Los solitarios, los apáticos, los observadores y los que parecen vivir en un mundo cada vez más ajeno encontraron un refugio, a inicios de los 80, en el cine independiente de Jim Jarmusch.

Lo dejó claro desde su ópera prima, Permanent vacation (1980), sobre un hombre que deambula por un Nueva York en ruinas, y en su primer éxito, Stranger than paradise (1984), con tres jóvenes sin aspiraciones que viajan solo para mirar un lago congelado.

Y es esa mirada, como la de sus personajes que no terminan de encajar, la que siempre se ha sobrepuesto a una industria que suele recibirlo a regañadientes y que pareció ganarle, obligándolo a ausentarse un lustro entero.

“No hice una película por cinco años porque estaba desilusionado por todo el negocio y el procedimiento cinematográfico”, dice en entrevista con EL UNIVERSAL.

“También estuvo la pandemia y la huelga del sindicato... ya sabes, soy sindicalista, pero no respeto a uno que protege a los grandes estudios pero si tienes una pequeña película independiente, te aplastan”, lamenta el realizador.

La fatiga, reconoce, se gestó previamente, durante el rodaje de su película anterior, la comedia de zombis The dead don't die (2019).

Trabajar con una maquinaria de producción pesada y atender expectativas de rentabilidad secaron su entusiasmo. Necesitaba tomar distancia, aunque, por fortuna, la pulsión de contar historias terminó por imponerse.

Adopta A la familia imperfecta

El retorno se da con Father mother sister brother, cinta que llega este fin de semana a MUBI y por la que obtuvo el León de Oro en el pasado Festival de Venecia.

La película se divide en tres historias situadas en Estados Unidos, Dublín y París, donde hijos adultos vuelven a casa para reencontrarse con sus padres y hermanos.

En el segmento de Dublín, Cate Blanchett interpreta a una mujer que viaja para ver a su hermana, en un encuentro marcado por los silencios del pasado. Foto: MUBI
En el segmento de Dublín, Cate Blanchett interpreta a una mujer que viaja para ver a su hermana, en un encuentro marcado por los silencios del pasado. Foto: MUBI

Las reuniones están marcadas por la incomodidad, los silencios y cosas que no se dicen del todo.

“Tengo sentimientos encontrados sobre las familias… en parte creo que son un constructo de la economía capitalista. Yo dejé a mi familia a los 17 años para buscar mi propia familia, mi tribu”, reconoce en realizador de 73 años.

La película, detalla, evita el drama convencional, tan actual en la era del streaming de corte comercial: el conflicto llevado al límite, el giro que reordena todo, el momento que explica a los personajes.

“Quería observar a estos personajes en una situación familiar sin juzgarlos. Hacer una película observacional sobre los pequeños efectos que tenemos unos sobre otros. Hay mucha mala comunicación, muchas cosas escondidas”.

En este regreso, cuenta con un elenco de lujo, encabezado por Cate Blanchett y Adam Driver, quienes se suman a colaboradores históricos para él como Tom Waits y Charlotte Rampling.

Con Blanchett y Driver, el director, cuenta, aplicó su regla de no ensayar, sino buscar una reacción pura más que seguir una regla.

“Aprecio mucho a los actores. No quiero que actúen una escena que escribí sino que se conviertan en ese personaje que creamos juntos. Son como instrumentos musicales que hay que cuidar”.

Aún así, los grandes nombres no fueron suficientes: Cannes se negó a incluir su filme en competencia oficial y fue criticado por su distinción en Venecia.

“No hay moraleja. Trato de no hacer proclamaciones… pienso mis películas como pequeños poemas cinematográficos que se podrán entender en cualquier momento. O eso espero”, asegura.

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