La exitosa serie de terror de Netflix , "La maldición de Hill House", es una adaptación libre de la novela homónima de Shirley Jackson de 1959, que altera sustancialmente los personajes y la trama, pero mantiene el enfoque sobre los problemas psíquicos que genera la morada.

En la novela, un investigador de sucesos paranormales recluta a dos mujeres que ya habían tenido experiencias de este tipo para examinar Hill House.

La versión televisiva de Mike Flanagan se mueve en distintas décadas siguiendo a una familia de siete miembros desde la infancia en la casa hasta la vida adulta ya fuera de ella. Pero a pesar de sus muchas diferencias, tanto la novela como la serie de Netflix se basan en los eventos que llevaron a Jackson a escribir el libro.

Jackson se inspiró en los enfoques más analíticos de lo sobrenatural, particularmente en el trabajo de Nandor Fodor, un psicoanalista y asociado a la figura de Sigmund Freud que intenta explicar estos fenómenos como manifestaciones telekinéticas del subconsciente.

Tanto en la novela de Jackson, como en la ficción de Netflix, los fantasmas son espíritus, en lugar de manifestaciones del lado más oculto de la mente de los protagonistas, pero sí que aborda este enfoque de los fantasmas como elemento manipulador de los estados mentales que se remonta al psicoanálisis.

Entre las muchas historias que cautivaron a la escritora, hay una que especialmente caló en su literatura, y que se refleja en la pequeña pantalla. De acuerdo con su relato publicado en 1911, titulado "An Adventure", Charlotte Anne Moberly y Eleanor Jourdain vivieron experiencias paranormales mientras recorrían los jardines de Versalles durante sus vacaciones en 1901.

Al acercarse al Petit Trianon, un castillo regalado a María Antonieta, las dos mujeres inglesas se encontraron con los jardineros de palacio, una madre y una hija con ropa de época, un hombre encapuchado y, aseguran que incluso con la propia María Antonieta, todos en el jardín. Después de investigar la historia de los alrededores, estaban convencidas de que lo que habían visto eran fantasmas.

La influencia de Moberly y Jourdain en "La maldición de Hill House" es especialmente evidente en una escena de la novela en la que Eleanor y Theodora se ven cegadas "con la luz del sol" mientras caminan en la oscuridad de la noche. "Increíblemente, había un picnic en el jardín. Se podían oír las risas de los niños... Y entonces Theodora gritó", dice el pasaje.

FANTASMAS FAMILIARES

Pero más que una historia real en particular, ambas adaptaciones se sustentan en las relaciones familiares, más allá de los fantasmas y lo paranormal. "Cada uno de nosotros buscó en sus propias familias e historias para tratar de documentar la serie" aseguró Flanagan en una entrevista a The Hollywood Reporter.

"Tenía que tratar sobre la forma en que cada familia es una casa encantada en sí, y todos luchan con sus fantasmas desde su propia infancia, lo que se refleja en las décadas. Eso quería explora, más que los momentos de horror y género gótico", añadió.

En la serie de Flanagan, la matriarca Olivia Crain diseña la casa perfecta para su familia, pero encuentra sus planes interrumpidos por la influencia de la casa. Jackson tuvo una extraña relación con su propia casa, que a menudo describía en viñetas autobiográficas que había creado para revistas femeninas.

Su hija escuchó "una voz lejana en la casa que le cantaba por la noche". La puerta del ático del piso de arriba "se quedaba enganchaba sin importar quién estuviera dentro". Jackson no parecía creer que su casa estuviera embrujada, pero hasta cierto punto estaba convencida de que las casas podían asumir algunas de las excentricidades de sus dueños.

Jackson no tenía en mente una historia real en particular, sino que distorsionó las relaciones emocionales que tenemos con los lugares donde se supone que deberíamos sentirnos seguros, algo que también se refleja en la serie.

rad

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