Chilpancingo.- La noche del martes 19 de julio, Lizbeth Amariani Ascencio Porcayo regresó a Querétaro después de haber pasado cuatro días con su familia en Taxco, Guerrero. Miguel Ángel Lugo Vizcarra la recibió con flores, regalos y un anillo de compromiso.

Era la segunda propuesta de matrimonio que le hacía. Amariani, como hace un año atrás, la rechazó. De hecho, no esperaba encontrarlo ahí. Desde hace cuatro meses le había pedido que se fuera del cuarto que rentaban, pero Miguel Ángel siempre encontraba una excusa para evadir la exigencia.

El rechazo desató la furia de Miguel Ángel. Vinieron días de violencia, de maltratos que terminaron la noche del viernes o madrugada del sábado 23 de julio, cuando la golpeó, la estranguló. Cuando asesinó a Amariani.

Rosalinda Gama Porcayo, madre de Amariani, recuerda la cronología de esos días:

El miércoles 20, después de avisarle que había llegado bien a Querétaro, Amariani le contó que Miguel Ángel le propuso matrimonio. La escuchó mal, recuerda. Su hija le dijo que discutieron porque se negó a casarse. Le dijo que en estos días pediría su cambio en la tienda departamental Coppel para regresar a Taxco ante la negativa de Miguel Ángel por dejar el cuarto.

Al día siguiente, Amariani se comunicó con el esposo de Rosalinda. La joven le contó que se sentía mal, que Miguel Ángel le dio un cigarro que le provocó el malestar.

El esposo le contó a Rosalinda. De inmediato se comunicó con su hija. Le ofreció ir a verla a Querétaro. La joven dijo que no era necesario.

El viernes, Amariani volvió a hablar con el esposo de Rosalinda. Le dijo que se sentía mal, que tenía muchos problemas con Miguel Ángel pero, esta vez, la escuchó muy mal.

El esposo de inmediato le dijo a Rosalinda: “háblale se escucha mal”.

Amariani le contó que había discutido con Miguel Ángel por unos mensajes que le enviaron unos amigos, que la acusó de haber ido a Taxco para engañarlo.

Rosalinda le pidió que lo corriera del cuarto. Ya lo había hecho, le dijo, pero Miguel Ángel se ponía a llorar y la amenazaba que sí lo dejaba se iba a matar.

Quedaron en hablar más tarde. A las 8:49 de la noche, Amariani le marcó. Le preguntó si los papás de Miguel Ángel habían ido a verla.

Dos horas antes, los padres del joven, llegaron a la casa de Rosalinda a pedirle un motor de auto les había guardado. No hablaron nada de lo que estaba sucediendo en Querétaro, hasta Rosalinda se los mencionó.

“Ellos sabían todo, incluso ya tenían planeado ir a Querétaro, pero pienso fueron por el motor porque habrán dicho: `si separaban no nos lo va a dar´”, recuerda.

Rosalinda acordó con Amariani hablar más tarde, estaba ocupada preparando sus productos para vender cena. La llamada no llegó.

El crimen

Rosalinda no volvió a saber de su hija hasta el otro día. Eran las nueve de la mañana cuando recibió una llamada. Era una compañera de trabajo de Amariani. Le preguntó si sabía de ella porque a las 7 de la mañana le había mandado un mensaje a su jefa inmediata que no se presentaría porque se sentía mal, pero en realidad no se presentaba a trabajar desde el jueves.

La compañera de trabajo le dijo que desde muy temprano estaba intentando localizarla, pero no respondía su celular. Rosalinda comenzó a hacer lo mismo, sin resultados.

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Entonces, le pidió de favor a la compañera que fuera a la casa de Amariani a buscarla. La joven le dijo que ya estaba en el lugar pero no ubicaba la casa.

“Ya estoy por aquí, pero no sé bien cuál es la casa ¿de qué color es el carro que tienen?”, le pidió ayuda a Rosalinda.

“Es un volcho cremita”, le dio de referencia. La joven ubicó la casa, tocó muchas veces la puerta pero nadie abrió. Su insistencia provocó que los vecinos la cuestionaron; después le contaron que durante la noche y la madrugada habían escuchado muchos ruidos, como que se hubieran arrastrado cosas.

La joven fue a buscar a Miguel Ángel donde sabía que trabajaba. Ahí le dijeron que desde hace un año no se presentaba.

Como a la 1 de la tarde, la joven regresó a la casa de Amariani, ya estaba abierta. Los padres de Miguel Ángel la abrieron y la escena quedó expuesta.

Un vecino la observó desde el primer momento en que abrieron la casa: Amariani estaba tirada en el piso. Muerta. Miguel Ángel sentado a un lado de ella.

A la 1:20 de la tarde, Rosalinda recibió otra llamada. Fue breve. Era el vecino, la compañera de trabajo no tuvo las fuerza suficiente para darle la noticia:

“Amariani está muerta”, escuchó.

El vecino también le contó que el papá de Miguel Ángel había gritado, como para que todos se enteraran, de que la joven se había suicidado.

“Pero cómo es posible que se haya suicidado estando él ahí”, reflexiona la mujer.

En busca de justicia

Rosalinda apenas tomó unas cosas, informó a sus familiares y a las 4 de la tarde salió de Taxco rumbo a Querétaro. Llegó directo a la fiscalía. El cadáver de Amariani estaba en el Servicio Médico Forense (Semefo) y Miguel Ángel detenido. Unos vecinos y una compañera de trabajo rendían su declaración.

A Rosalinda le informaron del crimen y le advirtieron que una de las líneas de investigación era el suicido, pero tenían que esperar el resultado del peritaje que le realizaban al cuerpo.

