A las 19:00 horas en punto, MC Davo apareció en el Pepsi Center, aunque primero lo hizo dentro de una historia proyectada en las pantallas. Un hombre se transformaba en monstruo, amenazaba a un vendedor y estaba a punto de atacarlo cuando el rapero regiomontano apareció para salvarlo de un golpe.

La secuencia continuó con una advertencia: la siguiente amenaza se encontraba en el Pepsi Center. Una especie de reloj, con ecos de “Volver al futuro”, terminó por transportar al protagonista hasta las inmediaciones del recinto capitalino. La cuenta regresiva comenzó y, esta vez, la ficción cedió el lugar al concierto.

Entre un sonido de himno, MC Davo y su banda tomaron el escenario para arrancar con “El mañana”. La letra apareció en las pantallas para acompañar a un público integrado, en buena parte, por jóvenes que no rebasaban los 30 años y que desde los primeros minutos respondió al llamado del regiomontano.

“Andamos de parranda” mantuvo el impulso con bailarinas sobre el escenario y después llegó “Mi capacidad”.

“¡Para toda mi gente chingona de la Ciudad de México!”, lanzó Davo.

Antes de “Modo bestia” puso a prueba a sus seguidores con una pregunta sencilla.

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“¿Quién?”, gritaba.

“¡MC Davo!”, contestaba el Pepsi Center.

El concierto, sin embargo, no estaba pensado únicamente alrededor de sus canciones recientes. Davo avisó que aquella noche recorrería distintas etapas de su historia y cumpliría peticiones de quienes querían escuchar tanto temas nuevos como aquellos que lo acompañaron durante sus primeros años.

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El primero de esos viajes llegó con “Aparentan”, interpretada parcialmente y dedicada a Adán Zapata, rapero regiomontano fallecido en 2012. Después preguntó sin demasiados rodeos dónde estaban quienes fumaban marihuana y dio paso a su versión de “Préndete un blunt”.

Con “Mi música es un arma”, la comunicación con las primeras filas comenzó a convertirse en otro espectáculo. Entre los gritos que llegaban desde abajo alguien pidió que se quitara la ropa.

“Denme tres meses más para quitarme la barriga y me encuero con gusto”, respondió entre risas.

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La noche apenas comenzaba a poblarse de invitados. Davo adelantó que más tarde aparecería El Malilla, pero el primero en acompañarlo fue Santa RM.

“Esta gira está iniciando este día aquí en Ciudad de México”, recordó antes de recibir a su colega, con quien interpretó por primera vez en vivo “Le pido a la noche”.

Después apareció EMJAY para “Amor tóxico”, pero antes de continuar la música Davo tuvo que detener el concierto. Desde el escenario observó que varias personas estaban siendo empujadas entre el público y pidió que todos retrocedieran.

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“Vamos a poner el ejemplo de que somos educados y que aquí no queremos que nadie se nos petatee. Un pasito para atrás todos; se va a seguir viendo igual, se va a seguir escuchando igual”, dijo.

El momento de tensión terminó convirtiéndose en uno de los intercambios más peculiares de la noche. Entre los gritos descubrió que había una cumpleañera y terminó improvisando “Las mañanitas”.

La cercanía con sus seguidores continuó durante “La historia de un olvido”, “No sé tú pero yo”, “Juegos de pasión” y “Hoy me puedes tener”. Para entonces comenzaron a volar brasieres hacia el escenario.

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Al primero, Davo respondió prometiendo una fotografía con la dueña al terminar el concierto. Después llegaron más. Cerca de seis terminaron frente a él y el rapero comenzó a preguntarse si la Ciudad de México podría imponer un nuevo récord de prendas lanzadas durante uno de sus shows.

Sandro Malandro se convirtió en el siguiente invitado con “Te acostumbraste”, antes de que Davo continuara el recorrido por su repertorio con fragmentos de “Vive la vida”, “Mi jefa” y “Mujer”.

Pero entre las decenas de personas que intentaban llamar su atención hubo una historia que consiguió detener nuevamente el espectáculo.

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Una adolescente le contó que había cambiado su fiesta de XV años por estar esa noche en el Pepsi Center.

Davo pidió entonces a su banda tocar “Quinceañera” para ella y posteriormente la invitó a pasar al backstage, donde prometió regalarle una playera y tomarse una fotografía.

“Los amo, sin jotear”, soltó después antes de continuar con “Ya no hay nada”, “Me iré” y los coros de “Química”.

La lista de invitados siguió creciendo. DAAZ apareció para “Mijo, ¿y la novia?”, mientras que Sabino llegó para interpretar “El ciego y la sorda”. Davo aprovechó su presencia para revelar que ambos tienen algo preparado juntos.

“Con Sabino también tenemos algo guardado, así que espérenlo próximamente”, adelantó.

Después de las bromas, los invitados y los gritos, el tono cambió.

“¿Dónde están esas personas que tienen un ángel que los cuida ahí arriba en el cielo?”, preguntó.

Las luces del Pepsi Center se apagaron y Davo pidió encender los celulares. Cientos de puntos blancos aparecieron entonces entre el público mientras el rapero dedicaba “Aunque ya no estés” a quienes han perdido a alguien durante “este camino llamado vida”.

El recorrido siguió con “Debes de saber”, un mix de “Round 1” y “Round 2”, “Vuelve” y “Adiós”, antes de otra reunión de raperos sobre el escenario: Neto Peña y MC Klopedia aparecieron para “Casino”, y Peña permaneció para interpretar “No llegaré” y “Por mi México”.

Para entonces, Davo había convertido el concierto en algo cercano a una reunión generacional del rap mexicano, pero todavía guardaba uno de los cruces más celebrados de la noche.

Vestido completamente de rojo y provocando gritos desde su entrada, El Malilla irrumpió en el escenario para “Marybel Remix”, acompañado también por Gaelo, Alan y DJ Aza.

El originario de Valle de Chalco se quedó después con “Mami tú”, mientras el público, particularmente las mujeres, respondía a cada movimiento.

“Yo creo que la gente está prendida, yo creo que hay que regalarles una cancioncita”, dijo El Malilla.

Su aparición dejó una de las imágenes que mejor resumieron el concierto: el reguetón mexa y el rap, dos escenas con historias y códigos distintos, compartiendo una misma tarima frente a una generación que consume ambas sin necesidad de separarlas.

MC Davo retomó el escenario para encaminar el cierre con “Ella es una amenaza”, “No que no eras fan”, “Desde cero”, “Quién te crees” y “Mis defectos”.

Más que limitarse a repasar canciones, el regiomontano utilizó el Pepsi Center para recorrer distintas etapas de su carrera y rodearse de artistas que muestran hacia dónde se ha extendido aquella escena en la que comenzó. Hubo espacio para recordar a quienes ya no están, para el desorden de los brasieres, para una quinceañera que cambió su fiesta por un concierto y hasta para detener la música cuando el público necesitó espacio.

La amenaza que al principio del espectáculo llegaba al Pepsi Center terminó siendo ficticia. El alboroto, en cambio, fue completamente real.

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