Azerbaiyán, en busca de la reconstrucción

Mundo 14/09/2021 02:53 Gabriel Moyssen Actualizada 08:15
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Tras el cese al fuego con los armenios, el gobierno del país señala que desminado y delimitación de fronteras son las prioridades; sin embargo, no son tareas fáciles

Bakú.— Un estallido seco, potente, seguido de una breve columna de humo gris rompió la calma en la carretera entre Fuzuli y Jabrayil, en el Alto Karabaj, el agreste territorio montañoso que Azerbaiyán recuperó tras 27 años de ocupación armenia en una guerra de 44 días que detuvo el cese al fuego mediado por Rusia el 10 de noviembre de 2020.

Una mina antitanque fue así detonada a distancia, sin causar daño, por los equipos de la Agencia de Acción contra las Minas de la República de Azerbaiyán, en el transcurso de una visita a este país del Cáucaso realizada por EL UNIVERSAL y otros medios latinoamericanos.

Sin embargo, se trata apenas de una gota en el mar, ya que como explica el oficial a cargo de la limpieza en la zona, bajo una temperatura superior a 35 grados, cientos de miles de minas antitanque y antipersonal, incluso de plástico y madera para dificultar su detección, fueron sembradas por las fuerzas armenias en Karabaj y los siete distritos adyacentes que también ocuparon. Hoy son el mayor obstáculo para la reconstrucción y el regreso de 1.2 millones de refugiados sobre una población total de 10 millones.

Desde el cese al fuego, 103 civiles y cuatro militares azeríes, además de dos armenios, han muerto por las minas y un centenar quedaron heridos; la limpieza en una superficie de 10 mil kilómetros cuadrados similar a la de Líbano, de por sí siempre lenta, costosa y ardua, se complica porque las autoridades de Ereván sólo han entregado los mapas con 25% del terreno minado.

En Bakú, la moderna capital azerbaiyana en la costa del Mar Caspio, el viceministro de Relaciones Exteriores, Elnur Mammadov, subraya que el desminado y la demarcación de fronteras son dos prioridades del gobierno del presidente Ilham Aliyev que no han encontrado respuesta positiva de Armenia.

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Un tanque pesado T-72 armenio de fabricación rusa, destruido durante el conflicto del año pasado en el Alto Karabaj.
 

Moscú propuso en mayo crear una comisión conjunta para el deslinde fronterizo, luego de que Ereván aseguró que tropas azeríes entraron a sus provincias de Syunik y Gegharkunik, lo que Bakú niega. Pero la respuesta del gobierno armenio insistió en el retiro azerí, al destacar que sólo después podrían crearse condiciones para negociar. Debido al minado de zonas civiles, Mammadov recalcó que se ha denunciado a Armenia ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas y la Corte Europea de Derechos Humanos.

Leyla Abdullayeva, vocera de la cancillería azerbaiyana, ofrece detalles: tan sólo alrededor de Agdam hay cerca de 97 mil minas y municiones sin detonar. Es clara en cuanto al papel que puede seguir jugando el grupo de Minsk —Rusia, Estados Unidos y Francia— formado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa en 1992, tras la primera contienda en la que Armenia capturó el Karabaj. Su tarea, dice, era facilitar una salida pacífica, pero no logró nada en casi 30 años.

“El presidente Aliyev les pidió apoyar la aplicación del tratado trilateral [de tregua] y proponer soluciones, pero hasta ahora no hay ninguna propuesta en concreto”, afirma. En cuanto a las relaciones con América Latina, puntualiza que desde 2019 Azerbaiyán es un Estado observador en la Alianza del Pacífico (México, Perú, Chile y Colombia) y subraya que “la distancia geográfica ya no puede ser un obstáculo para desarrollar el potencial del turismo, la economía y la cultura porque tenemos intereses en común”.

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Restos de granadas de mortero recuperadas por las autoridades.
 

