Acapulco.— A finales de octubre de este año, en el (Semefo), en Acapulco, comenzó a brotar una pestilencia que llegó hasta la siguiente esquina. Era el hedor de los cientos de cadáveres acumulados. Era el olor de la muerte.

El Semefo de Acapulco está dentro de las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE), aunque depende de la (Ssa). En esos días de finales de octubre el hedor brotó porque la descomposición de los cadáveres se aceleró. Las cinco cámaras frigoríficas dejaron de funcionar estando llenas de cadáveres.

De las fallas de las cámaras frigoríficas hay dos versiones. La oficial: la lluvia de los últimos días cayó en el cuarto de control de las máquinas y las dañó. La otra versión, de los empleados del Semefo: se averiaron desde hace semanas por falta de mantenimiento.

Guerrero cuenta con estos servicios forenses en , Acapulco e Iguala. Los tres están saturados debido a un factor principal: cientos de cadáveres están sin identificar desde hace más de 10 años.

Carencias

El director del Semefo, Ben Yehuda Martínez Villa, explica que el hedor de la semana pasada se debió a que las lluvias dañaron las cinco cámaras frigoríficas, pero ataja que las fallas fueron corregidas al día siguiente.

Sin embargo, reconoce el acumulamiento: en los tres Semefos hay unos 500 cadáveres sin identificar y otros 500 en el Panteón Forense en Chilpancingo que, según el funcionario, cuentan con datos básicos de identificación, pero no son reclamados.

Martínez Villa explica la causa del acumulamiento. Dice que la FGE cuenta con tres equipos de peritos para la identificación de cadáveres, pero están incompletos y, además, hacen de todo. Es decir: identifican los cuerpos y salen al campo a levantar a los asesinados de todos los días.

“Si por lo menos hubiera tres equipos de peritos dedicados exclusivamente a la identificación, el acumulamiento sería mejor, se avanzaría más rápido”, dice el funcionario.

—Por supuesto que afectan, el trabajo no se hace en las condiciones que se deberían hacer —dice un perito que prefiere no dar su nombre.

Los peritos en Guerrero salen a recoger los cuerpos con el mínimo de protección, con el mínimo de material, incluso, en sus propios autos y pagando su gasolina. En ocasiones, explica el perito, se detienen en las tiendas para comprar bolsas, cubrebocas o guantes con su dinero.

Presentarse en la escena del crimen sin el material mínimo, tomar una evidencia sin guantes, no armar bien la cadena de custodia los pondría ante un juez como imputados.

“Uno trata de sacar su trabajo, de hacerlo bien, el único afectado es uno”, explica.

El levantamiento de evidencia en una escena del crimen nunca lo hace un equipo completo. De los seis peritos que deben estar —el de criminalística, fotografía, genética, química, balística y dactiloscopia— en ocasiones sólo llegan dos o máximo tres. No hay personal suficiente.

Además de las insuficiencias, los peritos hacen su trabajo en un alto riesgo, pues hacer levantamiento en algunas zonas de Guerrero es casi imposible.

“Después de 2014, con lo de Ayotzinapa, la FGE perdió mucha más credibilidad, ahora hay más resistencia de los familiares. Pero la desconfianza es ante la institución, ante la fiscalía, no tanto contra nosotros los peritos”, explica el experto.

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Freno a búsqueda de desaparecidos


La violencia de los últimos años en Guerrero ha dejado mucha muerte, dolor y muchos desaparecidos. Decenas de colectivos de familiares de desaparecidos han encabezado jornadas intensas de búsqueda de sus parientes. Los buscan en vida, en fosas y también en los Semefos.

El acumulamiento de cadáveres no sólo es hedor, sino que implica, en muchos casos, una negación para cientos de familias de reencontrar a uno de los suyos.

Hace 10 años, secuestraron en Acapulco a José Alberto, un adolescente de 14 años. Los captores pidieron por su rescate una cifra imposible para la familia. Cuando juntaban el dinero los secuestradores dejaron de llamar y desde entonces no saben dónde está José Alberto.  