Al otro día, a las 10 de la mañana, Rosalinda volvió a la fiscalía. Se dirigió directo con el médico forense para que le entregaran el cuerpo de Amariani y el certificado de defunción.

De acuerdo al peritaje del cadáver, Miguel Ángel pudo haber asesinado a Amariani entre las dos y seis de la mañana del sábado 23 de julio, sin embargo, precisa Rosalinda, el médico que le firmó el certificado de defunción le dijo la pudo haber matado desde antes, como desde las 11 de la noche del viernes 22 de julio.

El certificado dice que la muerte fu provocada fue asfixia por estrangulamiento: “En los papales que me entregaron en la fiscalía, así aparece: feminicidio, no como homicidio, ni suicidio”, afirma Rosalinda.

El cuerpo de Amariani, dice Rosalinda, tenía un golpe en la frente y los dedos marcados en cuello.

Desde ese día Rosalinda ocupa gran parte de su tiempo en la búsqueda de justicia para su hija y para que Miguel Ángel no sea liberado.

“Yo ya perdí a mi hija, pero lo que no quiero es que esto le vuelva a pasar a otra muchacha”, explica.

Miguel Ángel fue vinculado a proceso por el delito de feminicidio; seguirá hasta seis meses en prisión preventiva. Rosalinda no pudo estar en la audiencia inicial porque justo ese día sepultó a Amariani en Taxco.

A Rosalinda le preocupa como le dará seguimiento a todo el proceso, no tiene dinero para costear los viajes hasta Querétaro para estar pendiente del caso.

Yo no tengo dinero, el abogado ahorita es uno de la fiscalía, que me iban avisar para la nueva audiencia la verdad pasaron días y no me hablaron, pero como yo tengo el número del licenciado y de la fiscal yo les marqué. Y yo creo que voy a tener que ir, no sé cómo le voy a hacer porque son unos 3 o 4 mil pesos”, cuenta.

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Historia de control y maltrato

Amariani y Miguel Ángel se conocieron en Taxco en 2019. Ella venía regresando de Baja California donde estuvo un año.

Rosalinda no tiene la fecha precisa de cuándo se hicieron novios, lo único que recuerda es que Amariani se lo presentó en una fiesta de su hijo menor.

Lo que sí recuerda es que desde el inicio, Miguel Ángel ejerció control contra Amariani: le prohibió amistades, que saliera, la fue aislando. Incluso hasta la obligó a cerrar su Facebook

“Mi hija me comenzó a decir que este muchacho le había prohibido amistades. Incluso una vez uno de sus amigos me dijo que porque ya no la dejaba salir. Le prohibió hablar con sus amigas, con sus amigos. Yo creo que ella estaba muy encariñada con el muchacho que dejó de hablarle a sus amigos y amigas”, recuerda.

Después de un año de noviazgo, a la casa de Rosalinda, llegó Miguel Ángel y sus papás para infórmale junto que había decidido irse a vivir a Querétaro.

“Yo le dije que si quería irse que estaba bien, que si no andaba tan bien, que lo pensara, que si tenía problemas allá con el muchacho que se regresara”.

En los dos últimos años, Amariani cada vez que podía regresaba a Taxco a visitar a Rosalinda. Unas veces lo hacía sola otras con Miguel Ángel.

Pero cuando venía sola, Miguel Ángel no la dejaba de acosar por el celular: “Cuando mi hija estaba acá no dejaba de marcarle: `¿Qué dónde estás?, ¿estás con tu mamá? Ya vente´”.

Rosalinda ubica el momento en el acoso, los celos y el control que ejercía Miguel Ángel escalaron fue cuando le pidió por primera vez matrimonio.

“En esos días, me dijo que le pidió matrimonio, ella le dijo que no, que quería trabajar y estudiar su licenciatura. Me contó que en el trabajo le ofrecieron ayudarla con sus estudios. Pero me dijo que el muchacho estaba obsesionado con que se casaran y que tuvieran hijos. Me dijo que la mamá del muchacho le insistía: `Hay mi Liz ya quiero un nieto´. Desde ahí pienso que comenzaron los problemas más serios”.

El último adiós

La mañana del 19 de julio, Amariani se despertó y comenzó a arreglar sus cosas, checo lo de los boletos a Querétaro. Le dijo a Rosalinda que ya se iba, que tenía pendientes y que al día siguiente trabajaba.

“Salgo a la 1:20”, le avisó.

A Rosalinda se le hizo raro, porque Amariana siempre viaja por las noches para llegar por la mañana a Querétaro.

“Yo la vi como presionada por irse, apurada, como que la estaba presionando. Siento que este le dijo que si no regresaba se iba a matar o algo. Pienso que ella le tenía mucho miedo. Siempre si iba con calma, caminando a la terminal, esta vez le pidió a mi otro hijo que la llevara en la moto. Ella nunca se iba así ”, recuerda.

Esa vez, Amariani llegó a Taxco el 15 de julio, estuvo cuatro días. Fue por la boda de una tía y por la graduación de uno de sus hermanos. Convivió con su familia, pero varios la notaron preocupada, siempre atenta al celular, incluso, una prima la escuchó discutiendo con Miguel Ángel.

En esos días, Amariani le dijo a Rosalinda que ya no quería regresar a Querétaro, que ya tenía muchos problemas con Miguel Ángel.

“Me contó que ya le había dicho que se separaran. Le dije que hablaran bien, pero me dijo que cada vez que hablan comenzaba a tirar las cosas, que ya se ponía agresivo”.

Esa tarde del 19 de julio, cuando Amariani salió de prisa a Querétaro, recuerda Rosalinda, no se dijeron nada especial, fue una despedida cotidiana, porque pensó que tendrían más tiempo para volverse a ver, para platicar, de volverse a abrazar.

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