En el recorrido por Fuzuli, Jabrayil, Agdam y Shusha —esta última ciudad es considerada la cuna de la cultura azerí, a casi 2 mil metros de altura— pudo confirmarse lo encarnizado de la lucha el año pasado que causó entre 6 mil y 10 mil víctimas en ambos lados dejando una amplia estela de destrucción. Restos de casas, tanques abandonados, vestigios arqueológicos, monumentos y edificios históricos vandalizados que se remontan a los kanatos persas o al periodo soviético imprimen un aire de soledad y tristeza al Karabaj.

En Jabrayil, un cementerio musulmán en las colinas fue profanado por los armenios que saquearon las tumbas para extraer a los cuerpos dientes de oro, sostienen los guías. En medio de esta desolación, las flores rojas llevadas a la lápida de un militar por sus familiares, de los pocos que han visitado la “población fantasma”, contrastan en el paisaje marrón, amarillento y sinuoso del tórrido verano caucásico.

Lejos de Karabaj, que los azeríes dejaron de llamar Nagorno (alto, en ruso) para aludir en cambio a las nuevas regiones económicas de Karabaj y Zangezur Oriental, las hostilidades golpearon a Ganja, la segunda urbe del país donde cuatro misiles balísticos mataron a más de 30 civiles en represalia, dijo el bando armenio, por los ataques sobre áreas civiles en Stepanakert, capital de la República de Artsaj autoproclamada por los armenios étnicos durante la guerra que siguió al fin de la Unión Soviética en 1991-1994.

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En Jabrayil un cementerio musulmán fue profanado.
 

La reconstrucción, sin embargo, ya empezó y es visible el trajinar de maquinaria pesada que pone en pie la infraestructura básica. Los planes son ambiciosos y pasan por el aeropuerto internacional de Fuzuli inaugurado este mes y la creación de “ciudades inteligentes” que sean sustentables y que atraigan inversión y habitantes, como resalta Bashir Hajiyev, representante especial del presidente Aliyev en Agdam.

Los expertos apuntan que el proceso necesitará 10 años y unos 25 mil millones de manats (cerca de 15 mil millones de dólares), por lo que el desafío será reunir los fondos suficientes tomando en cuenta que el presupuesto anual azerí equivale a esa cifra y que las exportaciones de petróleo y gas, base de los ingresos, disminuyeron en 2020 por la crisis derivada de la pandemia de Covid-19, que contrajo el PIB en 4.3%, según el Fondo Monetario Internacional.

En los últimos años el auge energético de Azerbaiyán se fortaleció con el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan y el ferrocarril Bakú-Tiflis-Kars que enlazan al país con Georgia y Turquía, aumentando el atractivo del Corredor Medio entre Europa, Asia Central y China sin cruzar Rusia e Irán para la Nueva Ruta de la Seda de Beijing. El Gasoducto del Cáucaso Sur, aparte, se une al de Trans Anatolia en Turquía y puede ser clave para que Bruselas y Ankara reduzcan sus importaciones de combustible ruso.

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Un especialista de la agencia contra las minas de Azerbaiyán prepara la detonación de un artefacto.
 

Esta ubicación estratégica se suma a una activa diplomacia en torno al Movimiento de los No Alineados (NoAl) y las alianzas bilaterales, en particular con Turquía e Israel, que tuvieron un importante papel con su tecnología militar para el triunfo azerí en la guerra.

Farid Shafiyev, director del Centro de Análisis para Relaciones Internacionales en Bakú, recordó que los NoAl son después de Naciones Unidas el organismo multilateral con más integrantes y, en el marco de la presidencia azerbaiyana del bloque (2019-2022), afirma que su relevancia no es tan obvia en América Latina “porque todavía hay una Guerra Fría por Venezuela, Rusia y China, pero en nuestra región está vigente”.

Descartó que las tensiones con Ereván desaten otra guerra generalizada, aunque existen facciones revanchistas que buscan reactivarla, apoyadas por la influyente diáspora armenia en EU, Francia y Argentina. En Rusia y Francia, añade Shafiyev, persiste la política de divide y vencerás, “pero nuestro objetivo es el fin duradero del conflicto”.

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