En 2016, la madre de José Alberto, Emma Maro Liberato, no se quedó quieta y comenzó a organizarse hasta integrar el Colectivo Familiares de Acapulco en Busca de sus Desaparecidos.

No deja de buscar a José Alberto. Ha aprendido muchas cosas que nunca imaginó. Ha hecho cosas que tampoco imaginó, visitar casi todos los días el Semefo de Acapulco. 

Emma Mora coincide: la acumulación de cadáveres en el Semefo es por la falta de identificación.

“El problema de no identificar rápido es que los cuerpos van perdiendo tejido y cuando lo tienen es más fácil reconocerlos, pero cuando se dignan hacer los estudios ya son esqueletos y es más difícil hacer la identificación”, explica la activista.

La falta de identificación, detalla Emma Mora, se debe a la falta de interés de las autoridades que se refleja en la falta de presupuesto.

Emma Mora recuerda que en los primeros meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en una reunión con colectivos de familiares de desaparecidos de todo el país se comprometió a dar el presupuesto necesario para buscar y hallar a sus familiares y para identificar los cadáveres almacenados en los Semefos del país.

“El problema es que en lugar de que se estén fortaleciendo las estructuras cada vez se debilitan más, se necesitan peritos criminólogos, odontólogos, médicos forenses, antropólogos y todo el equipo que se necesita. Y ese es un problema de todo el país, no hay peritos especializados”.

En Guerrero, precisa, en 2018 la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) y el gobierno del estado firmaron un convenio para el Proyecto Forense 750 que tenía el objetivo de identificar plenamente los cadáveres alojados en los Semefos.

Este proyecto nunca se desplegó completamente.  “En una mesa de trabajo con el Comité Internacional de Cruz Roja, junto con Servicios Periciales de la FGE y Semefo para informar de los avances. Nos dijeron que tenían 642 cadáveres con archivos básicos, sin embargo, las muestras genéticas no todas están procesadas, porque no tienen las capacidades. En el caso del Panteón Forense los están guardando ahí, pero de qué sirve que estén ahí, lo deben hacer es entregarlos a sus familiares”.  

Puntualiza: “Cuando comenzó el proyecto eran 237 cuerpos en el Semefo de Acapulco, hasta abril del 2021 había más de 400 sin identificar, sin ser procesados. Están apenas en la etapa de recopilación de información llenado el cuestionario post mortem para personas que están desaparecidas”.

Todo este acumulamiento impacta directamente en las familias. “Tenemos muchos casos de personas que desaparecen y a los días, a los meses, son localizados sin vida y van directamente al Semefo, cuando esto pasa nosotros vamos todos los días preguntando, todos los días. Ha pasado que entregan cuerpos y nos damos cuenta en el certificado de defunción que llevaba tiempo ahí y no nos dicen a pesar de que estamos preguntando y preguntando. Para nosotros eso es un doble dolor”, explica.

Emma Mora y sus compañeros del colectivo por sus visitas constantes al Semefo se han dado cuenta de la forma en la que son tratados los cadáveres. 

“Los que estamos ahí constantemente no hemos dado cuenta que los cuerpos no son depositados adecuadamente como marca el protocolo, sin las bolsas que deben ser, a veces están en bolsas para basura, esas bolsas negras grandes. Dicen que los tienen apilados y no, los avientan como sea. Cuando tienen que mover los cadáveres se rompen las bolsas, se salen los huesos y no sabes si están entregando los cuerpos completos”.  

Para Emma Mora en Guerrero se vive una crisis forense “horrible” porque no es un tema que esté en el interés de las autoridades.

“Estamos tratando de tener una mesa de trabajo con la gobernadora, Evelyn Salgado Pineda. Hablé con su secretario particular y me dijo que tienen muchos temas muy importantes y que las mesas de trabajo con nosotros las están dejando para después del Tianguis Turístico, como si el tema de las personas desaparecidas no fuera importante”.