Miguel, víctima de la Línea 12, vivía para su hija

Isela cuenta que Miguel Ángel, quien murió por la caída de vagones, soñaba con darle lo mejor a Michel; “pedimos que la niña no quede desamparada”

Miguel, víctima de la Línea 12, vivía para su hija
La señora Isela prefirió cremar los restos de Miguel Ángel para tenerlos a su lado y poder llevarlos si deciden volver a Tuxtla Gutiérrez. Foto: Ignacio Ramírez/ El Universal.
Metrópoli 15/05/2021 00:58 Ignacio Ramírez/El Gráfico Actualizada 05:43
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Valle de Chalco.— A sus 24 años, Miguel Ángel Vázquez Castellanos soñaba con darle lo mejor a Michel, su pequeña de cuatro años, pero el 3 de mayo el colapso de una trabe de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro mutiló sus deseos e ilusiones.

“No me van a regresar a mi hijo con lo que nos den, pero lo que queremos nosotros es que su hija quede resguardada, que no quede desamparada es lo único que pedimos nosotros porque era lo que a él le preocupaba, decía él ‘mi madre y mi hija son lo que más me importan’”, cuenta Isela Castellanos, madre de Miguel Ángel, uno de los 26 fallecidos en la tragedia de la Línea Dorada.

Quienes lo conocieron recuerdan a una persona amable y ocurrente, originario de Chiapas y que pese a su juventud, estaba orgulloso de ser el padre de la pequeña Michel, por quien se desvivía y lo daba todo.

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Aunque Miguel Ángel y su pareja se separaron hace un año, la pequeña era muy apegada a su padre y el día de su sepelio creía que él dormía porque estaba muy cansado; sin embargo, con el paso de los días su inexorable ausencia le dio un golpe de realidad a su corta edad.

“Se me parte el corazón de verla, se pone a ver sus videos y se pone a llorar de repente, antenoche no la podíamos controlar, estaba viendo un video donde se abrazaban los muñequitos y se besaban en su cachete y ella empezó a llorar y me dijo ‘abuelita, es que recordé a mi papito’ y no dejaba de llorar, ella es la que me parte el corazón porque era la adoración de mi hijo”, recuerda la señora Isela.

Avecindados en el Estado de México, los Vázquez Castellanos migraron desde su natal Tuxtla Gutiérrez con el deseo de mejorar sus condiciones de vida, pero Isela siempre ha tenido en mente volver a su terruño algún día.

Por esa razón prefirió cremar los restos de su hijo para así poder tenerlos a su lado si decide volver con los suyos al sureste del país.

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“Va a andar conmigo, los voy a tener aquí en la casa, por eso no quise que lo enterraran, como somos de Chiapas, si lo enterraba allá, se iba a quedar abandonado, y si lo enterraba aquí y yo quiero regresar a Chiapas, se iba a quedar solo”, comenta.

En el patio de la casa —donde fue colocado el ataúd de Miguel Ángel dos días después del desplome en el Metro— sus deudos erigieron un altar con flores, fotos, una imagen de La Morena del Tepeyac y las cenizas.

Aquella noche fatídica, Miguel Ángel y Leobardo Silverio regresaban de su jornada como mudanceros en la zona de Portales. Abordaron la Línea Dorada rumbo a Tláhuac, donde tomarían el transporte hacia la Colonia Valle de Xico, en este municipio.

Pero el destino tenía planes distintos para los amigos, mientras Miguel Ángel murió durante el percance, Leobardo sobrevivió y ahora batalla para recuperarse y conseguir el apoyo tan prometido por las autoridades.

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“Estaba sentado a lado mío”, recuerda Leobardo mientras hace una pausa, “veníamos en la tercera puerta, una antes de la unión de vagones, veníamos sentados en los asientos de discapacitados cuando sentimos el golpazo, por inercia me sostuve de un tubo, cuando reaccioné, todos los tubos estaban tronados”.

Eso es lo último que recuerda de su compañero de trabajo y vecino, pues Leobardo fue de los primeros cinco en salir con ayuda de quienes rompieron un cristal y colocaron una escalera para rescatar a los sobrevivientes.

Este viernes se realizó el levantamiento de la cruz, para después llevar las cenizas a Chiapas, donde sus familiares ya preparan una misa para honrar la memoria de Miguel Ángel.

Guillermo, su tío, dice que nunca olvidara las horas de incertidumbre posteriores al accidente, pues aunque estaba trabajando cuando se enteró de lo ocurrido, no dudó en apoyar a los que se dieron a la tarea de buscarlo.

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A pesar de sus esfuerzos, no lograban dar con Miguel Ángel porque las autoridades lo habían catalogado como desconocido y fue hasta la noche del martes que mediante un tatuaje en el brazo lo reconocieron en la morgue de Iztapalapa.

“El gobierno así nos ofrezca lingotes de oro no va a salir de ese lugar mi familiar, lo que queremos es que se haga justicia para todas las personas que estamos viviendo este dolor”, exige Guillermo, “que se investigue a fondo y que todos los responsables paguen con todo el peso de la ley, sabemos que el gobierno nos va a dar largas, pero que esto no quede impune. No fue un accidente, fue negligencia de ellos”.

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