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Niño Perdido: el vino español que encapsula el tiempo

Un vino excepcional y raro que La Calandria nos regala, cada gota de ello es un elixir

Fotos: cortesía
03/05/2021 |11:00
Redacción
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Vino es cultura, y digo más, los vinos son nuestra única máquina del tiempo disponible. Las pruebas están en las botellas rescatadas del Titanic, que aún tenían algo para decir, o los tesoros escondidos en tiempos bélico, así como se lee en “Vino y Guerra” de Don & Petie Kladstrup, un libro muy recomendable.

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Y como vino es cultura, es rescatar memorias, desenterrar, descubrir, valorar lo que personas y días pasados nos dieron. Es fundamental, como navegar, que siempre es preciso. Los hallazgos, las buenas memorias, y el delicioso ayer, son y están para ser disfrutados y celebrados, con buenas y buenos amigos. Y esto es lo que haré con cada uno de ustedes ,pues encontré mi Niño Perdido.

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Este vino, único, rescata una tradición en peligro de extinción, refugiada entre aldeas y pueblitos de los Pirineos meridionales, hasta Aragón y Navarra. Y es en ésta gran región española que se han preservado sus “madres”. Dichas madres, son el fondo de una barrica o tonel, con vino muy antiguo, que se fue deshidratando, evaporando, y concentrando aromas y sabores terciarios, y luego – como si fuera una Solera – rellenando con vinos de varias añadas, y siempre del mismo estilo.

Son extracto de tiempo, sangre de una verdadera máquina de ayeres, extraordinaria. Javier Continente y Luis Remacha, son los quijotes de la bodega La Calandria. Pura Garnacha, y en éste proyecto confidencial que ya tiene diez años y muchos elogios de la crítica especializada, rescataron los vinos “rancios secos”. Cuidado, que la palabra rancio no es despectiva, sino que se refiere a la crianza oxidativa. Y atención a los demás vinos de ésta dupla, que son fabulosos.

Niño Perdido: el vino español que encapsula el tiempo

Si existe paralelismo en Portugal, diría que estamos en el nivel de un Oporto Tawny Frasqueira, muy antiguo, o un Banyuls Hors d’Age de Francia. Los “niños perdidos” están llenos de frutos secos como membrillos, orejones de pera y durazno, tabaco seco, cacao, notas marinas (ostras, ostiones), tierra mojada, mucha intensidad y mucha persistencia. Son vinos que piden tiempo y devuelven eternidad.

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Son vinos de meditación, son vinos obligatorios.

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*es sommelier y consultor que ha recorrido el mundo en búsqueda de los mejores vinos y bodegas.