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En 1975, el estreno de "Tiburón" no sólo cambió la historia del cine, sino de la manera en la que el mundo miró desde entonces al mar.
Millones salieron de las salas convencidos de que los tiburones eran asesinos, una imagen que alimentó miedos y prejuicios que aún persisten cinco décadas después.
Tanto Steven Spielberg como Peter Benchley (autor de la novela original) lamentaron públicamente el impacto involuntario de su obra, y es algo que el director británico Johannes Roberts buscó evitar en su filme Primate.
Su historia, que estrena mañana en salas, bajo el sello de Paramount, es también aterradora e involucra a un animal, en este caso un chimpancé, que es adoptado por una familia a la que, de pronto, ataca.
“No quise que el público pensara: ‘yo jamás quiero convivir con un chimpancé’, ni que mis personajes fueran irresponsables al respecto”, explica a EL UNIVERSAL.
“Como creador, había que cuidar el no alimentar prejuicios sobre los animales salvajes. Más bien es una herramienta narrativa para hablar de emociones humanas”, aclara.
Roberts, conocido por thrillers como "When evil calls" y "The strangers: prey at night", presenta una historia tipo slasher: centrado en asesinatos físicos y violencia sin elementos sobrenaturales.
En la cinta muestra que los chimpancés tienen una naturaleza que debe respetarse: pueden desarrollar una fuerza hasta cinco veces mayor que un humano adulto, y pueden causar daño aunque crezcan rodeados de cuidado.
“El reto fue no juzgar a la familia por tener al chimpancé, ni mostrarlos como malos. Mi intención fue simplemente colocarlos en una situación en la que nadie quisiera estar. Quería que se entendiera por qué Ben (el chimpancé) terminó siendo parte de la familia, sin olvidar que nunca deja de ser un animal salvaje”, señala.

Entretener la naturaleza
El director reconoce que existen muchas personas, incluidos delincuentes, que optan por tener animales no domésticos en sus hogares, pues suelen asociarse con lujo, estatus o una supuesta conexión especial con la vida salvaje.
De acuerdo con organizaciones de protección animal, como Born Free Foundation, miles de animales salvajes viven en cautiverio fuera de zoológicos o santuarios, integrados a dinámicas familiares para las que nunca fueron biológicamente diseñados.
El director quiso retomar esto para transformarlo en una experiencia de horror físico y como una metáfora emocional.
“Haber crecido, volverse violento, perder a su madre y a sus compañeros, todo eso es para mí una forma de explorar el trauma y la pérdida”, aclara.
Chimpancé “no tan real”
Para lograr su cometido, puso especial atención en mostrar al chimpancé no como una representación estrictamente realista, sino incorporando elementos ficticios.

Para ello, el personaje de Ben combinó actuación física, animatrónicos y prótesis, con apoyo de CGI en tomas específicas.
Su decisión, enfatiza, responde a prácticas cada vez más comunes en la industria, que han dejado atrás el uso de primates en pantalla no sólo por razones éticas y de seguridad, sino también para evitar representaciones excesivamente realistas que refuercen prejuicios.
“Queríamos que los actores sintieran una presencia real en el set, algo físico, tangible, como en el cine de terror clásico, pero con todas estas salvedades”, explica.
Roberts considera que Primate, que ya fue presentada con éxito en el circuito de festivales internacionales, también funciona como una apuesta por recuperar el terror como experiencia colectiva, en un momento dominado por el streaming y el consumo individual.
“Quería que se sintiera hecha para verse en grupo, con gente entrando junta al cine y gritando. Quería escuchar gritos”, afirma.
Reconoce la referencia a "Cujo" de Stephen King, sobre un perro San Bernardo que contrae rabia, pero con responsabilidad.
”En el terror es fundamental: los gritos, el miedo colectivo. Si eso no sucede, la película no funciona”, considera el realizador.
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