Tongolele no sabía bailar, su más reciente libro.

¿Está condenado el pueblo nicaragüense al eterno menú de dictadura, exilio, cárcel, represión?

-La verdad es que la experiencia en la historia parecería decirnos eso, que estamos dando infinitas en un círculo vicioso de represión, alzamientos populares, liberación y, de nuevo, dictadura. Los caudillos que encabezan las luchas armadas terminan quedándose de nuevo con el poder y sustituyendo al dictador anterior. Ese es un círculo vicioso que tiene que romperse.

Nicaragua va a tener, por primera vez, la oportunidad de realizar un cambio sin más derramamiento de sangre, sin enfrentamiento, sin guerra civil. Por lo menos ese es el deseo que yo tengo, que de esta dictadura salgamos por una vía diferente. Creo que eso va a marcar un gran rumbo nuevo a la historia de Nicaragua, porque sería la oportunidad de crear instituciones que no se han podido crear nunca antes.

Por eso es que las instituciones son tan débiles que los tiranos se encaraman encima de ellas y las amoldan a su modo. No aspiro yo nunca a una democracia perfecta, pero sí a una convivencia democrática con un mínimo de libertades públicas, de respeto a la institucionalidad. Tengo fe de que alguna vez entraremos por ese camino.

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Nicaragua parece vivir encerrada en una demencia o locura política en la que Ortega y Murillo hicieron los planos del manicomio, contrataron a los obreros, lo construyeron y ahora los están pintando. ¿Cómo se llamaría esta novela de tragedia humana?

-(Risas) Queda mucho por escribir de la historia de Nicaragua en forma de novela. A mí me está costando una novela el exilio y la prohibición de mi libro, por retratar la situación actual de Nicaragua tal como es, calificando a Ortega como no le gusta, que lo califiquen de dictador, pero no hay otra palabra, y que sea una dictadura familiar. También las dictaduras familiares se han repetido en la historia de Nicaragua.

¡Veremos si hay una nueva novela que escribir de esta situación! No sabemos cómo va a terminar.

¿Debería tener esa novela un elemento nuevo, el de la libertad?

-Obviamente, obviamente. Esa sería una novela celebratoria. Para mí sería la que más me gustaría escribir. Una novela sobre cómo se llega a la libertad de Nicaragua.

La crisis en Nicaragua coincide con las de Venezuela y Cuba, con gobiernos socialistas o de izquierda que socios de Ortega. Hoy hay más libertad en Guatemala que en Cuba, en Haití que en Nicaragua y en Honduras que en Venezuela. ¿Cómo lograr un cambio en esos tres países con círculo vicioso y manicomio?

-Creo que hay que tomar en cuenta que en Venezuela se había agotado el sistema político, lo había agotado la corrupción (de antes del ascenso del régimen chavista en 1999) y esas son las coyunturas sobre las que se suben los demagogos para prometer lo que no pueden cumplir.

La gente respalda a estos nuevos tiranos por su discurso populista y porque encuentra que lo que buscó en sistemas anteriores está agotado y la corrupción termina ofendiendo a la gente. Insisto, por eso, en que el fortalecimiento institucional es tan importante. Defender a los países de quienes los gobiernan, que las leyes se cumplan, que los tribunales funcionen y que la corrupción sea reducida a su mínima expresión.

Esto le dará mayor confianza a los votantes en las virtudes que tiene el sistema democrático, que es insustituible por muchas imperfecciones que tengan las elecciones o por muy equivocados que a veces voten los electores. No hay maneras de sustituir la democracia electoral por otra.

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En Cuba no existe esa posibilidad.

-No existe porque es un régimen de partido único (el comunista). Pero ese es un esquema completamente obsoleto. En el siglo XXI eso está absolutamente obsoleto. Y un régimen como el de Venezuela, basado en la corrupción, en la imposición, en la represión, o como el de Nicaragua, también son regímenes obsoletos. Están en contra de la modernidad.

En este contexto, ¿hacia dónde va Nicaragua con lo que Ortega y Murillo presentan como elecciones para el próximo 7 de noviembre?

-Serán unas elecciones completamente falsas. No podemos llamarla elecciones. Lo que Ortega busca es la reelección. ¿Qué va a pasar después? Y ver si los países vecinos, el resto de los latinoamericanos, Estados Unidos y Europa van a reconocer a Ortega como gobernante legítimo y van a mandar a embajadores y delegaciones a su toma de posesión como si no hubiera pasado absolutamente nada. Para mí esa es la gran pregunta.

Ortega busca la legitimidad y la única que se la puede dar o quitar es la comunidad internacional.

¿Qué piensa de la posición de Estados Unidos sobre la crisis de Nicaragua?

-Estados Unidos mantiene una posición firme, de rechazo, de denuncias constantes a las violaciones de los derechos humanos en Nicaragua. Me parece que es una posición en principios buena. Más allá de eso, hay gente que exige que Estados Unidos haga otras cosas. No sé qué otras cosas pueden ser. Pero si Estados Unidos, Europa, América Latina se mantienen firmes en denunciar y condenar lo que ocurre en Nicaragua, para mí es lo que debe ocurrir.

El repetidamente galardonado escritor nicaragüense sonrió cuando se le recordó, al final de la entrevista, lo que confió durante la conversación con este diario acerca de sus ansias de escribir una novela sobre la libertad de Nicaragua.

¿Podría llamarse Libertad en Nicaragua?

-(Risas) Muchas gracias. Hasta luego.

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